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Por: Ildebrando Arévalo Osorio. Historiador. “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.  Fito Páez

En una izquierda madura, con líderes y liderazgos dispuestos a trabajar por los intereses generales de la ciudadanía, se establecería el dialogo de alto nivel intelectual, se discutiría entre compañeros de lucha y se lograrían acuerdos en donde los excluidos, los trabajadores y los demócratas salgan ganando. ¿Existe esa izquierda con organizaciones y líderes, que además de mostrar trabajo en zonas y territorios del municipio, convoquen a la mayoría de la ciudadanía? ¿Líderes con la facultad de identificar al enemigo de clase a enfrentar y vencer en la lid electoral?

La oligarquía caleña es descendiente de esclavistas, violenta, racista, excluyente, patrimonialista, con imaginario hacendatario de patrones y peones; se auto representa blanca y cristiana, desprecia a los sectores plebeyos, a los mestizos, a los negros, a los indígenas, a los pobres, a la comunidad LGTBI+; sólo abandona la endogamia a través de lazos matrimoniales con los nuevos ricos, emergentes en la larga coyuntura del narcotráfico y demás economías ilegales  y actúa con criterio privatizador, esquilmador y hereditario en relación con los recursos públicos. 

Oligarquía que ha construido un capitalismo salvaje, excluyente, improductivo, rentista, especulador y mafioso. No tiene proyecto político modernizador progresista, las propuestas de sus candidatas y candidatos al primer cargo de elección popular de la ciudad son sólo concretas en el uso de la fuerza y gaseosas en el impulso al desarrollo, a la cohesión social y a la ampliación de la equidad. Vive su peor crisis política.

Para enfrentar a estos ricos violentos con experiencia en el empleo del poder, el saqueo de las finanzas públicas, con organizaciones políticas enquistadas en el aparato burocrático, funcionarios y lagartos en todos los estratos sociales,  se requiere una organización dirigente  como el PH, núcleo de la alianza para la unidad popular  amplía, masiva, movilizadora, generadora de su propios dirigentes en el territorio, capacitada para canalizar todas las energías de la esperanza y la inconformidad en las urnas el muy próximo 29 de octubre.

Existe una izquierda dispersa en decenas de organizaciones, posee dirigentes veteranos y jóvenes con diferentes niveles de experiencia. Algunos dirigentes tienen mucha en la calle, en el territorio, en la lucha social y poca formación intelectual. Y viceversa, formación intelectual y poca calle. Y algunos que conjugan los dos elementos, pero continúan atrapados en la cultura política liberal con sus rasgos caudillistas, su individualismo y maniqueísmo, sus aspiraciones de ascenso social a través de la asequibilidad a puestos y recursos del Estado como resultado de la lucha popular, elecciones incluidas. Casi todos ellos, con dificultad de imaginar proyectos de Estado y sociedad poscapitalistas; su horizonte sigue siendo el capitalismo local y nacional. 

Y por supuesto, hay dirigentes con las virtudes revolucionarias, demostradas al actuar con las bases en las luchas sociales durante décadas, con ética, con formación intelectual marxista y con ascendencia en sus organizaciones políticas y militantes. A ellos les corresponde emerger en estos momentos de dinámica política, usar su formación teórica y experiencia práctica, sacudir la ideología sociopolítica de sus entidades.

Se entiende por ideología la definición que el argentino Mario Bunge da al término: “conjunto de creencias referentes a la sociedad, al lugar del individuo en ésta, al ordenamiento de la comunidad y al control político de ésta” constituidas (al contrario de las teorías sociopolíticas) por afirmaciones dogmáticas y que ni suelen ser producto de la investigación básica ni cambian con los resultados de ésta (1981: 165- 166). El estudio de las ideologías tiene por propósito descubrir los engaños semiinconscientes de los intereses de grupo, como, por ejemplo, partidos y organizaciones políticas y sus dirigentes, que en campañas políticas no conjugan la palabra con la acción y en sus prácticas recurren a las formas de lo inexacto e insincero.

Todos los partidos de izquierda de Cali cuentan en sus filas con militantes con formación académica, títulos de posgrado y son capaces de atraer científicos sociales: cientistas políticos, sociólogos, educadores, comunicadores sociales, administradores públicos y otros, que deben fungir como asesores, organizadores de los encuentros para discutir acuerdos, realizar foros de cara a la militancia y la ciudadanía, recoger la opinión en una plataforma mínima de cooperación en la actual coyuntura electoral  del alcalde de Cali.

Cooperación en la actual situación en la que hay una mezcla de intereses conflictivos y complementarios. Se trata de que los partidos y organizaciones políticas ajusten su comportamiento a las expectativas previstas de los demás, colocando como horizonte el interés público, el interés general, más allá de los intereses privados.

Alberto Palomino, militante de izquierda por casi medio siglo, con sólida formación marxista, de manera proactiva y respetuosa ha señalado la necesidad y promovido la unidad del progresismo en torno a la candidatura a la alcaldía de Cali. Por diferentes razones, los candidatos de los movimientos pertenecientes al PH no dialogan los puntos que permitan a unos declinar y unirse en torno a una candidatura única, lo que, de persistir, condena el PH a la división, a la debacle el 29 de octubre. Debacle que no afectará sólo a la izquierda, las principales damnificadas serán las nuevas ciudadanías.

Sin embargo, el mundo no culmina a finales de octubre. Independientemente de los resultados, la lucha política y social se agudizará. Las organizaciones realizarán balances y ojalá saquen conclusiones que les fortalezcan. Un elemento positivo será que las diferentes organizaciones y partidos tuvieron la posibilidad de contarse, sus dirigentes se podrán purgar de la enfermedad infantil del electorerismo, al chocar con la realidad y despertar del ensueño de las cuentas alegres de la Lechera, del autoritarismo partidista y del legalismo liberal.