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Politica
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Por Alberto Pinzón Sánchez: El (12 05.23) una declaración política inesperada, caldeaba aún más, el escenario de la tórpida lucha de clases que se está desarrollando en Colombia.

El coronel (r) John Marulanda, alto oficial de la contrainsurgencia colombo-yanqui (entre otras cosas como decimos en Colombia “más preparado que un guiso”) y, quien a causa de su retiro comandaba el destacamento de las reservas militares que dos días antes había protagonizado una sonada marcha política anti presidencial en la céntrica plaza de Bolívar;   lanzaba, a través de una bien preparada entrevista W radio.co.com, la siguiente sonda : «Yo creo que Colombia está siguiendo los pasos del Perú y yo creo que en el Perú las reservas fueron exitosas en el sentido de que allá lograron defenestrar a un presidente corrupto«, agregando a continuación  «Aquí vamos a tratar de hacer lo mejor por defenestrar a un tipo que fue guerrillero«.

Como el llamado fue rápidamente negado y desautorizado por sus promotores, de inmediato la gran prensa corporativa adicta se dedicó a minimizar la flamígera proclama, intoxicando a la opinión pública con el “impresionante currículum global” del hombre-de-paja parlante. Contrainsurgente hasta los tuétanos. Lo deja saber en su mensaje: asociar el rechazo de la corrupción que carcome junto con la impunidad a la sociedad y a la justicia colombianas con el lejano pasado guerrillero (enmendado) del presidente, el cual no se olvidará jamás y siempre estará en salmuera, en los computadores compartidos de la Inteligencia Militar, listo para ser sacado y volverlo actual en cualquier momento. Lo demuestra el método para deshacerse del “enemigo interno”. Defenestrarlo .

Esta fue una palabra bien escogida. No es del léxico común de cualquier patojo, sino de una persona que conoce la historia, en especial la historia centroeuropea y la española. Es una palabra del castellano antiguo, incluso usada en el libro de los reyes de la Biblia, que viene del latín “de” (desde) y “fenestra” (ventana) que significa literalmente arrojar a alguien por la ventana. Es una forma, digamos, limpia y rápida de matar a alguien apresado por las autoridades por enemigo del Estado, muy fácil de simular presentándola como un suicidio. Esta forma muy usada por la Gestapo nazi, pasó al franquismo español después del triunfo de la guerra civil, luego al Pinochetismo y a las crueles dictaduras del Cono sur y Brasil, volviéndose práctica común y general de la contrainsurgencia Imperialista en nuestra tierra. De ahí la recibió nuestro hombre-de-paja John, agregándole arandelas greco quimbayas de su tierrita.

Este  burdo y torpe incidente, en una democracia fuerte y sana no hubiera pasado a mayores; pero en la “democracia genocida” colombiana, donde las tres ramas del poder demo-liberal presidente, parlamento y justicia están enfrentados cada una defendiendo su parcelita de “competencias”, donde la impunidad es la base de la corrupción y precisamente a causa de las declaraciones adornadas del capo narco paramilitar Mancuso ante la JEP, empiezan a sonar las costuras de la desestructuración del otrora compacto Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi), el Estado o como lo llamó Marx “ la sociedad política“, cada día más divorciado de la “sociedad civil”; no va quedando más recurso que la fuerza bruta, y, este primer intento de abrir el “gambito al rey” con la milicia de los reservistas, primero en la plaza de Bolívar y luego con el ultra preparado coronel, así lo demuestra.

Hay quienes al vapor de unos güiskis se dedican, con todos sus deseos, a diseñar desde su plácida orilla escenarios futuros, sobre cómo se desarrollará la lucha de clases en Colombia, tratando de tranquilizar la creciente inquietud e incertidumbre que empieza a dominar a tirios y troyanos. Tarea vana por más dinero que invierta en ella el Santismo, hoy día la fracción dominante del Bloque de Poder dominante. La lucha de clases objetiva seguirá moviendo la sociedad como lo ha venido haciendo desde hace siglos, unas veces más álgida y otras menos, frente a lo cual, dada la debilidad, aplastamiento y sometimiento secular de las clases subalternas no se ha podido darle vuelta a la tortilla.

 Pero es indudable: En Colombia seguirá presentándose una lucha de clases intensa, más ahora ante dos fenómenos objetivos muy importantes que antes no se veían con tanta claridad: uno, la debilidad y dificultades crecientes que va teniendo el Imperialismo Global para imponer su voluntad en su Patio Trasero como hace pocos años, otro, el auge popular y la movilización social en Colombia, que después de la secuencia de estallidos sociales y la conformación del Pacto Histórico logró poner un representante suyo en la presidencia de la república en 2022, va mostrando cómo el Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) pierde su cohesión y su rumbo político.

Así pues, vuelvo a recordar la frase del poeta Mao Zedong a sus compañeros en las cuevas del Yenán: “reina un gran desorden bajo los cielos. La situación es excelente”.