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 Ahora que se puso de moda la “oportunista” de Ingrid Betancourt, vale la pena releer esta nota, escrita por el comandante Jesús Santrich en el año 2015, donde hace un recuento de cómo la endiosaron y de la porquería que es esa degenerada.

Escrito por Jesús Santrich, Integrante del Estado Mayor central de las FARC-EP: Con las más dramáticas y alarmistas declaraciones y notas de prensa, se desenvolvió la ofensiva mediática previa a la fuga de Ingrid Betancur. La campaña de calamitosos augurios cotidianos, derivados de supuestos tratos crueles de parte de la insurgencia hacia los prisioneros, intensificó su permanencia apuntando a presionar la liberación sin contraprestaciones y a desprestigiar a las FARC, presentándolas como sanguinaria organización inhumana.

Recordemos algunas de las notas:

  • La Prensa respecto a Ingrand: “habría fallecido en un centro asistencial de San Vicente del Caguán o San José de la Fragua, en los límites entre Caquetá con Putumayo, por una hepatitis C”.
  • El defensor del pueblo, Vólmar Pérez: “el estado de salud de Íngrid es crítico... Alguien me dijo que sus características físicas no distan mucho de las de los niños de Somalia”.
  • Manuel Mancera, párroco del corregimiento La Libertad, de San José del Guaviare: “según le dicen los campesinos de la zona, Íngrid está viva… La vieron el domingo pasado por los lados del Retorno. La vieron sumamente deprimida. Como que no quiere comer, como que está cansada, como que está agotada… Está muy deprimida. Tiene el mal de la selva”.
  • Gobierno francés: “Vida de Íngrid Betancourt es cuestión de semanas”.
  • El primer ministro francés, François Fillon: “esta mujer está enferma, se sabe, y ya se sabía desde hace varios meses (...) ahora hay testimonios extremadamente precisos. Tiene que ser liberada”.
  • La hija de BetanColt, Mélanie Delloye: “Mamá está viva, pero no sé por cuánto tiempo”.
  • Luis Eladio Pérez: “Está muy maltratada por la guerrilla, eso hay que decírselo al mundo. La guerrilla se ha ensañado contra Ingrid Betancourt y está en unas condiciones infrahumanas, rodeada de personajes que no le han hecho para nada la vida agradable para ella…; quedó muy mal, quedó muy enferma, está físicamente agotada”.

Bien, entonces resulta que como consecuencia de una inusual traición dentro de las filas insurgentes, después de ocurrido el sainete titulado para la prensa con el cinematográfico nombre de “Operación Jaque”, varios prisioneros quedaron en libertad. Entre ellos estaba Ingrand BetanColt, La Reine de la Simulation.

Pasado el primer Show televisivo de amplio cubrimiento y difusión, aquel donde el generala Montoya y el ministro Santos no sabían cómo conjugar su pantallería, no sabían dónde ponerse para que las cámaras los captaran plenamente…, vino la revisión médica para los “estragados” ex-prisioneros.

El gobierno debió haber tenido absoluta desconsideración por los personajes recién salidos de la selva, o simplemente venían en tan evidente óptimo estado de salud, que por ello no se impaciento por apresurar atención hospitalaria para los “moribundos”. ¡Lo urgente era el vitrinazo!, el golpe mediático que diera cuenta de la “eficacia” de la “Seguridad Democrática”.

De ninguno de los recién llegados se supo que tuviesen problemas de salud que evocaran, siquiera, los males que según la gran prensa padecían varios de los cautivos en los días inmediatamente anteriores.

Poquísimos días después, quizás el tiempo que necesitó para sacarse algunas garrapatas, Ingrand se fue para Francia, lugar donde pasó por otro reconocimiento médico en el que tampoco se le detectaron problemas de salud.

¿Qué ocurrió entonces con su hepatitis, con su desnutrición, con su estado famélico de moribunda? ¿Aconteció una recuperación milagrosa acaso, ó sencillamente nunca “estuvo al borde de la muerte”?

Creo que es muchísima la gente que debe recordar las “descarnadas imágenes” de Íngrand y otros retenidos en manos de las FARC, “sin ánimos de vivir, diezmados en su salud y sin fuerzas siquiera para reprochar o exigir algo a sus captores y al gobierno”. Y muy frescas deben estar aún en la memoria porque, precisamente, era ese su propósito: el de la permanencia como retratos que pudieran suscitar una trama mediática de presión y de adversidad para la guerrilla, muy bien elaborada a partir del convencimiento absoluto en sus actores sobre que la insurgencia, por razón de sus propios principios y normas, así algunos prisioneros se condujeran de manera provocadora, nunca procedería contra ninguno, y que más bien en determinado momento vendría la libertad. De tal suerte que de entre los capturados no faltaron los que desataron ciertos comportamientos encaminados a manipular, o impactar conciencias y a generar conmiseración hacia los cautivos en la selva y rechazo hacia sus captores.

Ciertamente las condiciones de ninguna persona que esté privada de su libertad deben ser de regocijo para nadie; pero, sin duda no eran las de Ingrand, y sus compañeros de reclusión, circunstancias que tuvieran la adversidad que se pretendía propagandizar por parte del Estado Mayor de los contingentes mediáticos que contaron con las excelentes capacidades histriónicas de la reina del fingimiento (la reinne de la simulation).

Pero no vale la pena extenderse ahora haciendo la caracterización de la señora Ingrand BetanColt; creo que sus compañeros de cautiverio en algún momento optarán por decir algún día el tipo de “solidaridad” que “prodigaba” el personaje de marras.

Algo ha dicho ya doña Clara Rojas, y aunque no nos corresponde ese papel de dilucidar la intimidad del cautiverio, sí creemos, en justicia, necesario desmentir las falacias hiladas premeditadamente respecto a los supuestos maltratos propinados por la guerrilla. De hecho las argucias de la “actriz” quedaron derribadas con la sola evidencia de su propia presencia en las cámaras que cubrieron su regreso.

Las mentiras que han salido de algunas de las mentes otrora cautivas, sobre la inhumanidad de la guerrilla y otros tópicos, han sido tan irresponsables y variadas en contenidos y propósitos que han terminado atropellando, incluso, a un autor contra otro. Es natural que quienes más se sientan maltratados eleven su indignación:

Clara Rojas, por ejemplo, negó que doña Íngrand BetanColt haya salvado la vida de su pequeño hijo Emmanuel en la selva y agregó que su actitud es “teatral”.

La señora Rojas expresó respecto al bombo que Ingrand se dio como la salvadora de Enmanuel que: “Número uno: eso no es verdad y, número dos, me parece como teatral la cosa”. Y puntualiza diciendo: “Tuvimos muy pocas oportunidades para compartir y no estuvo cuando pudo estar con él y conmigo”.

Clara Rojas puso en duda, además, las declaraciones del parlanchín ex senador Luis Eladio Pérez, también liberado en enero de 2008. Dice la señora Clara que “Pienso que lo que pasó, pasó, y lo que ellos están diciendo es falso de toda falsedad. Me duele en el alma, porque no tengo nada contra ellos”. Y razón debe tener la madre de Enmanuel en exasperarse ante tanto esputo que exuda la imaginación perversamente oportunista de la pareja en mención.

¿Dé que sirve lanzar a ese foso de los leones de la doble moral y la hipocresía que son los medios cada detalle oscuro de lo que fue la “convivencia” de algunos de los retenidos en la selva?

No obstante, tampoco sería justo que don Luis Eladio, al referirse a “La Reina del Fingimiento”, la persona más insolidaria que tuvo la selva, deje la última palabra en el punto en que él se muestra como el “salvador” de la “salvadora”. Ni él fue lo uno ni ella lo otro. Lo demás es pura fantasía tropical.

Huelga decir que bien escogida si está Ingrand, como símbolo, por la gran prensa; pero símbolo de los oligarcas, porque si algo hay que reconocer sin reticencia es que esto de lo de su condición aristocrática no se borró con las vicisitudes de la selva: “cada loro en su estaca”, parecía ser su concepción nodal. Los de su “categoría” viajan en primera clase y los demás en segunda, o simplemente no viajan. Y eso se nota cuando luego de varios intentos de fuga, al separarla, en agosto de 2007, de un grupo en el que permanecía con el también presuntuoso, fatuo parlanchín Dr. Luis Eladio y el gringo Marc Gonçalves -los que más o menos son de “su clase”-, la doña recibió como un degradante castigo el hecho de que le tocara mezclarse con un grupo de policías y soldados; es decir, con “la plebe”. No se puede olvidar que sobre aquel suceso escribió a su madre: “Me separaron de las personas con las cuales me entendía, con las cuales tenía afinidad y afecto, y me pusieron en un grupo humano muy difícil”.

Ni afinidad ni afectos fueron posibles para “la doña”, con respecto al grupo de los desarrapados; es decir con relación a gente como el pobre Pinchao, que son la carne de cañón que los de su clase mandan a la guerra; es decir, la gente para la que no tener papel higiénico un par de días, o dormir sobre tablas, o agarrar una mata de espinas, o no poder comer los manjares de los restaurantes de lujo durante un tiempo, no es la tortura que pretende Ingrid para aparecer como mártir.

Pero en fin…, algo que sí nos concierne reiterar especialmente es que jamás la insurgencia fariana violó ni violará medidas de respeto a la dignidad de quienes estén en condición de prisioneros por una u otra circunstancia, incluyendo a quienes han instigado la guerra arropándose bajo el concepto de ser personal “no combatiente”.

Finalmente, dos cosas deben quedar resaltadas:

  1. Plenamente quedó comprobado que la Ingrand BetanColt no estaba maltratada ni famélica como los niños de Somalia, según lo narraba la prensa colombiana de derecha y lo podría creer el rebaño de incautos a los que logran manipular; ni estaba al borde de la muerte… Nadie se explicaría por qué en medio de tanto guerrillero malvado, ella pudo estar al tanto de las noticias y con el orondo estado físico que le permitía hacer gimnasia y nadar en el río.
  2. Ingrand BetanColt nunca fue ni será opción política para los desfavorecidos; nunca estuvo ni estará su conciencia ni su corazón a favor de una paz diferente a la pax romana o de los sepulcros; es decir, aquella que implique la claudicación de los desfavorecidos o su muerte misma en favor de la tranquilidad de la oligarquía.

En esta circunstancia es que la Ingrand desarrolla, no la agenda de los prisioneros de uno u otro bando, sino la Agenda del Poder establecido, la agenda de la Francia de Sarkozy, de la Colombia de Uribe…, y la voluntad del imperio yanqui. Es decir, la que marca un itinerario que debe coadyuvar a la derrota de la insurgencia, sin importar la sangre que se haya derramado o que aún se deba derramar para mantener al establishment y los business imperiales.