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Mundo

RCS/ La Polícia y el Departamento de Inmigración por encargo de Anders Ygeman, Ministro del Interior, a prepararse para expulsar del país a casi 80000 solicitantes de asilo llegados el año pasado.

Antes de que terminará el 2015, 163000 personas solicitaron asilo en Suecia, pero en la situación actual cerca del 55 por ciento de solicitudes se les concederá, mientras el 45 por ciento son rechazados.

La ola de expulsiones sin precedentes en la política de inmigración de Suecia conlleva  a que aproximadamente 200 personas diariamente, abandonan el país.

– La acción inicial es llegar a un retorno voluntario y la creación de buenas condiciones para ello. Pero sino lo logramos, necesitamos un retorno utilizando la coacción, dice el Ministro del Interior.

El gobierno espera "un riesgo significativo" que los grupos grandes soliciantes de asilo con rechazo, pasen a la clandestinidad, algo que incluso la policía, los ejecutores de las expulsiones forzadas, se están preparando.

- Tendremos que trabajar mucho más intensamente con esto, dice Patrik Engstrom, jefe de la policía fronteriza, al diario el DI.

El Gobierno y la policía están de acuerdo en que los vuelos fletados (charter) son preferibles los vuelos regulares.

- Creo que vamos a ver más de aviones fletados, especialmente bajo los auspicios de la UE, dice Anders Ygeman, quien menciona a Alemania como un posible socio en este tipo de soluciones.

El ministro del Interior habló de esto con su colega alemán el martes, según el Dagens Industri (DI)

Los países que no quieren el recibir sus compatriotas se espera que resulte un problema. El gobierno está negociando acuerdos de retorno, como Afganistán y Marruecos.

Estrangulando las posibilidades de empleo para las personas que se encuentrán ilegalmente en Suecia es uno de los métodos que el gobierno piensa utilizar, escribe DI, Diario de la Industria Sueca

- Debe haber consecuencias sensibles para las empresas que emplean trabajadores ilegales. Un razonable e ilegal mercado del trabajo estimulará a permanecer en Suecia con fuerza, afirma Anders Ygeman.

La larga tramitologia ante la Dirección de Inmigración significa que el aumento real en las deportaciones siguen a principios del próximo año.

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La mayoría de solicitantes de asilo provienen de Siria, como consecuencia de la la guerra imperial -de saqueo de recursos naturales y posicionamiento territorial- iniciada en marzo 2011, primero por unos "rebeldes buenos muchachos", reforzada a comienzos de 2014 por los paramilitares "mochacabezas" del Estado Islámico. Esta agresión asimétrica alentó el despoblamiento de buena parte del territorio sirio y el trasvase de millones de barriles de petróleo barato a las multinacionales de Occidente. Cualquier parecido con Colombia "es mera coincidencia".

Con la intervención de Rusia en Siria, acabó con el negocio del asilo x pozos de crudo. Ahora expulsan familias enteras.

TRES DEBATES IMPRESCINDIBLES

  1. PRESENTACION
  2. LA ACTUALIDAD DEL MARXISMO
  3. EL PROBLEMA ESPAÑOL
  4. LA NECESIDAD DE LA ORGANIZACIÓN

1.- PRESENTACION:

Han tenido lugar en Galiza tres charlas-debate sobre otras tantas cuestiones de actualidad: Las tareas de la organización revolucionaria; ¿España se hunde? Una visión desde Euskal Herria; y Marx y nosotras/os. Las tres atañen a cuestiones centrales de la lucha revolucionaria en sí misma, al margen de las naciones y fases capitalistas en las que ésta se libre. Pero en el ahora mismo, en lo inmediato, son tres puntos críticos de debate en las naciones oprimidas por el Estado español y en las izquierdas de este mismo Estado, que a su vez se encuentra inmerso en una crisis «nueva» en la historia del modo de producción capitalista.

Antes de seguir conviene sentar las bases de apreciación de la «nueva» crisis sistémica que ya fueron adelantados en sus elementos centrales1. Pero la novedad de la crisis actual ha de ser estudiada dentro de la naturaleza histórica del modo de producción capitalista en cuanto «esencia», en el sentido de la lectura de Hegel por Lenin2, dentro del desarrollo de sus contradicciones antagónicas, lo que demuestra la «posibilidad y la necesidad»3 de su estudio científico como momento de la praxis revolucionaria. En este estudio, la cuestión de la crisis socioeconómica y/o política es una de las fundamentales porque exige un método de pensamiento que integre al menos cuatro contradicciones parciales --descenso del beneficio, desproporción entre el Sector I y el Sector II, infra-consumo y sobre-acumulación4-- que, a largo plazo, se rigen por la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia descubierta por Marx5.

Luego volveremos a esta ley por su importancia filosófica y ética, que no sólo económica; ley tendencial ferozmente atacada por el reformismo y la burguesía desde su primera enunciación definitiva al publicarse en 1885 el Libro III de El Capital, porque, en su concisa brevedad, sintetiza el concepto de praxis revolucionaria como la consciencia interviniendo en las calderas de las contradicciones irresolubles para orientar su salida hacia un sentido determinado o hacia su contrario: hacia el socialismo y el comunismo, o hacia el capitalismo y el imperialismo. Es esto lo que emerge de la teoría de la crisis6.

Vamos a ordenar las tres ponencias en una sola con el siguiente orden: primero veremos la valía del marxismo en el momento actual lo que nos aporta; después, avanzaremos hacia el problema español intentando usar el método marxista; y por último, nos detendremos en el problema organizativo para encarar el problema español. Lo hacemos así porque para analizar el segundo, el imperialismo español, y el tercero, la necesidad de organizaciones de vanguardia, necesitamos de una visión panorámica, histórica y radical, y esa sólo nos la ofrece el método marxista. Por otra parte también en lo estatal y en lo organizativo veremos la actualidad del método marxista.

2.- LA ACTUALIDAD DEL MARXISMO

Debemos dejar de cometer el error del individualismo metodológico, forma de interpretar la historia que fortalece a la ideología burguesa en especial en los debate teóricos, donde exclusivamente se confrontan a individuos descontextualizados, como si fueran púgiles ideológicos en un ring aislado del mundo. Según eso, no existiría una permanente confrontación mundial entre explotadores explotados desde el origen del capitalismo e incluso, a otra escala, desde el origen de la explotación humana, sino un cuadrilátero ideal en el que un solo púgil, Marx en solitario porque ni siquiera Engels es citado, ha de vencer uno a uno, o a varios a la vez, ideólogos del capital. El individualismo metodológico nos aboca a «la larga lucha por poseer a Marx»7 en la que cada corriente, moda intelectual o persona se declara como único heredero del revolucionario.

La realidad no es así. Al igual que sucede en la historia del pensamiento, de la ciencia, y de la filosofía dialéctica en concreto sobre el problema crucial de la verdad absoluta y relativa, cuya conquista como categoría es producto de una larga historia anterior8, también sucede otro tanto con el socialismo y el marxismo. Si ambos amigos pudieron desarrollar su teoría revolucionaria fue porque estaban dentro de un amplio movimiento socialista internacional del que se alimentaban intelectualmente porque les aportaba buena parte de la herramienta teórica en bruto que ellos pulían al contrastarla con sus estudios de las luchas reales, y de esa interacción mediada por relaciones organizativas algunas de las veces clandestinas surgían sus aportaciones teóricas novedosas. Nunca hubieran surgido sin ellas. Desde esta perspectiva, el marxismo o el engelsismo u otra denominación, hubieran surgido de algún modo9 en aquella época porque las contradicciones objetivas estaban ya dadas. Para entender la actualidad del marxismo y las aportaciones que nos hace hay que partir de la larga corriente revolucionaria que empieza a tomar cuerpo teórico conforma avanza la década de 1840 llegando a hasta nuestros días.

Bien visto, el gran logro de Marx y Engels consiste en haber sistematizado desde la perspectiva de la lucha por el comunismo lo mejor del pensamiento humano anterior al que tenía acceso, y de haber elaborado a partir de ahí un método revolucionario enunciado en su núcleo elemental. Dado que para explicar este punto crucial necesito un espacio que desborda con creces el límite de esta ponencia, me remito a dos textos10.

¿Qué aportaciones cualitativas elaboraron? Además de lo que el propio Marx reconoció como la teoría de trabajo abstracto, la teoría de la dictadura del proletariado, la teoría de la plusvalía y otras sobre las que no reivindicó «derecho de propiedad intelectual» alguno, para entendernos, como la teoría del fetichismo de la mercancía, etc.; además de estas, sí podemos decir que, en una primera instancia, Engels y él crearon tres grandes cuerpos teóricos: La crítica de la economía política, que integra la teoría de la plusvalía, de la ley del valor, etc. La crítica del Estado y de la democracia, de la política y de los límites del institucionalismo, que plantea los problemas del pacifismo parlamentario y electoralista. Y la crítica del método burgués de pensamiento en el sentido de que el fetichismo, la ideología, la abstracción mercancía, la alienación –expuestos ahora sin precisiones-, hacen que el método burgués de interpretar la realidad es una parte de la estructura de poder imperialista. Precisamente son estas aportaciones11 las que marcan el antagonismo absoluto con cualquier vía reformista, como se vuelve a comprobar ahora mismo.

Las tres aportaciones se caracterizan por dos cosas: una, por ser «abiertas», es decir, por estar en un proceso de enriquecimiento y autocrítica permanente en la medida en que la lucha de clases mundial las confirma en su esencia y las mejora en su forma. Alguien ha dicho que «La vitalidad de una teoría se prueba por las refutaciones que sufre y por las mutaciones de que es capaz sin disgregarse»12. El marxismo, como praxis colectiva sostenida en las peores condiciones imaginables, demuestra su vitalidad cada vez que los hechos desmontan una a una las sucesivas críticas que recibe. Por ejemplo, una demostración incuestionable de la veracidad histórica de la ley de concentración y centralización de capitales13 y de la ley de la depauperación relativa y absoluta, por citar sólo dos leyes tendenciales marxistas, la tenemos en la reciente investigación de Oxfam según la cual 62 personas acumulan la misma riqueza que la mitad de la humanidad14. Pese a su desconocimiento de Marx15, Piketty logra aportar datos meramente cuantitativos que con un método reformista16 confirman, sin quererlo él, las tesis marxistas.

Otro tanto sucede con la contradicción irreconciliable entre la producción social y la apropiación privada, la tendencia ciega a la mercantilización absoluta, el aumento de la composición orgánica del capital en detrimento del capital variable, el ascenso del militarismo y del capital-dinero hacia la financiarización, la integración de la ciencia en el capital constante y su contradicción con la esencia revolucionaria del método científico-crítico...

Fijémonos en esta última cuestión, la ideología burguesa presenta a la ciencia como un absoluto virtuoso, como una práctica limpia y neutral sólo enturbiada por la codicia avara de empresarios y militares sociópatas sin escrúpulos. Incluso hay textos en los que ni se cita el militarismo y la lógica capitalista en el devenir de la ciencia en el siglo XX, sino a los sumo las relaciones entre ciencia y cultura, denunciando suavemente la palabrería posmodernista17. Sin embargo se sabe que en uno de los centros que debieran vigilar la virtud de la ciencia, las oficinas de patentes18, son auténticos campos de batalla en los que se emplean todos los trucos sucios para beneficiar a unas empresas en detrimento de otras, y en perjuicio del progreso de la ciencia liberadora. Otro medio «neutral» de validación es la llamada cienciometría19 que vigila las publicaciones científicas con parámetros positivistas.

La subsunción de la tecnociencia en el capital constante es también parte del proceso de producción de ideología burguesa en la misma dinámica capitalista. La producción de ideología es reforzada por la burocracia académica, pero «El marxismo no es una filosofía académica, ni un producto científico en el sentido restringido y característico del término»20, lo que le libra de los ataques positivistas y de la impotencia del academicismo, del «carácter parasitario de tanta supuesta “investigación”»21 académica mecanicista y anti dialéctica22. Y es que el método marxista es justo lo contrario de la «ciencia social»23.

La otra característica común a las tres aportaciones citadas es que son la base de otras teorías menos desarrolladas que ambos amigos anunciaron y de las que incluso adelantaron aspectos fundamentales para ulteriores enriquecimientos como el feminismo socialista ya que «Marx valoraba la necesidad de existencia de organizaciones independientes de mujeres para defender sus derechos específicos»24; la reintegración de la especie humana en la naturaleza hasta el punto de teorizar que la Tierra no pertenece a nadie del presente, sino a las generaciones futuras y que las actuales tienen el deber de entregársela en mejores condiciones de como la recibieron de la generación pasada25. Y muy unida a esta radical tesis la otra no menos radical de la defensa de los derechos comunales, de los derechos consuetudinarios26 precapitalistas sobre el libre y racional uso por el pueblo de los bienes colectivos, comunes, no privatizados por la clase dominante.

Veamos más ejemplos: el estrechamente relacionado con los propiedad colectiva de los bienes comunes, la lucha por el tiempo libre, por el tiempo propio liberado del tiempo del capital, dedicado ahora a esas cosas y actos pequeños, aparentemente nimios e inservibles incluso, pero que conservan en sí algo de lo que fue el tiempo precapitalista, y de lo que es «esa parte humana que no ha sido vendida o que no lo ha sido totalmente»27 porque «El tema central de la obra de Marx es el disfrute humano. La vida buena, para él, no es una vida dominada por el trabajo, sino por el tiempo libre. La realización personal en libertad es una forma de “producción”, sí, pero no una producción coactiva»28.

Más adelante volveremos a la «vida buena» al estudiar la función de la dialéctica en el momento de optar por la lucha o por la obediencia. Ahora, siguiendo con las aportaciones de Marx y Engels, resalta la de luchar contra la burocracia, la obediencia, la credulidad y la sumisión a la al autoritarismo dentro de las organizaciones revolucionarias; la creciente importancia de las luchas de liberación nacional; la capacidad burguesa para integrar y alienar a la clase trabajadora en el capitalismo central, el desplazamiento de las revoluciones hacia los países empobrecidos, la tendencia que va del bonapartismo al fascismo…

El desarrollo de aperturas teóricas depende tanto de las enseñanzas prácticas de la lucha de clases mundial como de las capacidades críticas y autocríticas de los movimientos revolucionarios existentes en su interior, dicho sintéticamente, depende de la lucha de las masas «como un movimiento desde la práctica, que es en sí mismo una forma de teoría»29. Debemos insistir en esta dialéctica entre la crítica que la realidad hace al pensamiento y la capacidad del pensamiento autocrítico para aprehender esa crítica objetiva: aquí, en este lenguaje aparentemente hegeliano, radica el secreto del potencial revolucionario del marxismo en cuanto negatividad absoluta de lo real mediante la praxis radical, la que va a la raíz de los problemas.

Dependen, en suma, de la lucha revolucionaria estratégicamente dirigida hacia objetivos antagónicos con la civilización del capital, lucha que puede resultar victoriosa o ser derrotada. Toda lucha estratégicamente dirigida es una lucha política. Cuando, por ejemplo, las luchas sindicales aisladas y con objetivos limitados van coordinándose, acercándose, unificando sus acciones y sus reivindicaciones, sus objetivos últimos, en este devenir « la asociación adquiere carácter político»30. Y el carácter político de la asociación, del sindicalismo, de las formas organizativas, es inherente a la «lectura política» de la teoría marxista, sobre todo de El Capital, el texto más desprestigiado e incomprendido al acusársele de «determinismo economicista». Sin embargo: la lectura política de Marx «Es una lectura que en forma consciente y unilateral estructura su enfoque para determinar el significado y la importancia de cada concepto para el desarrollo inmediato de la lucha de la clase trabajadora. Es una lectura que evita toda interpretación fría y toda teorización abstracta para tomar los conceptos sólo dentro de una totalidad concreta de la lucha cuyas determinaciones designan»31.

Pongamos otro ejemplo de la lectura política y por tanto del carácter político de la praxis marxista. La masa de datos disponibles y la cantidad de estudios e investigaciones sobre la situación del capitalismo mundial muestran que está sumido en un profundo estancamiento de muy larga duración que, con altibajos, se remontaba a la incapacidad de superar de manera estable y definitiva la tasa media de beneficios alcanzada en la década de 1960. Por algunos momentos y tras un salvaje ataque neoliberal sostenido desde la década de 1970, el centro imperialista si ha logrado igualar aquél logro. Pero esta recuperación no es una victoria definitiva del capital que inicia otra nueva fase u onda expansiva, sino sólo un respiro fugaz en una parte del sistema mundial porque la tasa media de beneficio a nivel mundial ha caído desde el máximo del 44% en 1869-1870 hasta el mínimo del 18% en 2007-2013, con una tasa media que baja del 40% a poco más de 20% en las mismas fechas32.

El modo de producción capitalista va perdiendo fuelle: entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, los fundamentales economistas burgueses clásicos, A. Smith y D. Ricardo, habían intuido esta ley tendencial que empezó a confirmarse con las primeras series estadísticas fiables, pero no pudieron y tampoco se atrevieron a profundizar en sus causas. Tampoco lo intentaron sus seguidores, por miedo a la represión, como veremos.

Frente a esta tendencia constatada, hay dos posibles alternativas generales: una, cerrar los ojos y creer que el capitalismo superará sus «aspectos negativos» e incrementará eternamente la «justicia social»; y otra, esperar pasivamente a que se hunda por sí mismo bien mediante una violenta implosión o bien mediante una suave agonía. Dejando de lado la primera opción por irreal, cualquier forma de la segunda nos lleva a la espera pasiva ya que el futuro estaría determinado al margen de nuestra voluntad. Pero esta concepción fue combatida desde sus primeros textos por Marx y Engels, aunque si descontextualizamos algunos de ellos y los aislamos de su obra general, parece que en determinados momentos adoptan el mecanicismo determinista. No es así: «Marx nunca predijo un derrumbe súbito y automático del sistema capitalista en una crisis “final” debido a una sola “causa” económica»33.

Antes de continuar y dada la importancia de lo que sigue para estos debates, hemos decir que si hay algo que vertebra interiormente a estas aportaciones y a toda la obra marxista en general, eso es la recuperación de una de las primeras acepciones del término dialéctica empleado alrededor del siglo –VIII, nada menos que por Homero en la Ilíada cuando un personaje clave en su obra se enfrenta a la realidad y tras estudiarla con detalle decide pasar a la acción. Según L. Sichirollo34, Homero se detiene especialmente en el caso de Héctor cuando cabila si debe enfrentarse a Aquiles sabiendo que tiene todas las probabilidades de morir, y decide que «Es necesario luchar».

Pero esta inicial dialéctica griega, aun siendo muy actual en cuanto a la necesidad de la lucha, tiene un lado débil: está clausurada, cerrada, por el destino trágico de Héctor, que anula en última instancia su libertad, componente decisivo de la dialéctica marxista. Tras poco más de cuatro siglos, entre finales del –IV y comienzos del –III, esta limitación fue superada por el epicureísmo, filosofía atea y materialista que encandiló al joven Marx al optar por el cambio y la «disfunción»35. Así se comprende que en 1865 el de Tréveris dijera que la lucha era su ideal de felicidad en la vida36 dentro de una loa al principio de «vida buena»37 arriba visto. Fijémonos que se trata de una definición ética y filosófica, una «concepción del mundo» en la que la felicidad es inseparable de la praxis. Hemos superado la dialéctica trágica de Héctor y hemos desarrollado la dialéctica creativa de Epicuro pero desde una perspectiva superior: ante los problemas, la opción libre y plena es a la vez opción coherente con el ideal de felicidad humana aunque sea consciente de que su lucha puede ser derrotada, vencida, acarreando duras represalias e incluso la muerte.

Pero la dialéctica es rechazada incluso por las corrientes materialistas ya que si algo caracteriza a las corrientes filosóficas que niegan el método dialéctico es su incapacidad para comprender la contradicción. Esto ya era manifiesto en vida de Marx y Engels: «Desde su nacimiento, el materialismo dialéctico ha de enfrentarse a diferentes adversarios. Todos están de acuerdo en un punto, explícitamente o no: la contradicción es para ellos un sinsentido»38. Sin embargo, es en el desenvolvimiento de la contradicción en donde ruge la fuerza objetiva invisibilizada que hecha conciencia subjetiva puede dirigir el futuro.

Esta «filosofía de la praxis» bulle en muchos textos marxistas que en apariencia sólo son «económicos», por ejemplo en El Capital cuando se detallan las seis contratendencias39 que aplica la burguesía para neutralizar y contrarrestar la tendencia a la caída de los beneficios. Hay que decir que Marx analiza minuciosamente seis, pero antes de hacerlo avisa «que son las más generalizadas», es decir que las burguesías aplican otras que menos generalizadas que Marx no analiza. Las seis estudiadas por él son: Una, aumento del grado de explotación del trabajo. Dos, reducción del salario por debajo de su valor, es decir, por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Tres, abaratamiento de los elementos que forman el capital constante. Cuatro, la superpoblación relativa. Cinco, el comercio exterior. Y seis, el aumento del capital-acciones.

Sería conveniente analizar ahora cómo las burguesías aplicaban las seis contratendencias descubriríamos que hay algunas que entonces eran «menores» y que por eso no fueron detalladas por Marx, pero que ahora son fundamentales40. Hablamos, por ejemplo, de la nueva industria político-mediática de la mercantilización de la cultura, que junto a las industrias del sexo y del turismo, se ha convertido en una de las ramas económicas más rentables; hablamos del peso creciente de la economía sumergida, corrupta, básica en el capitalismo pero que crece para facilitar el aumento del beneficio; hablamos de la industria de la salud41 y de la biotecnología; hablamos de los mercados creados por la revolución informática, etc. Pero no tenemos tiempo para extendernos.

Lo fundamental es que a pesar de todas las contratendencia implementadas, a pesar de los recursos sistemáticos a las guerras y en especial a las devastadoras guerras mundiales, o sea al militarismo en acción, el capitalismo no ha logrado detener la caída de la tasa media de beneficio a escala histórica mundial. Se nos plantea así, de nuevo, el antiguo debate de vital y decisiva importancia al que nos hemos referido arriba: ¿puede durar «eternamente» el capitalismo si no lo destruimos o puede colapsar por sí mismo al margen de la acción revolucionaria, bien sea por suave y tranquila muerte por inanición o bien sea por violenta implosión interna para la que no ha sido necesario el sacrificio heroico de la praxis revolucionaria?

La solución propuesta por Marx y Engels a este problema es enunciada en el Manifiesto Comunista en 1848: hay que acabar con el capitalismo porque, de no lograrlo, la lucha de clases puede llegar a una especie de «empate de fuerzas» que concluya en el exterminio mutuo de los dos bandos en conflicto42. Se iniciaría así un estancamiento o retroceso en la historia pero en condiciones durísimas para la humanidad trabajadora y explotada. Posteriormente, Engels volvió a recordar esta posibilidad que sería reactualizada por Rosa Luxemburgo en 1915, y más concretada poco después por Preobrazhenski y Bujarin en 1919 mediante el dilema entre caos o comunismo43. No vamos a extendernos en el desarrollo de esta alternativa excepto para decir que Lenin sostuvo contundentemente que el capitalismo no desaparecía si no era mediante la revolución.

Y aquí radica el meollo de la aportación marxista que consiste en que «La imagen que emerge de los detalles de la crítica de Marx es la de una sociedad fragmentada y un individuo empobrecido. ¿Cómo es posible superar positivamente tal estado de cosas? Esta es la cuestión que subyace al análisis de Marx. Porque si no se tratase de dar una respuesta a esa cuestión, la misma crítica sería irremediablemente abstracta, si no es que también carente de sentido»44. Aquí debemos volver a la importancia de la dialéctica como método que a su vez es arma45 para luchar contra la opresión. Héctor tenía que luchar o rendirse porque él y su pueblo se encontraban «en el filo de la navaja»46, al borde del desastre.

Frente a este dilema y ya en el capitalismo, una de las reacciones más frecuentes en estos casos es la del obediencia a la «figura del Amo»47, del miedo como reacción psicológica para «librarse de la pesada carga de la libertad»48 y como generador de ignorancia pasiva ya que «Podemos afirmar que el miedo aumenta de manera directamente proporcional al desconocimiento sobre el objeto temido o al desconocimiento (o impotencia) ante cómo afrontarlo»49; otra es la costumbre de la «normalidad»50, también la de «extrañeza»51 que es una nueva forma de la alienación capitalista, etc. Pero, en definitiva, «…lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o el que el explotado se declare en huelga, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roban y por qué la mayoría de los explotados no van a la huelga.»52.

Una de las soluciones es investigar y criticar qué se oculta debajo de la superficie, tras la fachada de la ideología dominante. Por ejemplo cual es el origen burgués de elementos básicos de propaganda como el mito del «capitalismo popular», del «Estado del bienestar», de la «clase media» o de la «teoría de la convergencia» entre el socialismo y el capitalismo53. Aunque la sociedad ha cambiado, estos mitos también son readaptados a la nueva situación por lo que conocer su historia es necesario. Pero la mera crítica teórica, necesaria, exige de la crítica práctica que impacta en la «disfunción» de la realidad, según hemos visto arriba, solamente así se garantiza la liberación humana como «acción colectiva y política» en la que el método dialéctico es decisivo porque «es un pensamiento que es tanto situacional (específico a una situación) como reflexivo (consciente de sus propios procesos de pensamiento)»54.

Ya que se trata de disfunciones, de alteraciones que rompen y niegan la normalidad estática, es decir, de contradicciones internas en permanente unidad y lucha entre ellas, por esto mismo, la dialéctica es el único método válido, el que hace que el marxismo sea «la menos dogmática y la menos formal de las doctrinas, en cuyo marco de generalizaciones resaltan la carne viva y la sangre caliente de las luchas sociales y de sus pasiones»55. Las pasiones de la lucha social, la sangre y la carne viva, esta subjetividad que acepta la heroicidad de Héctor es parte de la objetividad de la dialéctica.

La acción de Héctor sigue teniendo valor axiológico porque nos recuerda que la decisión libre en los momentos extremos es lo que caracteriza a la especie humana: «La posibilidad de cambios históricos implicará admitir la realidad de la praxis humana que supone decisión, elección y acción a nivel individual y colectivo, confluyente unidireccionalmente hacia el mismo fin, hacia la misma meta. Esta sincronización de la práctica individual y colectiva, conscientemente transformadora, no es previsible lógicamente. No tiene el status epistemológico de certeza. Sólo se puede estar seguro individualmente de la propia opción, y esperar que los otros adoptarán la misma actitud. Hay, pues, que creer. Hay que apostar por el porvenir. El marxismo recobra históricamente sus orígenes trágico»56.

Orígenes trágicos que en el capitalismo adquieren la forma y el contenido de praxis revolucionaria como ideal de felicidad porque mediante ella se mejoran las condiciones de vida: «La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria (…) La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica»57.

La antropogenia se sustenta en la práctica, tiene por ello un valor ontológico ya que define la «identidad» humana cuando lucha contra la necesidad y la opresión, más aún cuando lucha para acabar con el fetichismo de la mercancía, lucha colectiva y política, como sujeto colectivo: «El sujeto del marxismo es un sujeto colectivo que se constituye (incorporando las múltiples individualidades e identidades de grupo) en la lucha contra su enemigo histórico»58. Nuestra antropogenia como seres humanos aplastados por la explotación se realiza sólo mediante la lucha contra esa injusticia.

De este modo el valor axiológico y ontológico se refuerza con el gnoseológico, con el pensamiento crítico y creativo. Por esto Lenin tiene razón cuando escribe que: «La conciencia del hombre no sólo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea»59, y más adelante «Es decir, que el mundo no satisface al hombre y éste decide cambiarlo por medio de su actividad (…) El “mundo objetivo” “sigue su propio camino”, y la práctica del hombre, frente a la que se halla en ese mundo objetivo, encuentra “obstáculos en la realización” del fin, e incluso tropieza con la “imposibilidad”…»60.

La gran actualidad del marxismo para nosotros radica en que nos explica que viviendo en el filo de la navaja, podemos, debemos y sabemos luchar para superar la «imposibilidad» y los «obstáculos» creando posibilidades nuevas, nuevas realidades que no existían antes pero que emergen como efecto de nuestra praxis, de nuestra conciencia subjetiva transformada en fuerza material.

2.- EL PROBLEMA ESPAÑOL61

Respondiendo a la pregunta sobre si se rompe España o no, hay que decir que no va a romperse, por ahora, porque el Estado español sigue siendo el instrumento decisivo para asegurar el grueso de la acumulación ampliada de capital para y por el bloque de clases dominante. Considerando que el surgimiento de los Estados-nación burgueses radica en la dialéctica de la contradicción expansivo-constrictiva inherente al concepto simple de capital62, y que la «nación proletaria» se subordina a la «nación burguesa» mediante formas transfiguradas de capital en cuya génesis se desarrolla el Estado-nación burgués63, como forma-política64 de ese capital en un territorio determinado, por esto mismo, el bloque de clases dominante –y no sólo la burguesía española- necesita y quiere mantener su Estado adaptándolo a las exigencias de la mundialización de la ley del valor.

Sin mayores precisiones ahora, la mundialización de la ley del valor refuerza la tesis marxista de la importancia del concepto simple de capital que Marx empleó en los Grundrisse para explicar la formación de las «tendencias civilizadoras»65, problemática que más adelante profundizaría al estudiar el papel de los «modos nacionales de producción precapitalista», de las culturas y tradiciones «raciales» y étnicas, en «soberanía y dependencia» de los Estados, etc., en las formas concretas que iba adquiriendo el capitalismo según esas realidades históricas anteriores66. Otras investigaciones también parten del concepto simple de capital para seguir el desarrollo de la dialéctica entre valor y comunidad67.

Pues bien, la mundialización de la ley del valor nos explica que las burguesías débiles tienen que plegarse a las exigencias de sus hermanas más fuertes. En el tercer capítulo sobre la teoría de la organización veremos cómo las llamadas «burguesías nacionales» aceptaron la ocupación nazifascista para mantener sus negocios y derrotar al movimiento obrero. Durante la llamada «construcción europea» el vasallaje político es impuesto más por presiones económicas que militares, proceso que se ha intensificado desde finales de los ’80 y que tiene en el Consenso de Washington68 el punto de gozne que multiplica la voluntario vasallaje de las burguesías débiles a las poderosas conforme se acelera la concentración y centralización de capitales.

El Estado español sobrevivirá, por ahora, porque en el contexto mundial actual sigue siendo necesario para el imperialismo occidental y para el bloque de clases dominante en la península. Pero las exigencias son ahora mucho más inflexibles que hace un tercio de siglo, cuando el referéndum de la OTAN. Leamos: «La España sin Gobierno claro se convierte en un problema europeo»69, es decir, Europa tiene derecho a intervenir en el Estado español si no se llega a un acuerdo entre «españoles». Bajo directa coacción externa, el bloque de clases dominante en el Estado ha de buscar un acuerdo que satisfaga las exigencias de la UE. Y en la medida en que aumenta esta presión externa y la crisis interna, el Estado refuerza de algún modo la explotación de los pueblos que oprimen.

Antes de centrarnos en el problema español es conveniente saber que un origen remoto de los proto Estados neolíticos fue la organización estratégica de los colectivos del mesolítico para obtener «territorio, comida, mujeres o niños»70 mediante el exterminio de otro colectivo. No podemos reproducir aquí la larga y detallada lista de bienes de todo tipo, materiales, culturales, sexuales, que obtenía el Antiguo Egipto71 con su ocupación de Siria, Palestina y zonas aledañas. Recomendamos su lectura72 porque muestra la «identidad» de los objetivos de la opresión nacional y del imperialismo durante los sucesivos modos de producción basados en la propiedad privada de las fuerzas productivas. Uno objetivo importante de los ataques del imperio persa a Grecia era el quedarse con la gran cantidad de esclavos que había en las ciudades-Estado griegas73. Al margen de los cambios más o menos importantes que diferencian a los modos de producción, no se puede negar que existe una identidad patriarcal activa entre estas palabras atribuidas a Gengis Khan La mayor felicidad consiste en vencer a los enemigos, perseguirlos y acosarlos, despojarles de sus riquezas, ver bañados en llanto a quienes les son caros y abrazar a sus viudas e hijas»74- y el accionar del imperialismo capitalista actual.

Teniendo esto en cuenta podemos decir que los Estados obtienen cinco grandes ganancias de las naciones explotadas: una, la directamente económica; dos, la geoestratégica; tres, la ganancia poblacional, de fuerza de trabajo barata y de carne de cañón; cuatro, la ganancia política, cultural y de orgullo nacional que cohesiona a las clases trabajadoras alrededor del nacionalismo imperialista de la clase dominante; y cinco, las ganancias sexuales en diversas formas, incluido el orgullo machista. Bastantes veces esta quíntuple ganancia es una sola, total y global, pero otras veces y dependiendo de circunstancias entre las que destacan las resistencias parciales más o menos eficaces de los pueblos oprimidos algunos de esos beneficios del ocupante son más reducidos que otros o incluso han sido suprimidos: todo depende de las luchas de las masas populares, de los pactos del colaboracionismo con las fuerzas ocupantes, etc., e incluso de las fuerzas progresistas y revolucionarias del Estado ocupante que le fuerzan a suavizar su política.

Asegurar dichas ganancias resulta vital al Estado español en medio de la crisis sistémica que en lo temporal dura ya ocho años75 en su forma presente. Esas y otras ganancias le son imprescindibles para detener el retroceso en la escala jerárquica imperialista ya que durante esta crisis ha descendido del puesto 9º al 14º en 2014, por no hablar de remontar puestos76. Por esto, necesitan reforzar su poder central, su núcleo geopolítico y económico de la burguesía estatal centralizado en Madrid, así se explica que Hacienda favorezca a Madrid en el reparto de las tasas de depósitos bancarios dándole el 30% del total del Estado77. Estos y otros «privilegios» explican que el PIB de Madrid haya descendido sólo un -4,3% entre 2008 y 2013, la mitad justa de la media estatal del -8,6%78.

Analizando los retrocesos por naciones, regiones y autonomía, vemos la clara ventaja de Madrid debida a que concentra el poder financiero, económico, político y cultural, además del militar, del Estado, algo parecido pero a menor escala que los «privilegios» de EEUU. Naturalmente los «privilegios» de la burguesía madrileña enfadan a otras burguesías que ven cómo se reducen sus beneficios. El debate sobre el «Estado de las Autonomías» responde a que Madrid gana más, o pierde menos, que el resto, y al hecho obvio de que Madrid quiere reforzar el centralismo reduciendo las atribuciones de las autonomías. El bloque de clases dominante en el Estado debate con creciente aspereza si hay o no hay que descentralizar más a su Estado y cómo79, o si hay que centralizarlo.

Buena parte de los problemas de la posible «reforma constitucional» se limitan a cómo reordenar el reparto entre las burguesías de la tarta de los beneficios de la explotación patriarcal, nacional y de clase, y cómo repartir los costos del pago de la deuda que luego veremos. Y no faltan quienes proponer liquidar, desmontar el Estado de las Autonomías, cerrar el 80% de las empresas públicas, recentralizar la educación y la sanidad, eliminar la mitad de los municipios y las diputaciones…80

La facción más poderosa de la burguesía estatal presiona para que exista un «gobierno fuerte» que dirija el diálogo sobre las reformas necesarias pero desde un clima de certidumbre y estabilidad81. El capital financiero internacional, la Unión Europea, la Troika, etc., presionan para que se forme un «gobierno estable» lo antes posible82. Sin retroceder mucho, la gran banca advertía sobre los costos económicos de la incertidumbre política83. Si la burguesía es miedosa por naturaleza, aún más lo son los inversores. La tendencia imparable al mercado único de capitales, al estilo yanqui84, no hace sino aumentar las presiones para que la «confianza» sea un imperativo categórico.

Disponer de un centro económico-financiero fuerte en el cerebro geopolítico y militar del imperialismo español es decisivo para una burguesía que conoce la creciente dependencia del capital extranjero de la economía española: Los inversores no residentes en el Estado español tienen ya en su propiedad el 43% de las empresas cotizadas mientras que sólo el 26,2% está en manos de familias españolas85; o como se ha escrito: las firmas extranjeras andan de compras por el Estado español en el que ya el 30% de las operaciones tienen «sello internacional»86. Una burguesía estatal que conoce también los quince grandes problemas socioeconómicos87 y políticos a los que se enfrenta.

La pregunta sobre si «¿Podemos pagar 1.034 billones de deuda pública?», que a comienzos de 2015 atormentaba a la burguesía española88, y más cuando otro estudio un poco posterior elevaba la deuda total del Estado a 3.33 billones-€, o sea, sumando la familiar, pública y empresarial89, adquiere todavía más dramatismo ahora, un año más tarde, cuando las familias tienen la menor cantidad de efectivo desde 200590, y cuando a comienzos de 2014 cada persona censada «“debe” más de 20.000 euros tras seis años de rescates»91 a la banca. Recordemos que según los ingresos fiscales, el Estado español es el tercero más endeudado del mundo92 con un 940%, superado por EEUU con un 979% y Japón con un 2359%.

La deuda pública es ahora de 1.067.852 billones-€ y «se acerca al 100% del PIB»93. A la vez, influyentes bancos e instituciones como Goldman Sachs, ING y Barclays sugieren pésimos indicadores94 para 2016. Son demoledores los datos sobre la caída de la economía estatal y, muy en especial, sobre el fracaso rotundo de la dirección política bicéfala del bloque de clases dominante95 en la última década. El alejamiento de la banca española de George Soros96 muestra la gravedad del panorama futuro que de alguna forma ya ha empezado a ser real mediante la pérdida de 18.000 millones-€ que ha sufrido la banca española en las cinco últimas semana97, y en las dos primeras semanas de enero el Ibex 35 ha perdido más que todo lo retrocedido en 201598. Los técnicos del capital financiero internacional supervisan muy atentamente la salud bancaria para evitar posibles errores graves en un momento de alta incertidumbre financiera mundial, cuyos bancos han perdido 4 billones-€ de capitalización99 sólo en los primeros días de 2016, el peor primer comienzo de año que se recuerda, incertidumbre que golpea al poderoso Banco Nacional de Suiza100 que prevé sufrir las peores pérdidas desde su fundación en 1907.

Quiere esto decir que el capital financiero y sus Estados-cuna no van a perdonar un euro a la deuda española, lo máximo a lo que pueden llegar es a una «negociación» dirigida por ellos sobre los plazos y condiciones de devolución, como la estricta servidumbre impuesta a Grecia101 pero tal vez menos cortoplacista por el mayor peso del capitalismo español aunque exigiéndole que practique «más ajustes» cuanto antes. Para salir de este agujero, el Estado español tiene la urgente necesidad de reindustrializarse. Por razones históricas achacables a los fracasos de intentonas de revolución burguesa, la mayoría de su clase dominante no tiene o apenas tiene conciencia de que el valor se genera en el Sector I de la economía capitalista, el de producción de bienes de producción, o sector industrial para que nos entendamos. El problema español, o sea, España como nación fallida en gran parte de su base material y simbólica, surge de esos fracasos.

En la actualidad, una parte de la burguesía es consciente de que hay que reindustrializar el Estado español lo más rápidamente posible para reforzar las fuerzas centrípetas y debilitar las centrífugas, para lo que es imprescindible la dirección político-económica centralizada por el aparato estatal102. El Estado siempre ha sido elemental en cualquier modo de producción basado en la propiedad privada de las fuerzas productivas y en la propiedad patriarcal. Semejante papel se refuerza cuando parte de los beneficios de la minoría dominante surgen de la opresión nacional, del colonialismo y del imperialismo. A los efectos de este debate, podemos sintetizar la función del Estado como la de ser «la máquina de la obediencia»103: se trata de que las clases, naciones y colectivos explotados obedezcan al Estado porque las dificultades de la reindustrialización son tremendas y exigen una obediencia casi masoquista. Viendo esto es cuando termina de comprenderse la función de la Ley Mordaza y de otros ataques a las escasas libertades sobrevivientes, Ley de la que hablaremos al tratar el problema de la organización.

Uno de las mayores obstáculos para esta reindustrialización es el pequeño tamaño de la mayoría de las empresas en el Estado: en 2013 la media de trabajadores por empresa en el Estado era de 4,9, menos de la mitad de Alemania con 11,8 y Reino Unido con 8,1, con sólo el 0,8 de empresas con más de 50 trabajadores104. En 2014 un informe del Círculo de Empresarios decía que el tamaño medio estatal era de 4,6 empleados, o sea que se había reducido aún más, y que lo peor era la tendencia al aumento de las microempresas105 en detrimento de las medianas y grandes empresas. Partiendo de tan bajo, estudiosos sostienen que si se concentrasen y centralizasen las empresas llegando a 5,8 trabajadores por empresa la economía española sería tan rica como Italia106.

Nos hacemos una idea de las dificultades de la reindustrialización, y por tanto de la dureza que ha de aplicar el Estado, si tenemos en cuenta que las medianas empresas tienen entre 50 y 249 trabajadores, y las grandes 250 o más, o sea, ese 0,8% de las empresas en 2013 con poca tecnología media. Pues bien, el modelo idóneo de empresa al que aspira la alta burguesía es la de 200 trabajadores con un 30% de plantilla con expertos digitales107. Aun así, desde el inicio de la crisis la industria ha decrecido en un 30%, habiendo recuperado un 1,1% en 2014, si bien las salvajes medidas impuestas por el bloque de clases dominante han logrado que la competitividad suba de puesto 35 al 33 de una lista de 140 países108.

La reindustrialización del Estado español logrará algunos éxitos sólo con una prolongada mano dura estatal, más el apoyo o consentimiento vigilante del capital financiero internacional y de los grandes Estados imperialistas, de modo que terminase siendo una industria secundaria, supeditada a estos poderes, atada a las restricciones y exigencias del mercado único de capitales que avanza imperceptiblemente. Otra hipótesis sería que la reindustrialización la intentara un Estado socialista triunfante tras una revolución victoriosa del trabajo sobre el capital, pero en este caso, si realmente fuera una revolución socialista, entonces el Estado-nación español desaparecería como tal.

En estas condiciones estructurales, contextuales de muy largo alcance, el bloque de clases dominante tiene, empero, recursos relativamente efectivos que nos remiten a la interacción de posibilidades que pueden ser utilizadas por el Estado. Groso modo dicho son tres: la primera, las actualización de las medidas clásicas para recuperar la tasa de beneficio arriba expuesta; la segunda, la quíntuple sobre ganancia obtenida con el imperialismo y la explotación nacional; y por último, el contexto internacional.

La caída mundial del precio del crudo le beneficia sobremanera ya que importa el 99% del crudo que consume lo que hace que por cada descenso de un 10% del precio el PIB español suba entre el 0,1% y el 0,15%, que es mucho109. Además ayuda a ralentizar la subida de los precios, del IPC, lo que suaviza en parte la carestía de la vida aunque añade el problema mayor de la deflación. La industria del turismo es una de las grandes bazas para recuperar la economía: datos oficiales, y por eso mismo posiblemente hinchados, sugerían que para finales de 2015 habrían llegado al Estado español alrededor de 68 millones de turistas110, 3 millones más que en 2014. El turismo es uno de los impulsores de la construcción y de otras ramas industriales, así como del narcocapitalismo y la prostitución, que rinden jugosos beneficios: en verano de 2014 se estimó que la legalización de la droga y de la prostitución111 supondría un aumento de entre el 1,5% y el 3% del PIB, o sea, una recaudación extra de entre 15.938 y 31.877 millones-€.

La emigración para encontrar trabajo en el exterior supone también un alivio para la economía ya que alivia la tensión social interna, la lucha de clases, reduce la tasa oficial de paro y por tanto de la supuesta «ayuda» que reciben algunos desempleados, y supone una entrada de dinero del exterior. Por razones de propaganda e interés político, el gobierno oculta y manipula lo datos reales de la emigración. Según estudios alternativos, en 2014 hubo 89.209 emigrados, «contabilizando tan sólo una decena de países»112, lo que indica que la cantidad es mayor. Según una encuesta seria el 55% de los jóvenes del Estado estarían dispuestos a emigrar113 sin encontrasen un «trabajo satisfactorio».

Una medida interna para recuperar la ganancia del capital, es la clásica de privatizar la educación y la sanidad pública condenando al paro a docentes y sanitarios114, o dicho de otro modo, desde 2010 se han reducido 78 funcionarios y empleados públicos al día115. Otra es tolerar la muy alta economía sumergida116 para multiplicar la explotación de la fuerza de trabajo, sobre todo de la mujer, y los beneficios del capital en detrimento de los gastos públicos que, en 2014, rebasaba los 190.000 millones-€. No vamos a extendernos en el drástico recorte salarial directo e indirecto117 que va directamente a los beneficios capitalistas, sobre todo de ese 1% más enriquecido118 que «trabaja» en la industria de la salud y en el capital financiero.

Sí queremos resaltar por el decisivo papel de la industria cultural en lengua española en el fortalecimiento económico del nacionalismo estatal. El capitalismo español obtiene enormes beneficios globales con la industria cultural española. Nos encontramos aquí con una de las formas modernas más sibilinas de la opresión nacional, y más efectivas en la desnacionalización y aculturización de pueblos oprimidos. Algunos de los datos sobre este ingente negocio los he expuesto en otro texto119 así que ahora sólo cito los más significativos para los intereses del nacionalismo español: en lo más crudo de la crisis en 2010 la industria cultural sostenía alrededor del 16% del empleo; y en 2011 ya suponía el 16% del PIB del Estado y el 9% del PIB mundial.

La industria cultural produce mercancías cada vez más alienantes, culturilla en la que la violencia patriarco-burguesa, belicista e imperialista va incrementando las ganancias. El caso reciente de la saga «Star Wars»120 es un ejemplo a muy amplia escala internacional. Cada vez más rápidamente, la militarización en todas sus formas condiciona la culturilla alienante, basta ver las series televisivas españolas sobre policías, historia española, etc. El reciente acuerdo entre Educación y Defensa para introducir el Ejército y la bandera monárquica en el currículo escolar121 bien pronto se extenderá a la industria cultural reforzando el nacionalismo español.

De igual modo, debido a la necesidad típicamente capitalista de copar nichos productivos, aumentar la oferta mercantil para ampliar ventas y ganancias, por esto mismo, la industria cultural española bien pronto absorberá aún más en su torbellino comercial a las lenguas y culturas no españolas. La propuesta de que las lenguas llamadas eufemísticamente «cooficiales»122 sean optativas amplía los mercados de la industria cultural, del mismo modo que lo hace la propuesta del plurilingüismo123 para un Estado con un 47% de su población con lenguas diferentes. Debajo de la aparente democracia de estas propuestas se mueve la necesidad de extender el nacionalismo español mediante su expansiva industria cultural, y viceversa, aumentar los beneficios de la burguesía española industrializando su lengua y también las lenguas «cooficiales»

El colectivo Euri Iparragirre, que forma parte del movimiento popular que se está organizando para denunciar el contenido opresor de la Capitalidad Cultural Europea de Donostia durante 2016, desarrolla una profunda crítica de los intereses patriarcales, burgueses y nacionalistas españoles que impulsan este muy rentable «mercadillo» de «culturilla donostiarra»124 dentro de la industria cultural del imperialismo occidental. Desde esta perspectiva, y dentro del marco de la dominación cultural y de la desnacionalización que acarrea, debemos decir que el neocolonialismo cultural es un arma del imperialismo en su conjunto y del español en concreto: «El colonialismo siempre implica una crisis de identidad para el sujeto colonial, atrapado entre el impulso de imitar al colonizador y el deseo de una autonomía siempre desplazada»125.

La crisis de identidad motivada por el colonialismo cultural es la primera fase de una dinámica de destrucción de la identidad e imposición de otra, en nuestro caso de la española. La lucha por la independencia político-cultural como requisitos para la (re) construcción de la identidad, de los pueblos oprimidos es, así, un riesgo insoportable el Estado. La alta burguesía tan poderosa como la catalano-española, es muy consciente de que de la necesidad ciega que tiene del Estado español para expandir mediante su ayuda su productiva industria cultural. No es casualidad, ni mucho menos, que una de las transnacionales de la industria cultural española, el Grupo Planeta, con sede fiscal en Barcelona, amenazara en voz de su propietario, J. M. Lara, con que «Si Cataluña fuera independiente, el Grupo Planeta se tendría que ir»126.

Aumentar los beneficios; ir pagando la deuda; reindustrializar y ganar competitividad; fortalecer la nación española a la brava o renegociando con las burguesías «regionales»…, estos son los objetivos fundamentales del bloque de clases dominante. Para defender este sagrado derecho cuenta con la inestimable ayuda de la progresía intelectual que, por ejemplo, escribe sobre la «consulta» pero niega el derecho de decisión «unilateral»127 También se avanza en el rechazo de un supuesto carácter insaciable del «ser nacional» en sí mismo128; y hasta en un rechazo total, político y ético, a cualquier pretensión de independencia no española ya que «En España no hay un problema territorial, sino un atentado separatista contra el derecho de todos»129. Desde luego que existen posturas más realistas, no cerradas ni mucho menos tan autoritarias como esta última, pero aun así conservan un sentido de «unidad». Por ejemplo, los esfuerzos de por compaginar el problema español, el derecho a decidir y la creación de una «nueva España republicana» y plurinacional, «otra España»130. Sería cansino alargarnos en el listado de opiniones sobre este particular.

Terminando con la pregunta sobre si se rompe el Estado, hay que concluir diciendo que por ahora no, que todavía tiene por delante una precaria vida ya que sigue siendo funcional al capitalismo. La ralentización del proceso soberanista que ha insinuado la mediana burguesía catalana131 -la gran burguesía ya se opuso hace tiempo- es un alivio para Madrid aunque el Gobern tiene aún cinco grandes bazas: la persistencia del fuerte sentimiento catalinista, soberanista e independentista; las disputas en Madrid; la debilidad del movimiento obrero catalán que carece de un sindicalismo nacional como sí existe en Galiza y Euskal Herria; el retraso del independentismo socialista; y el todavía escaso despliegue represivo e intimidatorio del Estado español.

La continuidad del Estado está garantizada además por la reafirmación oficial de la mediana burguesía de la CAV de que es «ni de ruptura ni de independencia»132 sino que asume el pactismo bilateral con el Estado y su gobierno de turno. También está reforzado por el nacionalismo de un Podemos que «acata la constitución para cambiarla»133; nacionalismo disimulado unas veces y descarado otras, pero que suele preferir la ambigüedad, la polisemia, la neblina ideológica134 para seguir atrayendo votos del centro identificados con la línea fuerte de Podemos: la «patria plurinacional»135

Los independentismos de izquierda hemos de saber que «nuestras» burguesías necesitan al Estado español, que lo apoyarán siempre a cambio de unas contrapartidas cedidas por el Estado. El tira y afloja de las cesiones y contrapartidas no será ya la antesala de una ruptura independentista y democrático-radical sino a lo sumo un regateo por un soberanismo más aparente que real tal vez algo más descentralizado algunas cuestiones administrativas sin apenas importancia para la nueva centralización impuesta por la Unión Europa y el Estado español, bajo la égida de EEUU136. En las condiciones actuales, esta certidumbre es la que justifica y exige el debate sobre qué formas organizativas debemos desarrollar para combatir al monstruo estatal.

3.- LA NECESIDAD DE LA ORGANIZACION

Con anterioridad al debate sobre la organización, entregamos dos ponencias137 que recogen lo central del problema a debatir. También recomendamos la introducción al ¿Qué hacer? de Lenin138. Pero ahora queremos recordar algunas ideas sobre las formas organizativas de las y los oprimidos que nunca pierden vigencia a pesar de los siglos transcurridos porque responden a la «identidad» que recorre los métodos de las y los oprimidos para resistir y hasta vencer a los opresores.

Podemos rastrear los embriones de una teoría de la organización en dos grandes pensadores de la Antigüedad, casi contemporáneos: Sun Tzu y Tucídides Sabemos que las luchas sociales de todo tipo existieron antes que ellos139 pero sólo podemos conjeturar sobre cómo se organizaban. Tucídides detalla cómo combatían los espartanos las formas de organización clandestina de las y los esclavos de la nación hilota caracterizada por su «ardor» y deseo de libertad, con sus correspondientes tácticas y estrategias represivas descritas por Tucídides140: los espartanos les prometieron algo parecido a lo que ahora llamaríamos «mejoras sociales», «garantías democráticas», «reconocimiento oficial», etc., pero a condición de que abandonaran la clandestinidad y desvelaran sus identidades. Así lo hicieron 200 de ellos y la situación se calmó durante un tiempo, hasta que al poco y siempre de noche, fueron muertos los 200. Tucídides también insiste el problema de la vigilancia de los esclavos para que no lograsen huir a la primera oportunidad141.

La preocupación obsesiva de la clase esclavista por aplastar las resistencias de las y los esclavos, es decir, por destrozar sus organizaciones clandestinas, nace del hecho de que: «Donde quiera que la esclavitud existe, lleva en sí el germen de la insurrección; y para impedirla, en Grecia, no bastaban sólo las cadenas y castigos que se imponían a los esclavos. Platón y Aristóteles aconsejaron que se aislase a los esclavos, que no se les acostumbrase a las armas, que se tomasen de naciones, razas y lenguas diferentes, y que se les diese buen trato»142.

Pero estos consejos sólo se tomaban en cuenta después de represiones preventivas de una brutalidad extrema: «La fuente principal de abastecimiento de esclavos era el secuestro y la conquista (…) se hizo conveniente matar a los varones adultos porque, habiendo sido entrenados para las armas, eran difíciles de manejar, y conservar solamente a las mujeres y los niños. Esta práctica estaba bien establecida en el siglo V a.n.e.»143. Doctrina de represión preventiva que evitaba «males mayores», atemorizaba de por vida a las esclavas y desarraigaba absolutamente a niños y niñas.

Tenemos aquí uno de los primeros ejemplos de doctrina represiva global, que integra el palo con la zanahoria, la violencia con el premio. Todas las propuestas son significativas y actuales en lo que toca al problema organizativo de las clases y naciones explotadas: evitar su unión e imponerles la desunión individualizada; desarmarlas e impedir que aprendan a usar armas; desnacionalizarlas, mezclarlas y confundirlas; y sobornarlas e integrarlas mediante el buen trato. Cuando los intelectuales del esclavismo proponían estas tácticas era porque las y los esclavos se organizaban mediante, por y para la unidad; practicaban el supremo derecho humano a la rebelión; y reforzaban su identidad colectiva, nacional, cultural. La pregunta es ¿siguen siendo necesarias estas prácticas organizativas?

La dialéctica entre las contradicciones sociales internas y las luchas anexionistas externas en pos de esclavos y riquezas, o defensivas, adquiere su sentido en las concepciones griegas sobre la guerra en todas sus formas, o sea también y sobre todo de la guerra de saqueo y para obtener esclavos y de la guerra represiva contra las resistencias de esos esclavos, en especial las realizadas en su época tardía primero por Platón y luego por Aristóteles. Fue éste último el que más avanzó en la naturalización del saqueo exterior y en la justificación natural de la esclavización144.

Conviene recordar que la sublevación de los esclavos gladiadores dirigida por Espartaco estuvo a punto de fracasar al ser delatada desde el interior, delación que puede inscribirse dentro de las enseñanzas de Sun Tzu escritas casi cuatro siglos antes de estallar la rebelión que se transformaría en la III Guerra Servil en el siglo –I. Leamos estas palabras dichas, según Tácito, en el Senado romano en el siglo I «En la medida en que nuestros esclavos actúen como delatores, podemos vivir como minoría en medio de su masa, seguros mientras ellos teman, y, por último, si morimos podemos estar seguros de que seremos vengados. Nuestros antepasados siempre sospecharon de los esclavos…»145.

La casi tres veces milenaria estructura de poder y explotación china nos enseña mucho sobre estrategias y tácticas de los opresores para destrozas las organizaciones de las y los oprimidos mediante la propaganda, el convencimiento y las guerras. En el -720 el mandarín Fuh-Tsien creó la doctrina de la manipulación propagandística al sostener que «la repetición es la base del conocimiento, incluso si éste es falso»146. Sun Tzu escribió en el Arte de la guerra: « Todo el arte de la guerra está basado en el engaño (…) Ofrece un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa (…) Ponle en aprietos y acósale (…) Si está unido, divídele (…) Atácale donde no esté preparado»147, o también «Impalpable e inmaterial, el experto no deja huellas; misterioso como una divinidad, es inaudible. Así pone al enemigo a su merced»148. Frío bisturí de guerra social.

Tao Hanzhang, laureado general del Ejército Popular de China, ha actualizado el texto Sun Tzu indicando lo que, para él, sigue siendo válido después de aproximadamente 2500 años: siguen siendo válidas sus ideas sobre el espionaje y el servicio de inteligencia para conocer al enemigo y destrozarlo, y también para la provocación psicológica y política haciéndole creer cosas que no son ciertas para que cometa errores garrafales149; y también son válidos los métodos de anticipación, flexibilidad e iniciativa150 por razones obvias.

De hecho, todo indica que Sun Tzu escribió el libro en el convulso período de los Reinos Combatientes, durante el cual muchos poderes se encontraban en la necesidad de conseguir el apoyo de la clase campesina y de la esclava para aumentar la producción sin la cual serían derrotados. Muy significativamente, llegaron a conclusiones idénticas a las de los esclavistas griegos representados por Platón y Aristóteles en la misma época pero en la otra parte del mundo sobre las doctrinas represivas y contrainsurgentes arriba citadas: desde el -403 y especialmente desde el -386 las reformas sociales se hicieron urgentes para reducir el malestar campesino y esclavo, lograr su colaboración con las «familias poderosas» y aumentar la productividad del trabajo.

Las reformas del reino de Wei coinciden con las tácticas griegas de «tratar bien» a las y los explotados, con otras medidas de la época como la planificación estatal de precios básicos, de almacenaje de reservas para otros momentos repartiéndolas a precios equitativos, etc., así, de esta forma, «la vida se mantenía libre de zozobras»151. Sin un efectivo espionaje, información, anticipación e iniciativa como componentes de la doctrina del Poder, es decir, de la contrainsurgencia preventiva, no podría aplicarse esta política de Estado que adelanta aspectos de la «integración social» burguesa desde el siglo XIX, por no hablar de las políticas contra la mendicidad y vagabundeo desde los siglos XVI y XVI para lograr la «docilidad»152 de las clases machacadas.

En la misma época de Aristóteles, el filósofo chino Mencio, que sí admitía el derecho del pueblo a castigar al rey injusto, explicaba sin embargo que: «Quien trabaja con la mente gobierna, quien trabaja con las manos es gobernado»153. Dejaba constancia así de que la división entre trabajo intelectual y trabajo manual era uno de los mejores medios de dominación. Viviendo una época de luchas sociales y represiones físicas, la clase dominante de la república romana decidió pasar a la represión intelectual y en -181 se decretó la pública quema de todos los libros considerados peligrosos, y en -173 y -161 la expulsión de Roma de todos los «pensadores peligrosos»154. El control del sistema educativo y de la prensa siempre ha sido un instrumento de dominación contra el que las dominadas y dominados han organizado muchas alternativas.

Veamos sólo cinco claros desarrollos distintos en sus formas de las estrategias represivas idénticas en su contenido, de las clases dominantes greco-romanas y chinas para aplastar las organizaciones de sus enemigos: Uno, la drástica amputación y censura que hizo el vendido Voltaire de la obra revolucionaria de Meslier, el «cura rojo», que en su ancianidad, a comienzos del siglo XVIII y en secreto silencio escribió una demoledora denuncia atea de los vicios y miserias del poder político-religioso. En 1762 Voltaire amputó deliberadamente el contenido revolucionario de Meslier, que llamaba al pueblo a levantarse en armas155. La represión era tal que en esta época debe hablarse de «los filósofos clandestinos».

Dos, la represión británica para frenar el desarrollo de los contenidos crítico-burgueses de las ideas de Adam Smith sobre el capitalismo, amenazando a varios profesores de economía para que se retractasen de sus ideas y deportando a otro a Australia156 a finales del siglo XVIII. La anticipación, flexibilidad e iniciativa represiva limitó mucho el conocimiento crítico del capitalismo industrial naciente, tranquilizando al poder durante la larga guerra napoleónica.

Tres, «En 1848-49 el estado británico aplastó el Chartismo con la represión, tal como se explica en 1848: el estado británico y el movimiento chartista (Cambridge 1990) de John Saville. Al mismo tiempo o un poco más tarde, las revoluciones de 1848 en Francia, Alemania y otros países, fueron derrotadas. Marx y Engels volvieron al exilio; la Liga Comunista, la organización basada en el Manifiesto comunista, se hundió políticamente. (…) La Primera Internacional quebró porque fue perseguida después de la Comuna de París. Los proudhonistas en Francia, que constituían una parte substancial de ella, fueron aplastados con ejecuciones, el exilio y la prisión. Los líderes sindicalistas británicos se asustaron con la Comuna, pero la otra cara de la medalla fue la Ley de Reforma de 1867 y la Ley Sindical de 1871 que permitió a los partidos burgueses hacer ver que ellos podrían “hacer algo para la clase obrera”» 157.

Cuatro, el que aplicó la policía alemana: El embrión del partido socialdemócrata alemán estaba controlado políticamente por los servicios secretos de Bismarck que habían infiltrado al pintor Eichler nada menos que en el cargo de presidente del comité organizador158 del primer Partido Socialista alemán en 1863. Este agente infiltrado propagó la idea de que el Estado era un instrumento neutral que podía y quería ayudar al proletariado a mejorar su suerte por medio del cooperativismo y otros métodos, de manera que la instauración de la «justicia social» se realizaría pacífica y normalmente.

Y cinco, el sistema represivo italiano que, con variantes durante la dictadura fascista de 1922-45, se mantuvo en lo esencial desde el siglo XIX consistente en «una mezcla de palo y zanahoria, de autoritarismo draconiano y misericordia cristiana»159. Ni Platón ni Sun Tzu habían oído hablar de cristianismo pero estarían plenamente de acuerdo con esta doctrina represiva para derrotar la oleada de luchas sostenida desde finales del siglo XX. Una doctrina que actualizaba a principios del siglo XXI diversas tácticas clásicas como la tortura con otras inquisitoriales como las del «arrepentido» y «disociado»160.

Es cierto que el modo de producción capitalista introduce una realidad nueva, cualitativa, en el proceso represivo y por tanto obliga a las fuerzas revolucionarias a que su teoría de la organización tenga en cuenta, al menos, dos novedades históricas que garantizan la permanente reproducción ampliada del capital: el trabajo abstracto y el fetichismo de la mercancía, piezas claves en la legitimidad de la ideología burguesa de los derechos humanos, la democracia y el pacifismo, abstractamente considerados161. Ahora sería largo desarrollarlas pero sí debemos decir que denunciarlas y luchar contra ellas exige multiplicar la formación teórica y ética marxista de la militancia. Nos limitamos a decir que la teoría del fetichismo «permite explicar que, en la sociedad capitalista, la explotación queda camuflada, apareciendo el Estado por encima de las clase sociales y como el regidor del plusvalor»162.

La socialdemocracia europea no prestó ninguna atención a la lucha contra al fetichismo de la mercancía y el trabajo abstracto como partes vitales de la praxis marxista, lo que unido a otras deficiencias e indiferencias, facilitó el reforzamiento del pacifismo, del parlamentarismo y del neokantismo anteriormente infectados por el socialismo utópico. Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y contados grupos militantes llegaron a comprender demasiado tarde que la teoría de la organización es parte sustancial del sistema teórico marxista como matriz de cualquier praxis.

S. Haffner explica que Rosa y Karl sabían que eran vigilados por fuerzas reaccionarias, criminalizados por una campaña mediática que pedía a gritos su muerte, pero aun así, no tomaron ninguna medida de seguridad, no se escondieron, siguieron haciendo vida pública normal hasta su detención y asesinato. Según S. Haffner: «Estaban demasiado inmersos en su labor política y periodística para perder el tiempo pensando en su seguridad personal; tal vez incluso demasiado confiados, ya que ambos estaban muy acostumbrados a los arrestos y a las cárceles como para temerlos. Precisamente debido a su experiencia, seguramente durante mucho tiempo no llegaron ni a imaginar que esta vez se trataba de su vida; Rosa Luxemburg, de forma conmovedora, preparó para su “arresto” una maletita con pequeños objetos personales de poco valor y sus libros preferidos que ya la habían acompañado a la prisión en otras ocasiones»163.

La rutina es consejera mortal porque es esencialmente antidialéctica. La terrible represión de los comunistas espartaquistas fue facilitada, entre otras causas, porque no habían desarrollado a tiempo la teoría de la organización adecuada a la lucha revolucionaria de la Alemania de entonces. En 1918 la poderosa espontaneidad desorganizada de «los motines del arroz»164 en Japón terminó en un fracaso por su desorganización. Otro tanto sucedería pocos años después con la brutal masacre del movimiento obrero y comunista165 en las principales ciudades industriales de la China entre 1924 y 1934 en la que además de la débil organización también pesó y mucha la errónea política de III Internacional.

Es un garrafal error teórico y estratégico reducir el debate sobre la organización sólo a los problemas de la toma de conciencia, de cómo ganar elecciones, de cómo organizar manifestaciones, medios de prensa, locales y recursos económicos, etc. Nadie niega la importancia de estas cuestiones, pero la teoría marxista de la organización va mucho más al fondo de los problemas: plantea básicamente la cuestión del poder en sí mismo desde una perspectiva histórica larga. La teoría de la organización es un elemento más de la praxis revolucionaria y viceversa, no pueden extraerse lecciones de la praxis si en su interior no está la teoría de la organización.

Con absoluta razón histórica se debe decir que: «La experiencia clandestina de los bolcheviques, en todo caso, y las correspondientes formas organizativas desarrolladas en aquel período, les dieron una gran ventaja, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, respecto a los partidos socialdemócratas de la Europa occidental y central. El “oportunismo disfrazado” de estos últimos fue la causa de que incluso marxistas “de izquierda” como Kautsky careciesen, desde el punto de vista psicológico y organizativo, de la más mínima preparación para emprender el trabajo clandestino indispensable para una oposición consecuente a la guerra imperialista»166.

Esa ventaja volvió a confirmarse entre 1918 y 1940 en Europa, y muy especialmente desde 1941 cuando los comunistas fueron prácticamente los únicos capacitados física y psicológicamente para organizar guerrillas de liberación nacional contra la ocupación nazifascista, acciones de «violencia patriótica»167 practicada de múltiples formas según las circunstancia168, pero con una constante: «Buena parte de la Europa ocupada fue liberada de los nazis por las organizaciones locales de resistencia durante los dos últimos años de la guerra. Al derrumbarse el poder nazi, esas unidades habían pasado de ser pequeñas unidades clandestinas a convertirse en grandes movimientos de masas con millones de personas, la mayoría dominadas por los comunistas»169.

Ch. Bambery ha estudiado minuciosamente la II GM y en el apartado dedicado a las resistencias de los pueblos invadidos por el nazifascismo y el militarismo japonés extiende sus conclusiones más allá del período de guerra para entrar directamente en algo que ahora nos es urgente: «La experiencia de la ocupación engendra resistencia, como se ha podido comprobar repetidamente desde 1945. En la Europa ocupada se inició pronto (…) La colaboración de las clases dirigentes europeas con los nazis –o, en el mejor de los casos, contentadas con esperar a que los Aliados les liberasen- hizo que la resistencia desarrollara cada vez más una dinámica revolucionaria propia»170. Y poco después: «Debido a sus sólidas relaciones con los comunistas, los movimientos de resistencia europea, así como aquellos de entre los Aliados que ansiaban utilizarlos en contra de los alemanes, despertaban la sospecha de Londres y Washington»171.

Los comunistas pudieron ejercitar el derecho a la rebelión tan rápidamente porque estaban mentalizados psicológica, ética y teóricamente para ello, y porque conocían las formas organizativas adecuadas. La teoría de la organización incluye como elemento de necesidad el llamado «factor subjetivo» en su expresión psicológica más plena: la ética del derecho a la rebelión como parte de la teoría estratégica que explica que tarde o temprano las contradicciones del sistema volverán a poner de extrema actualidad la cuestión del poder, de la violencia del Estado y de su terrorismo consustancial.

Los Aliados sabían a su modo que dentro de la guerra contra el nazifascismo había dos guerras diferentes: la que libraba el capital imperialista occidental contra las burguesías de Alemania, Italia y Japón; y la «guerra popular (…) en tanto que amalgama de lucha de clases y de nación»172 contra las burguesías de sus países, sobre todo contra las colaboracionistas. Desde 1943 más y más nazifascistas se daban cuenta de que habían perdido la primera guerra, la inter imperialista, pero que se salvarían si negociaban una buena rendición con los Aliados capitalistas porque sus conocimientos se hacían insustituibles para ganar la segunda, la «guerra popular» nacional y de clase, y para aplastar a la heroica y decisiva URSS.

Los Aliados aprendieron la lección antes de acabar la IIGM y ya para 1944 tenían planes represivos que se pondrían en marcha contra la «guerra popular» nada más derrotar al nazifascismo. Uno de ellos era atacar al Ejército Rojo integrando a tropas alemanas «rendidas» a los ejércitos aliados, que admiraban su preparación y sus conocimientos sobre la fuerza soviética173. Poco después idearon varios planes para lanzar hasta 300 bombas atómicas contra las cien principales ciudades rusas174. No hace falta decir que esas medidas ofensivas contra la URSS se asentaban sobre otras medidas en la retaguardia europea occidental para desarmar a las guerrillas y destrozar a los comunistas.

El contenido anticomunista del Plan Marshall era una de ellas175, al igual que la OTAN y otros más: «La Casa Blanca y Downing Street temían que en varios países de Europa Occidental, y sobre todo en Italia, Francia, Bélgica, Finlandia y Grecia, los comunistas pudieran alcanzar posiciones de influencia en el ejecutivo y destruir la alianza militar OTAN desde dentro, desvelando secretos militares y revelándolos a la URSS. Fue en este sentido que el Pentágono junto con la CIA, el M16 y la OTAN, emprendió una guerra secreta creando y dirigiendo los ejércitos stay-behing como un instrumento para manipular y controlar la democracia de Europa occidental desde dentro, desconocido por la población y los Parlamentos europeos. Esta estrategia llevó al terror y al miedo, así como a la “humillación y maltrato de las instituciones democráticas”, tal y como criticó correctamente la prensa europea»176.

La «defensa de la democracia occidental» como el mejor sistema de protección de la propiedad capitalista, fue encargada a muchos antiguos imperialistas alemanes de 1914-18, que luego se hicieron nazis hasta 1945, que fueron reclutados por la CIA para sus guerras secretas y desde 1955 reintegrados en el Ejército de Alemania Federal con altas responsabilidades, que a su vez fueron el trampolín para acceder a los mandos centrales de la OTAN desde 1961. Esta es la trayectoria vital de A. Heusinger177 que ocupó el puesto de más responsabilidad militar «no civil» de la OTAN entre 1961 y su retiro en 1964. Miles de jueces, policías, militares, burócratas, periodistas, profesores, científicos, maestros e intelectuales, diplomáticos, etc., por no hablar del empresariado casi en su conjunto, de ideología nazifascista y del militarismo nipón178 y colaboradores con ellos en los países ocupados, fueron integrados directa o indirectamente en las múltiples ramas civiles y militares de la OTAN y de otros aparatos.

Que nadie crea que se han desmantelado estos y otros servicios, organismos, equipos, etc., una vez autodisuelto el Pacto de Varsovia e implosionada la URSS. Simplemente se han adaptado a las nuevas necesidades del imperialismo occidental179. No tenemos que recurrir a los ataques de la OTAN fuera de Europa, basta con ver su expansión hacia el Este, para cercar y presionar a Rusia, y sobre todo su papel en «La destrucción de Yugoslavia»180 entre 1990 y 2008 como base imprescindible de los EEUU para posteriores expansiones. Pero esta es una parte de la involución reaccionaria que está imponiendo la burguesía europea, retroceso rigurosamente estudiado y denunciado por Leyla Carrillo por su alcance global, porque anulan derechos tenidos como fundamentales hasta ahora por la propia ideología burguesa181.

Mientras la OTAN destruía Yugoslavia, desde 2003 el fascismo honraba públicamente la memoria de Mussolini182 celebrando una convención anual en el norte de Italia, con la pasividad del Estado. Uno más de los muchos actos de apología del nazifascismo que se realizan en la Unión Europea. Pero a diferencia del fascismo de 1922-45 el actual está cada vez más mundializado y estrechamente conectado con los aparatos militares estatales y privados de los capitalismos imperialistas mediante ejércitos privados183 legales que superan en poder e influencia a los Freikorps, Camisas Negras, SA y SS, Guardia de Hierro, Falange, etc.

En el Estado español las libertades democráticas de expresión e información184 están empeorando por tercer año consecutivo según la investigación de FUNCIVA que otorga una puntuación de 6,58 sobre 10 en el respeto de las libertades. Mediante la Ley Mordaza185 el llamado «poder judicial» pierde potestad sobre 3 millones de infracciones que quedan a libre arbitrariedad de la policía186. Dicho en general, el PP ha asestado un severo golpe represivo187 durante los cuatro años de legislatura que acaba de concluir. Estas y otras leyes van creando el caldo de cultivo ideológico y político para anular un derecho concreto, el de huelga188, que si es prohibido va a obligar al movimiento obrero y sindical, y a la izquierda militante, a volver a formas organizativas semiclandestinas o clandestinas para organizar la lucha en el interior del trabajo explotado, actualizando antiguos métodos organizativos que parecían ya periclitados.

Independientemente de si los posibles acuerdos políticos concluyan en un Gobierno de centro reformista que anule o derogue muchas o algunas de las leyes represivas impuestas por el PP en la anterior legislatura, al margen de esto y como principio de precaución, es conveniente adecuar la teoría de la organización a las necesidades revolucionarias del presente y del previsible futuro porque sigue siendo válida la advertencia de V. Serge: «La Seguridad Política debe tender a destruir el movimiento revolucionario en el momento de su mayor actividad y no desviar su trabajo dedicándose a empresas menores. De manera que el principio es dejar desarrollarse el movimiento para luego liquidarlo mejor»189.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

Euskal Herria 21 de enero de 2016

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133 13 de enero de 2016 (www.elpais.com)
134 I. Errejón, Abriendo brecha: apuntes estratégicos tras las elecciones generales, 11 de enero de 2016 (www.kaosenlared.net)
135 M. Martínez Romano, Construyendo una patria plurinacional, 18 de enero de 2016 (www.kaosenlared.net)
136 E. Llopis, La “integración” europea, bajo la égida de EEUU y el FMI. 4 de enero de 2016 (www.rebelion.org)
137 ¿Por qué y cómo debemos organizarnos?, del 29 mayo de 2011, y ¿Pare qué y cómo debemos organizarnos?, del 26 de junio de 2011, ambas en (www.matxingunea.org) El colectivo Borroka Garaia Da volvió a publicar en su página web las dos ponencias más una breve presentación, en el texto titulado Organización revolucionaria, del 28 de enero de 2013.
138 Véase ¿Por qué editar el ¿Qué hacer? en Euskal Herria?, 24 de junio de 2014 (www.matxingunea.org) y en formato libro en Boltxe Liburudenda, Bilbo, 2014,
139 AA.VV, Días rebeldes. Crónicas de insumisión. Octaedro, Barcelona 2009, pp. 10-19.
140 Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Akal, Madrid, 1989, p. 310.
141 Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Akal, Madrid, 1989, p. 485.
142 José Antonio Saco: Historia de la esclavitud. Biblioteca Júcar. Madrid 1974. P. 41-42.
143 G. Thomson, Los primeros filósofos, Ciencias Sociales. La Habana, 2009. p. 18º.
144 J. Amadeo y G. Rojas, «La categoría de “guerra” en el pensamiento platónico-aristotélico». La Filosofía Política Clásica. De la Antigüedad al Renacimiento. A. Borón (compd) Clacso. Argentina 2003. Pp. 269-274.
145 K. Hopkins: Conquistadores y esclavos, Península, Barcelona 1981, p. 150.
146 E. Ferrer Rodríguez: De la lucha de clases a la lucha de frases, Taurus, México 1995, p. 26
147 Sun Tzu: El arte de la guerra, Fundamentos, Madrid 1974, pp. 49-53.
148 Sun Tzu: El arte de la guerra, Fundamentos, Madrid 1974, p. 90.
149 Tao Hanzhang, El Arte de la Guerra de Sun Tzu, Altorrey, Buenos Aires, 1997, pp. 59-62.
150 Tao Hanzhang, El Arte de la Guerra de Sun Tzu, Altorrey, Buenos Aires, 1997, pp. 49-57.
151 Bai Shouyi et alii, Breve historia de China, Ediciones en lenguas extranjeras, Beijing, 1984, pp. 92-93.
152 A. de Swaan, A cargo del Estado, Pomares-Corredor, Barcelona 1992, pp. 25-67.
153 Bai Shouyi et alii: Breve historia de China. Lenguas Extranjeras. Beijing 1984, p. 114.
154 J. L. Murga: Rebeldes a la república, Ariel, Barcelona 1979, pp. 121-122.
155 J. M. Bermudo, La Filosofía moderna y su proyección contemporánea. Barcanova, Barcelona 1983, pp. 144-147.
156 N. Davidson: Transformar el mundo, Pasado&Presente, Barcelona 2013, pp. 145-146.
157 M. Macnair: Las lecciones de Erfurt: la Segunda Internacional ¿se basó en “partidos de toda la clase”?, 13 de octubre de 2013, www.sinpermiso.info
158 J. Droz: «Los orígenes de la socialdemocracia alemana». Historia General del Socialismo, Destino Barcelona 1976. Tomo 1. p. 481.
159 A. Stella, Días de sueño y plomo. Vivir la insurrección en la Italia de los 70, Virus, Barcelona 2015, p. 173.
160 A. Stella, Días de sueño y plomo. Vivir la insurrección en la Italia de los 70, Virus, Barcelona 2015, p. 160
161 Concepción Cruz Rojo e I. Gil de San Vicente, Derechos Humanos, arma de destrucción masiva, Boltxe Liburuak, Bilbo 2015, pp. 105-154.
162 AA.VV. Elementos de análisis económico marxista, Catarata. Madrid 2002, p. 27.
163 S. Haffner: La revolución alemana de 1918-1919, IneditaEditores, Barcelona 2005. p, 161.
164 J. P. Vilaine, «Los motines del arroz», Días rebeldes, Octaedro, Barcelona, 2009, pp. 198-201.
165 J. Chesnaux, «El socialismo en Extremo Oriente: el nacimiento de la China comunista» Historia General del Socialismo. Destino, Barcelona 1982, Tomo III De 1918 a 1945, pp. 144-148.
166 M. Jhonstone: «Un instrumento político de nuevo tipo: el partido leninista de vanguardia». Historia del marxismo, Bruguera, 1983. T. 7, (I). p. 435.
167 R. Miller: «La Resistencia I», La Segunda Guerra Mundial, Time Life Folio, Barcelona 1996, p. 18.
168 G. Kolko: El siglo de las guerras. Política, conflictos y sociedad desde 1914, Paidós, Barcelona 2004, p. 214.
169 N. Faulkner: De los neandertales a los neoliberales, Pasado&Presente, Barcelona 2014, p. 395.
170 Ch. Bambury, Historia marxista de la segunda guerra mundial, Pasado&Presente, Barcelona 2015, p. 263.
171 Ch. Bambury, Historia marxista de la segunda guerra mundial, Pasado&Presente, Barcelona 2015, p. 266.
172 D. Glucksrein, La otra historia de la segunda guerra mundial. Ariel, Barcelona 2013, p. 245.
173 J. R. Pauwels, El mito de la guerra buena. Hiru Argitaletxe, Hondarribia, 2002, pp. 163-176.
174 J. Fontana: Por el bien del imperio, Pasado&Presente, Barcelona 2013, p. 47.
175 D. H. Aldcroft: La economía europea 1914-2012, Crítica, Barcelona 2013, p. 217.
176 Daniele Ganser, Los ejércitos secretos de la OTAN, El Viejo Topo, Barcelona 2010, p. 336.
177 M. de Ayuso, Adolf Heusinger: la historia del general nazi que acabó dirigiendo la OTAN, 10 de enero de 2016 (www.elmundo.es)
178 J. Fontana, Por el bien del imperio. Pasado&Presente, Barcelona 2013, pp. 25-32.
179 Véase, ¿Acabar con la OTAN mediante elecciones europeas? 11 de abril de 2014 (www.matxingunea.org)
180 J. Fontana, Por el bien del imperio. Pasado&Presente, Barcelona 2013, pp. 794-803.
181 L. Carrillo Ramírez: La Unión Europea y los derechos humanos, Ciencias Sociales, La Habana 2010,pp. 138-139.
182 A. Stella, Días de sueño y plomo. Vivir la insurrección en la Italia de los 70, Virus, Barcelona 2015, p. 177
183 P. Phillips, El fascismo del siglo 21: Empresas militares privadas sirven a la clase capitalista transnacional. 22 de octubre de 2015 (www.elclarin.cl)
184 30 de diciembre de 2015 (www.kaosenlared.)
185 Véase, Contra el endurecimiento de la Ley Mordaza, 3 de julio de 2015 (www.matxingunea.org)
186 27 de junio de 2015 (www.elpais.com)
187 E. Muriel, En esta legislatura ha habido un punto de inflexión grave en el plano represivo, 26 de diciembre de 2015 (www.lamarea.com)
188 CCOO, Reino de España, el derecho de huelga en el banquillo, 16 de enero de 2016 (www.sinpermiso.info)
189 V. Serge, Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, ERA, México 1973, p. 21. Hay edición de Boltxe Libuaruak, Bilbo, de 2013, y está disponible en la red.

"Porque la esclavitud se acabó ¡oh gloriosos muertos! Cuando ustedes cayeron en la mojada niebla". (The Foggy Dew, Canon Charles O'Neill, 1919)

Este año se celebra el centenario de la Insurrección de Pascua, en el que un grupo de republicanos irlandeses decretaron, en nombre de Dios y de las generaciones pasadas, la independencia de Inglaterra y el establecimiento de un gobierno provisional, la República Irlandesa (Poblacht na hÉireann). La insurrección tuvo por epicentro Dublín, bastión de la dominación colonial; naturalmente, la reacción inicial de la mayoría de la población al levantamiento republicano fue abiertamente hostil. El aislamiento político, así como la debilidad militar de los republicanos, hicieron que la insurrección fuera derrotada a los pocos días. Sin embargo, este fue el comienzo del resquebrajamiento del Imperio Británico. Al poco tiempo, el ejemplo de los mártires de 1916 inspiró a republicanos y revolucionarios en toda Irlanda a alzarse contra el imperio y la violencia de la reacción británica inclinó la opinión pública definitivamente hacia el campo de los insurgentes. Hacia 1921 las tropas británicas y sus auxiliares paramilitares, los temidos y detestados Black & Tans, habían sido derrotados e Irlanda se dividiría entre la República en el sur e Irlanda del Norte, aún bajo dominio británico.

Amnesia y vergüenza

En casi todos los países que alguna vez fueron una colonia, el día de la independencia es el día más importante en el calendario. No en Irlanda. Algunos dirán que es porque Irlanda aún no es totalmente independiente. Como sea, la celebración del día de San Patricio, como día principal de Irlanda, ignora las luchas de los republicanos en más de dos siglos de lucha independentista, a la vez que refuerza el imaginario de la nación Católica y conservadora que se impuso en el sur después de la "partición" en 1922. El centenario de la insurrección de Pascua, empero, debería ser la ocasión para conmemorar esa lucha y la enorme marca que dejó en la conciencia colectiva irlandesa. Sin embargo, la clase dominante irlandesa, que amalgama a neocolonialistas nostálgicos de los buenos días del imperio (los llamados Westbrits, o británicos del oeste) junto a tecnócratas neoliberales, se siente particularmente avergonzada de los eventos de 1916 y preferirían que este año pase rápido y sin mucha bulla.

Prefieren recordar al "pacifismo" de John Redmond (líder de la facción que pedía mayor autonomía pero no independencia para Irlanda), y dedican más lágrimas a recordar a quienes pelearon en la batalla del Somme, en la Primera Guerra Mundial, en ese sacrificio conjunto de irlandeses e ingleses en contra del "despotismo germánico". Esta visión es lo que queda claro en un video vergonzoso producido por el gobierno de la República de Irlanda para, supuestamente, conmemorar 1916: aparte de un segundo en el que se ve, al comienzo, una copia de la declaración de independencia, no hay una sola mención a la insurrección ni a los líderes de ella, asesinados por la Corona, pero sí aparece la Reina Isabel, Bono y Sir Bob Geldof, con una horrenda melodía de música-celta-basura-para-turistas [1].

Calumnias

Pero no es solamente un ejercicio de amnesia o de vergonzante silencio lo que está practicando la clase dominante irlandesa. Es, además, un ejercicio de revisionismo histórico, liderado por figuras como el político John Bruton, del partido gobernante Fine Gael (partido ultra-derechista cuyos orígenes se remontan a un movimiento fascista en la década de los '30 que envió combatientes a Franco), y que ha encontrado su expresión mediática en un programa transmitido por televisión estatal llamado Rebelión. Deploran la violencia "terrorista" (haciendo un claro paralelo con la campaña del IRA durante las últimas tres décadas del siglo XX), pero no dicen que más de 30.000 irlandeses murieron gracias la "pacífica" estrategia de Redmond de apoyar la aventura militar-imperial de Inglaterra a cambio de mayor autonomía para Irlanda, una cifra muy superior a todos los muertos que hubo en la insurrección y la guerra de liberación nacional que la siguió. Esto nos recuerda la justeza de un proverbio de Mayo del '68: que un año de revolución es menos sanguinario que un fin de semana de normalidad capitalista.

Atacan el legado de 1916, denigran a los republicanos y revolucionarios que tomaron parte en esta insurrección, partiendo por Pádraig Pearse, a quien presentan como un fanático reaccionario irresponsable deseoso de ofrendar un sacrificio de sangre por la república, cuando no como un terrorista o un proto-jihadista. Para ello, descontextualizan frases por él dichas en emotivos discursos que coquetean con la religiosidad irlandesa, en que dice, frecuentemente, que la sangre tendrá el efecto de redimir a la nación irlandesa. Sin embargo, la exaltación del sacrificio no era una particularidad de Pearse; recordemos que en esos momentos se libraba la Primera Guerra Mundial y el lenguaje dominante era de llamar al sacrificio y exaltar la sangre derramada de los héroes patrios. Las campañas de reclutamiento de la Corona en Irlanda, utilizaban este mismo lenguaje, y con él, más de 200.000 jóvenes irlandeses se inscribieran para participar en el esfuerzo bélico británico –muchos de ellos sin trabajo y pasando hambre, otros esperanzados en que su sacrificio levaría a que Inglaterra concediera la autonomía a Irlanda-. Pearse, sencillamente, utilizaba el lenguaje hegemónico para llamar a la lucha por la independencia de Irlanda. Descontextualizar sus palabras es un acto de deshonestidad política, que les sirve de cuña para atacar a otros republicanos y revolucionarios, como el socialista James Connolly y para atacar la idea misma de la República, que tenía como fundamento la igualdad de los ciudadanos y la propiedad en común de Irlanda, según se dice en su misma declaración.

Temor

Ciertamente, en un país dominado por la desigualdad, donde la clase trabajadora ha debido soportar de manera totalmente inmoral el peso de la crisis económica producida por los especuladores financieros –que se han seguido enriqueciendo mientras la mayoría de la población se ha empobrecido, el recuerdo de 1916 les da pánico. Un momento histórico no agota toda su potencialidad mediante su mera ocurrencia física. Su recuerdo y las lecciones que de él se puedan extraer, son un eco que resuena poderoso y más fuerte a medida que el tiempo pasa. 1916, en pocas palabras, no es un asunto terminado y en el 2016 muchos de sus objetivos siguen como tarea pendiente: lograr la igualdad, mientras se castiga con impuestos regresivos al pueblo, lograr la definitiva salida de la ocupación británica en el norte de la isla, lograr la propiedad en común de los bienes, mientras se siguen levantando más y más cercas privatizadores por todo el país y se regalan los recursos naturales –entre ellos el petróleo del oeste del país- a capitales multinacionales.

No es casual que esa clase dominante quiera borrar todo recuerdo de que en Irlanda alguna vez hubo una rebelión y así poder normalizar la relación típicamente neocolonial con Inglaterra. Particularmente, cuando esta rebelión se acompañó de una importante agitación popular, cuyo clímax fue la creación de más de 100 soviets obreros y campesinos en el sur de Irlanda entre 1919-1923. La exministra Mary Harney alguna vez dijo que Dublín estaba más cerca de Londres que de Belfast, expresando meridianamente esta mentalidad neo-colonial, a la vez que quitan piso a cualquier asomo de legitimidad para la campaña militar del IRA en el Norte desde 1970 hasta tiempos recientes. Imponen la tesis de que lo que se ganó con el acuerdo de Viernes Santo en 1998 ya estaba ganado en 1974 y que, por tanto, toda la campaña militar fue inútil. De la misma manera, Bruton y sus aliados dicen que en 1914 ya Redmond había ganado lo que se conquistó en el período de 1916-1922. Todo esto es falso. Sin esos actos de fuerza, habría sido imposible lograr los incompletos avances que se lograron. De la misma manera, profundizar lo avanzado y conquistar nuevos derechos requerirán de una amplia movilización popular en Irlanda, que ha demostrado como el pueblo está preparado para emprender acciones de desobediencia civil y acción directa, cosa que ha quedado demostrada en la lucha que hoy se libra contra el impuesto del agua. No es la primera vez que vemos un fenómeno parecido de revisionismo histórico: ya los intelectuales franceses, en pleno carnaval reaccionario a finales de los '80, mostraban su mezcla de hostilidad y vergüenza por los "excesos" de la Revolución Francesa.

Obviamente, todo esto es también parte de una tendencia global a criminalizar toda forma de rebelión o resistencia, y de tacharlas como "terrorismo". La tecnocracia neoliberal y neocolonial irlandesa sencillamente utiliza esta tendencia global entre las potencias para avanzar su propia agenda política. Vivimos tiempos de reacción profunda en Europa y el ejercicio de la memoria histórica es casi un acto subversivo. Por eso temen a 1916: porque es un recordatorio de las potencialidades de un pueblo digno, un recordatorio que la resistencia nunca es en vano. Pero también es una promesa de lo que podemos ser si nos lo proponemos. Con sus limitaciones, con sus errores, la Insurrección de Pascua es parte de esa herencia que debemos recordar, celebrar y estudiar.

José Antonio Gutiérrez D.
19 de Enero, 2016

Una batalla de dos décadas de antigüedad sobre quién tiene el derecho de usar la marca Havana Club en Estados Unidos terminó tranquilamente esta semana en la Oficina de Patentes y Marcas con la decisión de que el legítimo propietario es una empresa del gobierno cubano.

La lucha enfrentó a Bacardí contra Cubaexport —socio cubano del fabricante francés de licores, Pernod Ricard— por la distribución mundial del ron más emblemático de Cuba, el Havana Club.

Debido al bloqueo, el ron hecho en Cuba ni siquiera puede ser vendido en Estados Unidos. Pero a partir del proceso por la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, se acerca el día en que el ron de Cuba no sólo llegue en las maletas de los visitantes a la isla, sino que se venda libremente en el mercado estadounidense.

El miércoles, la oficina de marcas informó a David Bernstein, abogado de Nueva York que representa Cubaexport, que el registro en los Estados Unidos de la marca de la compañía cubana Havana Club había sido renovado, pero sólo hasta el 27 de enero. Esto se debe a que el período de diez años data de 2006, cuando fue rechazado el intento de Cubaexport por volver a registrar la marca.

Olivier Cavil, portavoz de Pernod Ricard, dijo que ya ha sido presentada una petición para renovar la marca por otro período de 10 años.

Bacardi también trató de reforzar su caso mediante la venta de su propio Havana Club —hecho en Puerto Rico a partir de la receta de la familia Arechabala, en la Florida— para establecer sus derechos de propiedad a través del uso de la marca.

Después de que el Tribunal Supremo se negara a revisar el caso en mayo de 2012, Bacardi esperó a que la Oficina de Patentes y Marcas cancelara el derecho de Cubaexport a utilizar el nombre en los Estados Unidos.

Pero Cubaexport presentó una petición ante la oficina de marcas, diciendo que el registro no podría ser revocado y que permanecería congelado mientras se mantuviera el bloqueo a Cuba.

A pesar de que los Estados Unidos y Cuba restauraron las relaciones diplomáticas el año pasado, el bloqueo prohíbe la mayoría de las transacciones financieras con la isla a menos que estén autorizadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, OFAC.

Cuando Cubaexport trató de obtener una licencia de la OFAC en 2006 para poder pagar 500 dólares y renovar la marca Havana Club, la OFAC se negó, diciendo que había consultado con el Departamento de Estado y la concesión de una licencia a Cubaexport “sería incompatible con la política de Estados Unidos.”

El resultado: el registro de Cubaexport fue declarado “cancelado, vencido”.

La solicitud también fue complicada por el artículo 211, que fue adjuntado a un proyecto de ley de gasto federal de 1998 y prohíbe cualquier acción de marcas o pagos en relación con un negocio o activos confiscados.

Cubaexport impugnó la decisión de la OFAC en una corte federal en Washington DC, pero perdió y también perdió en la apelación. Cuando la Corte Suprema se negó a escucharlo, el caso regresó a la oficina de marcas en el 2012.

Sin embargo, recientemente, Cubaexport aplicó de nuevo para una licencia de la OFAC para pagar sus gastos de inscripción y esta vez se le concedió, dijo el portavoz de Pernod Ricard, Olivier Cavil.

El martes, Cubaexport presentó una licencia que autoriza el pago de su cuota de presentación para la renovación del registro de 2006, “así como todas las demás transacciones necesarias renovar y mantener el registro”. Al día siguiente, el registro de la marca se renovó.

En cuanto al impacto de la decisión para el negocio, Cavil dijo: “No es demasiado significativa. No hay impacto en el negocio en lo absoluto, porque el embargo sigue vigente”.

Pernod Ricard, que también ha sobrevivido a los desafíos de Bacardi sobre el uso internacional de la marca Havana Club, sigue distribuyendo la marca en más de 100 países y vende alrededor de 4 millones de cajas al año.

(Publicado por Mimi Whitefield en Miami Herald/ Traducido por )

Todo lo que en México sabemos sobre el Chapo Guzmán proviene de la televisión o de leyendas urbanas. Son pocas las personas, comparadas con el resto del país, que podrían tener una experiencia cercana al famoso narcotraficante.
 
 
Algunas de esas personas son periodistas especializados, militares, funcionarios del Gobierno, o habitantes del Estado de Sinaloa donde tiene su base el poderoso Cártel que lidera Joaquín Guzmán Loera. Algunas amistades del norte del país alguna vez me han contado historias sobre como conocieron a alguien o estuvieron en algún lugar relacionado con él o su gente.
 
Pero estas anécdotas de alguna forma son comunes en todo México. En cada bar del país alguien puede contarte una narco-historia, no necesariamente relacionada al Chapo, pues hay más de cinco o seis carteles de la droga en esta nación alrededor de las cuales giran este tipo de experiencias. Por eso es que hay tantos autores sobre narcotráfico en México. Los cuentos están ahí, simplemente.
 
Por eso es que, la re-recaptura del Chapo Guzmán es algo que solo queda en la anécdota. En general, no tiene nada qué ver con la realidad constante de la mayoría de quienes vivimos en México. Por supuesto, estamos por escuchar nuevos corridos, saldrán otros libros, y nos regodearemos apostando si se escapara de nuevo o no, o con los chismes derivados de asuntos como la sorpresiva (y debo decir, genial) entrevista que realizaron al capo el actor estadounidense Sean Penn y la actriz mexicana Kate del Castillo para la revista Rolling Stone.
 
Un trabajo hecho dos meses antes de la actual aprehensión y cuando el gobierno mexicano aún perseguía al jefe del cartel de Sinaloa. Dicho sea de paso decir: ¿Cuanto ridículo mundial es suficiente para el presidente Peña Nieto?
 
A reserva de conocer una encuesta rigurosa donde se mida el impacto que ha tenido esta recaptura en la imagen pública del presidente mexicano (tenida en apenas un 20% de aceptación), mi experiencia saldada de conversaciones con colegas y otras personas me permite decir que a la gente le importa un bledo que hayan reaprehendido al Chapo Guzmán. Cualquiera podría verlo en twitter. Hay más preocupación por la creciente devaluación del peso frente al dólar que por el caso del narcotraficante. Y no es para menos.
 
La crisis económica en México supera el 21%; el petróleo se ha caído un 14% y de a poco se experimenta el drama del desmantelamiento de los servicios públicos de salud y educación. Además, muchas personas siguen cuestionándose ¿Y donde están los 43 de Ayotzinapa?
 
En términos concretos, la figura del Chapo no nos dice nada para quienes andamos a pie. Su negocio está arriba, entre los círculos de poder político y económico. Tiene qué ver con la red que soporta directa e indirectamente la estructura del cartel de Sinaloa. Las drogas que produce y que no van para Estados Unidos, se venden en las fiestas exclusivas; en escuelas privadas, oficinas y despachos de segundo y primer nivel; en bares y tables dance. Círculos de alto consumo donde se pagan cientos de pesos por una piedra de crack. Donde además hay apuestas ilegales , trata sexual y se pactan los tratos de lavado de dinero y otros negocios ilegales. Asuntos que por razones pocas veces documentadas pasan de largo ante el ojo de las autoridades.
 
Se trata de un entramado de corrupción de gran nivel que hace posible la existencia de carteles de narcotráfico, según ha señalado el ex asesor de la ONU e investigador de la Universidad de Columbia, Edgardo Buscaglia. Una telaraña tan bien tejida y con tantos intereses que luce indestructible. Que tan fuerte es que aunque ya van tres veces que capturan al lider del Cártel de Sinaloa, su poder no merma. Se prevé que ésta vez ocurra lo mismo; es decir, nada.
 
Esa es la razón fundamental por la cual la recaptura del Chapo se queda ahi, en los titulares de noticias. El Cártel de Sinaloa continuará porque hay otros tantos jefes que manejan el negocio. El narcotráfico en México seguirá porque extiende sus redes a círculos de alto poder que no son investigados. La violencia no disminuirá (efecto que sí nos atañe), porque sus ejecutores no necesariamente son grupos ilegales. De modo que el golpe sólo interesa a unos cuantos involucrados.
 
A Peña Nieto para intentar lavar su imagen ante Estados Unidos y a una plutocracia que se aferra al Estado en tiempos electorales por venir. Medios y Gobierno han convertido esto en un circo de hipócritas. Aquí la vida sigue siendo la misma y cada vez peor.
 

 Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR

Radio Nizkor, 07ene16 / Un grupo de 18 militares, entre ellos Manuel Benedicto Lucas García, exjefe del Estado Mayor General del Ejército durante el conflicto armado interno, fueron detenidos al estar involucrados en dos investigaciones del Ministerio Público por desapariciones forzadas y crímenes contra la humanidad.

El 6 de enero de 2016, un despliegue de la fuerza pública, coordinado por la Fiscalía de Sección de Derechos Humanos, permitió la captura de los veteranos militares: un grupo de 14, involucrado en desapariciones forzadas entre 1981 y 1986; y otro grupo relacionado con la desaparición de Marco Antonio Molina Theissen, en septiembre de 1981.

La primera investigación, por la que el Juzgado de Mayor Riesgo A autorizó los allanamientos y capturas, se remonta a la ejecución del Plan de Sánchez, en Rabinal, Baja Verapaz, el 18 de julio de 1982, en donde tropas del ejército y expatrulleros de autodefensa civil irrumpieron en la comunidad, torturando y asesinando a la población civil.

Según la fiscalía, Benedicto Lucas García, en cuanto jefe del Estado Mayor del Ejército tenía autoridad de mando sobre el comandante de la referida base, donde recientemente se localizaron más de 500 osamentas.

La investigación señala que los detenidos habrían tenido responsabilidad en al menos 88 eventos relacionados con masacres entre 1981 y 1986, en el contexto del conflicto armado interno. La Fiscal General Thelma Aldana, manifestó que "Los casos que hemos documentado son contra población civil, no combatiente, entre ellos niños", es una "de las mayores desapariciones forzadas en América Latina".

Los militares detenidos y enviados a prisión provisional en la cárcel de la Brigada Mariscal Zavalason, son: Manuel Benedicto Lucas García; Byron Humberto Barrientos Díaz; Gustavo Alonso Rosales García; José Antonio Vásquez García; Carlos Humberto Rodríguez López; Ismael Segura Abularach; Pablo Roberto Saucedo Mérida; César Augusto Ruiz Morales; Juan Ovalle Salazar; Édgar Rolando Hernández Méndez; Carlos Augusto Garavito Morán; Luis Alberto Paredes Nájera; César Augusto Cabrera Mejía y Raúl Dehesa Oliva.

A las detenciones anteriores hay que añadir la aprehensión, el mismo día, de cuatro oficiales del Ejército a cargo de la Zona Militar "GMLB" de Quetzaltenango, sospechosos de participar en la desaparición forcada del menor Marco Antonio Molina Theissen, acaecida el 6 de octubre de 1981. Se trata de Francisco Luis Gordillo Martínez, comandante de la zona militar; Edilberto Letona Linares, segundo comandante; el oficial S-2 del Estado Mayor Hugo Ramiro Zaldaña Rojas y el general de división Manuel Antonio Callejas Callejas...

El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López instó a los venezolanos a defender la memoria histórica del país ante quienes quieran irrespetarla y leyó un comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) que rechaza la “indignante orden dictada por el presidente del Parlamento”. “¡La historia de Bolívar es la historia de Venezuela, y la historia de Venezuela es la historia de América!”, de igual forma sostuvo que esta acción demuestra que quieren atropellar la memoria histórica y “lo que tiene el pueblo venezolano en su gentilicio es precisamente su historia”. teleSUR

Bogotá, 1 ene (RHC) La revista digital Report Colombia Al Día destacó el crecimiento registrado en 2015 por el turismo cubano, que ascendió hasta noviembre pasado en 17,6 por ciento.

En su número más reciente, la publicación especializada subraya que en esos once meses arribaron a nuestro país más de tres millones cien mil visitantes foráneos, con Canadá como el principal país emisor.

Añade la publicación colombiana que después de los turistas canadienses, los visitantes más asiduos a la nación caribeña provienen de Europa, fundamentalmente de Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia.

Argumenta Report Colombia Al Día que el actual auge turístico de Cuba coincide con el nuevo escenario tras el inicio del proceso para la normalización de las relaciones diplomáticas con y Estados Unidos, desde donde han llegado desde el primero de enero de 2000 hasta mediados de diciembre, más de 147 mil viajeros.

Recuerda la revista colombiana que Cuba traspasó la barrera de los tres millones de turistas extranjeros en 2014, año en el que el sector aportó a las finanzas del país unos 2 700 millones de dólares.

Editado por Nuria Barbosa León

El forastero.

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Cuento

Por Nelson Lombana Silva

Era la primera vez que visitaba la población. Todo a su alrededor le era novedoso. Las calles húmedas y taciturnas parecían laberintos oscuros, inhumanos y salvajes de donde brotaban transeúntes sonámbulos, ensimismados y melancólicos. No parecían tener un horizonte, parecían autómatas que se movían por simple inercia. Se hizo a la idea de que Fusa era una ciudad triste, melancólica y desértica. Tenía para entonces 23 años, hoy tiene 54 primaveras y sigue pensando lo mismo. Según él, no estaba equivocado a pesar de los edificios vistosos, las avenidas adornadas de palmeras verdosas color esmeralda y las piscinas con calefacción. "Lo que es, es", suele decir al recordar esa primera visita.

Caminó despacio de la agencia a la tienda de la cita y acomodando el pequeño equipaje sobre una silla plástica, se animó a pedir café con leche y buñuelo. La tendera, una mujer alta, desgreñada, de mirada montaraz, sirvió el pedido y mientas comentaba con la vecina de la mesa vecina, lo dejó sobre la mesita plástica de color blanco que Juan había seleccionado. Hacía frío. La llovizna pertinaz no hacía pausa. Mientras saboreaba el pedido, Juan dirigía  la mirada en todas direcciones, escrutando el entorno con su mirada triste. Sintió melancolía, algunos dirían mamitis. Era la primera vez que salía de la casa por riesgo propio. Aquello le parecía una aventura singular. Hurgó en el maletín y sacó de allí el libro de poemas de Pablo Neruda: Una colección de su mejor poesía.

Pasó inadvertido hasta tanto comenzó a leer en voz baja los poemas del poeta chileno. Poco a poco comenzó a sentir el peso de las miradas de las otras mesas. A intervalos levantaba la mirada y se encontraba con la de algún vecino o vecina. Al comienzo le restó importancia, después cierto orgullo y finalmente, angustia, pánico. La tendera fue directa y cruda: "Eres forastero, ¿Verdad?" Juan la miró estupefacto, sintió un corrientazo por el espinazo. Sin embargo, intentó conservar la tranquilidad y abriendo la boca con dificultad contestó por entre los dientes: "No soy de Fusa", dijo. Se reacomodó y siguió leyendo sin dar más explicaciones, al parecer la tendera quedó satisfecha con la respuesta. Creo que eran las tres de la tarde, cuando apareció la persona que esperaba. No se bajó del  automóvil Chevrolet color rojo. Era grueso, trigueño y bien hablado. "¿Tú eres el amigo de mi tío Ricardo?". "Sí señor", dijo Juan poniéndose en pie con dificultad. El visitante lo miró fríamente de arriba abajo y de abajo a arriba. Creo que se desmoralizó de un solo golpe. Juan – por su parte – no podía ocultar la ansiedad. Nervioso e inseguro avanzó hasta él estirándole la mano, pero el automovilista no le correspondió fingiendo tener con firmeza la cabrilla del automóvil. Tenía anteojos transparentes con montura de carey y vestía deportivamente. Una sudadera roja con vivos blancos y una camiseta del mismo color. Juan no sabía cómo mantener una comunicación fluía, mucho menos cómo convencer, desde un principio se sintió derrotado. Sabía de antemano la respuesta. Sin embargo, trató de justificar su presencia diciendo que quería estudiar en esta población gracias a la generosidad de Ricardo. "Ricardo es mi tío y lo quiero mucho", dijo. "¿Qué sabes hacer?", interrogó bajándole un poco el sonido a su estridente equipo portátil que tenía el automóvil. Juan se estremeció. No sabía qué contestar. Titubeó de principio a fin. Su respuesta fue incoherente, evasiva y superflua. No obstante, no paraba de hablar. "No sabe hacer nada", concluyó el automovilista que no tuvo la decencia de presentarse. "Yo necesito una familia para que me administre la finca, pero usted no es el pollo, porque eres joven, no tiene mujer y no sabe nada", lo dijo sin rodeos como regañando a Juan. Los ojos de Juan se nublaron, se sintió impotente y disminuido. "Ante todo – contestó – soy campesino". "Eso no es suficiente, hoy se impone la tecnología y tú no tienes ni idea de eso. Dile a mi tío Ricardo que será en otro día y en otra forma que le pueda ayudar". Aceleró el carro y se perdió en la distancia. Se fue tan rápido como había llegado.

Apesadumbrado, Juan, apretó los labios y mirando la distancia volvió a sentarse. El castillo caía estrepitosamente, la realidad era más cruda que la imaginación. Había concebido la idea de estudiar en esa universidad y trabajar en la casaquinta. Tenía una idea vaga de las dificultades para estudiar el pueblo, pero jamás imaginó que era tan dura y humillante la realidad del sistema económico que él alimentaba con su voto sin tomar conciencia de clase. El cielo plomizo seguía hilvanando lluvia menuda y monótona. Acariciando su barbilla dispersa repensó su situación sin hallarle una salida coherente. Lo único que se le ocurrió fue volver a leer poesía nerudiana, como intentando encontrar en estas páginas trilladas y amarillentas la solución  a su problema. Así permaneció hasta que el subconsciente le preguntó: ¿Y en dónde vas a pasar la noche? Bostezó, cerró el libro de pasta azul y mirando sin ver a la tendera preguntó por la cuenta. Una vez pagó volvió a sentarse. No sabía para dónde coger.

A pesar de la llovizna la gente iba de un lado para otro caminando despacio. Las mujeres empuñaban los paraguas negros, escondiendo sus cuerpos con sus trajes oscuros. La tarde era inexorable. Volvió a leer poesía justo en el momento en que un desconocido se sentó en su misma mesa por cuanto todas las demás estaban ocupadas. "Con permiso", dijo. Era un hombre de baja estatura, grueso y de manos encalladas. Pidió también un café con leche y un pan leche. Juan levantó la mirada y lo saludó. Luego, siguió leyendo. El forastero tenía pinta de campesino. Todo lo delataba. Llevaba consigo un bolso de cuero negro. Juan, interrumpió la lectura y acomodándose mejor, le preguntó: "¿Usted sabe quién da trabajo por acá?" El forastero lo miró asombrado: "¿Qué sabe hacer usted?" Juan se empinó un poco para contestar: "De todo lo que hay que hacer en el campo". El forastero no pudo ocultar su enfado y mirando a Juan le dijo que le dijera la verdad. "Todos merecemos respeto", dijo medio ofuscado. Juan, sonrió levemente. Lo miró sin remordimiento y calculando la respuesta, dijo: "Ante todo soy campesino y busco trabajo". El forastero lo miró de arriba abajo y de abajo arriba asumiendo ahora un simple comportamiento de intriga. Lo invitó a tomar algo. Juan pidió un café con leche y una mogolla. "Gracias", dijo una vez hizo el pedido. El forastero se presentó: "Me llamo Humberto, soy dueño de varias fincas cafeteras en Icononzo, el café se está cayendo y la máquina de pelar café sacó la maleta. Voy a Bogotá a comprar un repuesto".  Juan sonrió levemente. Humberto, agregó: "No conozco bien Bogotá". Reflexionó unos instantes para preguntar: "¿Usted conoce bien a Bogotá?". Juan ni en sueños había estado en esta ciudad. Sin embargo, dijo que sí. "Me gustaría que me acompañara – dijo – pero qué tal que usted sea un ladrón y me robe". Juan no se ofusco. Por el contrario, comprobó que aquel forastero que tenía en frente era campesino. "Solo hay una manera de cerciorarse si la persona es honesta o deshonesta", respondió Juan por entre  los dientes. "¿Cómo?", preguntó Humberto. "Demostrándolo a través de la práctica. El ladrón más grande del mundo, siempre dirá que es una persona honesta, ¿No te parece?", dijo Juan guardando el libro en el maletín. Los ojos saltones y escrutadores de Humberto se agigantaron al decir en voz baja: "¿Quién es usted?". En confianza Juan le relató resumidamente su historia. "¿Quién va a creer que usted es un jornalero? Nunca he visto un obrero leyendo", agregó intrigado Humberto. "Todo va cambiando", dijo Juan disimulando el enfado. "Si usted quiere – dijo – le doy trabajo en una de mis fincas pero en Icononzo". Juan asentó con la cabeza afirmativamente. Le tomó los datos completos y la dirección para llegar a la vereda La Fila. "Vaya y diga que va de parte mía", dijo. Juan se incorporó y tomando la maleta se encaminó a la agencia de transportes. Humberto lo siguió con su mirada incrédula hasta que desapareció en la distancia e incorporándose, canceló y siguió la marcha hacia Bogotá.

Juan cruzó la distancia y encaminándose a la taquilla compró el tiquete. "El jeep sale a las 6:45", dijo el conductor mirando extrañado al pasajero como intentando decir, tú quién eres, para dónde vas y hacer qué. Juan esperó sentado en la pequeña sala de espera. Volvió a sacar el libro y leyó varias poesías mientras llegaba y se estacionaba el jeep. Era un vehículo destartalado. Pintura deteriorada y los asientos una desgracia. Se acomodó en uno de esos asientos y volvió a abrir el libro. Uno a uno los pasajeros fueron abordando el jeep color verdoso. Iba una mujer regordeta mal hablada y entrometida, que a todos hacía conversación, sobre todo a los hombres. "¿Qué tal la novillada?", le preguntó irónico uno de los pasajeros. "Para qué le digo, si usted nunca va a echarse un polvo", contestó la mujer juntando las piernas para que una persona más pudiera abordar la nave. "¿Eso buscaba?", refunfuñó un pasajero obeso, calvo que se había sentado al lado del conductor, mirando por el espejo retrovisor. Los demás pasajeros rieron.

Con parsimonia el chofer terminó de fumar el cigarro y acomodándose frente a la cabrilla pronto puso el jeep en movimiento. La noche caía como gigantesco manto negro. El frío glaciar era intenso y la llovizna seguía incólume. Juan cerró el libro y guardándolo en el maletín se concentró en la travesía. El recorrido fue largo y escabroso, pero sin mayor novedad. La carretera era una parte pavimentada. Era retorcida y solitaria, sobre todo cuando dejó la central. Era una noche oscura, sin estrellas. Juan sentía que el corazón le latía a mil a medida que el aparato mecánico devoraba la distancia. El carro poco a poco fue quedando solo. A Icononzo, llegaron dos o tres pasajeros, entre ellos, la alegre proxeneta.

II

"¿En dónde lo dejo?, dijo el conductor mirando a Juan a través del espejo retrovisor. "En el centro, por favor", respondió. "Este es el centro", contestó el conductor rascándose la cabeza. Juan tomó la maleta y echándosela al hombro, cogió el maletín en la mano derecha descendiendo del jeep, entregándole al chofer el tiquete y dando las gracias. Había poca gente. Al subirse al andén permaneció largos segundos extasiado mirando en todas direcciones. La noche oscura y tibia se extendía a su alrededor. Sintió pánico. Miedo. Recordó la obra literaria: Perdido en el Amazonas de Germán Castro Caicedo. El personaje se movía en la soledad de la selva huyéndole a las fieras, a la ambición de los caucheros y a la presencia imperialista gringa. "Yo en cambio – pensó – me muevo en la soledad de la montaña de cemento, en la soledad que va siempre con el forastero".    

El parque inclinado permanecía solitario a pesar de ser apenas las ocho de la noche. Al otro la de la calle divisó un pequeño letrero ahumado que decía hospedaje. Suspiró y cruzando la calle solitaria entró al cuchitril totalmente ahumando y con telarañas en todas partes. La desvencijada recepción era un mesón largo, sucio. Era una casa de madera que amenazaba con caerse. Saludó. "Buenas noches", dijo. Esperó largos minutos, nadie aparecía por el estrecho y largo pasillo. Entonces volvió a saludar, esta vez con más fuerza y seguridad. "Espere, espere", dijo una voz fémina. Juan colocó la maleta sobre el mostrador y esperó pacientemente. La luz amarillenta del bombillo de cien bujías era débil. En el fondo había un cartel viejo de Cantinflas, el gran humorista mejicano y al otro lado un afiche de Julio Iglesias, el famoso cantante gallego.

La espera fue larga y tediosa. Al fin apareció la recepcionista. Era una octogenaria que se movía apoyándose en el bastón. Levantó su mirada triste que se perdía entre su piel arrugada. Su cabellera blanca la traída desordenada. Juan quedó extasiado, petrificado. "Parece la virgen que mi mamá tanto me hablaba en la infancia", pensó maravillado. Ella solía decir que la Virgen María era la madre de Jesús que fue embarazada por obra y gracia del espíritu Santo, que San José al darse cuenta se indignó y quiso abandonarla pero que en un sueño se le reveló un ángel, quien le dijo que su mujer era santa y que Dios había diseñado el plan salvífico de la humanidad contando con los buenos oficios de María. Por lo tanto, el embarazo no era nada humano, sino obra divina. Resignado San José se dispuso a responder por esa criatura que habría de llamarse Jesús, en medio de la miseria galopante.

Fue tal la pobreza que los dolores del parto le llegaron en una rústica pesebrera, asistía por asnos, vacas, toros, mulas y muchos animales más. Sobre unas pajas habilitadas como lecho nacería el redentor de la humanidad. María no tenía capacidad de decidir, era intercesora ante su hijo y por su intermedio ante Dios. Sus características fundamentales  eran su sencillez, humildad y resignación. Para toda adversidad tenía su disculpa. Por eso la humanidad creyente la invoca y a nombre de ella sufre las afujías del régimen capitalista con resignación y humildad. Decía que la frase favorita de la Virgen María era: "Dios proveerá".

Su madre le solía decir que la Virgen María aparecía en todas partes, donde menos la humanidad se podía imaginar y actuaba generalmente en cuerpo ajeno. "Todo en ella es amor, ternura, pureza y misericordia", solía decir con qué seguridad que Juan a sus diez años creía ciegamente. Anita, la mamá de Juan, no era estudiada. No pudo asistir a la escuela primero por la situación económica y segundo porque era mujer. Defendía la sumisión a capa y espada. "El marido – solía decir – es como el segundo papá, por lo tanto, hay que obedecerle y complacerlo al máximo".

La anciana se apoyó en el mostrador y mirando a Juan con qué ternura, preguntó qué quería. Juan, a pesar de su turbación se inclinó para decirle que buscaba hospedaje. La anciana sonrió y amablemente le indicó el cuarto. Mientras abría el viejo libro de registro, apareció como por encanto otra anciana. Caminaba despacio como sujetándose de las paredes. Saludó. Tenía una voz suave y apacible. "Bienvenido", dijo. Juan no salía de su asombro. "Cualquiera de las dos podría ser la Virgen María", pensó mientras estampaba la firma. En medio de ellas sintió flotar  el espíritu de su madre en un instante de fina inspiración, fue como una ráfaga de vientecillo de agosto que lo hizo levitar por algunos segundos.

Cogió la maleta y el maletín y siguiendo a una de las ancianas fue al cuarto. La cama era un camastro de mala muerte, el techo de madera ahumada al igual que las paredes de madera sin pulir. "¿En dónde puedo buscar comida?", preguntó Juan. "Tenemos solo bandeja con carne sudada y abundante riogo", dijo la anciana mirándolo suavemente a los ojos. "Perfecto", dijo Juan buscando el comedor. Era un mesón largo sin mantel. Se acomodó en taburete de madera y mientras esperaba la cena sacó el libro de Pablo Neruda y leyó algunos poemas. La anciana que trajo la bandeja no pudo ocultar su enfado. "¿Quién es usted?" Juan sonrió. "Soy trabajador del campo – dijo – voy para la finca de don Humberto". La anciana no contra preguntó. Se alejó despacio lamentándose de sus achaques de salud. "Esta artritis me quiere inmovilizar", alcanzó a escuchar Juan mientras comía con avidez. Cuando regresó con la sobremesa, Juan la interrogó: "¿Por qué el parque está tan solitario siendo escasamente las ocho de la noche? La anciana se inclinó y después de mirar en todas direcciones, dijo en voz baja: "Aquí manda la gente del monte y la orden es esa", dijo. "¿Quién es la gente del monte?", contestó asombrado Juan. "Usted es forastero, ¿Verdad?", dijo la anciana. "Sí señora", dijo Juan. "Señorita, perdón", dijo la longeva. "Disculpa" "No hay problemas". Colocó el bastón recostado en el comedor y se sentó con dificultad, apoyándose en el borde de éste. Miró con ternura filial a Juan como si fuera su propio hijo. El bochorno era intenso. Pensó cada palabra, cada frase y cada oración gramatical. "Aquí manda la guerrilla", dijo por entre los dientes postizos. Suspiró profundo e irguiéndose, agregó un tanto apesadumbrada: "Mejor dicho aquí hay de todo". Juan terminó de comer y mientras tomaba la sobremesa miró a su alrededor pensativo y nervioso. "¿Este es entonces un pueblo peligroso?", interrogó mientras se llevaba un palillo a la boca. La longeva agachó su rostro arrugado mirando el piso de madera sin brillar y después de reflexionar algunos segundos eternos, volvió a levantar su frágil mirada para contestar con miedo: "Sí, joven forastero, este pueblo es peligroso". "¿A qué viene usted realmente?", dijo la anciana con más confianza y seguridad. "A coger café", contestó Juan mirando a través del estrecho zaguán la soledad del parque oscuro. "Si es así, mucho cuidado", dijo la anciana incorporándose con dificultad y marchándose. La otra anciana cobró la cena. "¿Son gemelas?", preguntó Juan con cierta ironía. La anciana al entregar los vueltos sonrió levemente. "Todo mundo nos dice lo mismo, lo que pasa es que cuando viejo todos nos parecemos", contestó  disponiéndose a atender a otro cliente medio tomado que entró a grandes zancadas, medio turulato teniéndose de las paredes. No se fijó en Juan. Juan fue al inodoro, luego al lavamanos y una vez cepilló los dientes, se tiró sobre el camastro a soportar el bochorno metálico. Se sentía incómodo. Sentía todo el cuerpo pegajoso. Sin embargo, bocabajo leyó algunos poemas. Recordó a su madre. "Debe estar rezando el rosario", pensó mientras se acomodaba para descansar. Dio vueltas y vueltas en el camastro hasta que Morfeo lo sorprendió. Soñó cruzando el río de la Magdalena en un bote guiado por remos. Eran dos pescadores fornidos que remaban y remaban sin intercambiar palabra y sin dejarse ver el rostro. Juan intentó entablar conversación con ellos para mirarle el rostro, pero no fue posible. Intuía que eran pescadores porque cada uno cargaba sobre su espalda la red con pequeños lingotes de plomo. "Con eso se ganan la vida", pensó para sus adentros. Al llegar a la otra orilla, Juan saltó y al volver la mirada para cancelar, el bote y los remadores habían desaparecido. Juan abrió los ojos desmesuradamente y echándose a correr por la playa solitaria solo encontró interrogantes y nada de respuestas.

III

La llovizna contra el tejado lo despertó. Todavía no eran las seis de la mañana. Tenía la boca amarga. Se mantuvo inmóvil algunos minutos tomando conciencia del lugar y su entorno. Entonces suspiró triste e incorporándose se sentó en el borde del desvencijado camastro. No recordó el sueño. La lluvia era menuda pero seguía cayendo monótona. Abrió la pequeña ventanita rectangular viendo el tejado de la casa contigua. El gallo del vecindario cantaba, anunciando el advenimiento de un nuevo día lluvioso.

Fue al retrete y después al lavamanos. Nadies se movía en la posada. Entonces volvió a su aposento y después de ultimar detalles, cogió entre sus manos el libro de poesía y leyó algunos poemas, recostado apoyándose en la almohada. Pasadas las seis se incorporó y se dispuso a salir. Una de las longevas ya estaba en pie. "¿En dónde queda la panadería de don Armadio?", preguntó Juan apretando el libro entre sus manos. "A la izquierda", dijo la anciana. "Ahora vuelvo a sacar la maleta", dijo Juan encaminándose a la vetusta puerta de la posada. La anciana asintió con la cabeza, mientras miraba con dificultad el libro de registros.

Juan se paró un instante en el marco de la vetusta puerta, mirando en todas direcciones. "Este municipio es una pendiente", pensó. Giró a la izquierda y caminó despacio protegiéndose de la llovizna yendo por las paredes y escondiendo el libro entre su chaqueta raída. Cruzó la calle. Ahí estaba la panadería. Exacto en el vértice del parque. Entró y se sentó en una pequeña mesita plástica color roja. Saludó. El tendero lo miró extrañado. Sin embargo, intentó disimular. "Un tinto", dijo Juan. La panadería era larga con varios saloncitos. Al fondo varios borrachitos libaban al calor de la música mejicana. Mientras el panadero servía el tinto, Juan sacó el libro y leyó poesía. "Aquí está el tinto", dijo. Juan lo abordó de una vez. Le explicó todo detalladamente sin omitir detalle. Pero Armadio no quedó satisfecho. Eso lo percibió Juan desde un principio. Sin embargo, aparentando tranquilidad permaneció allí tomándose el tinto sorbo a sorbo y leyendo poesía nerudiana. "Sé quién es don Humberto", dijo secamente. "El jeep para la Fila sale a las ocho en punto", agregó alejándose apresurado para atender las otras mesas.

A los pocos minutos llegó con  un aguardiente grande don Armadio. Venía meloso. "Se lo mandan los señores que están al fondo", dijo. Juan se inquietó, era abstemio y más en tierra desconocida con los antecedentes recopilados hasta ahora, aquello le pareció supremamente embarazoso. ¿Rechazarlo? ¿Botarlo? ¿Devolverlo? Todo fue confusión. Sin embargo, levantó la mano para agradecer el gesto. "Aquí no hay de otra", dijo y tomando la copa se la sentó de un solo golpe. El licor le quemó la garganta. Lo bajó con un sorbo de café. Siguió leyendo. Recordó que los poetas eran bohemios. "No creo que Neruda sea la excepción", pensó mientras miraba discretamente el movimiento de personas que entraban y salían de la panadería con distintos fines. Un joven entró y le entregó discretamente un pedacito de papel bien doblado a don Armadio. Éste lo cogió y sin leerlo lo echó al bolsillo de la camisa blanca, siguiendo con su labor como si nada ocurriera.

No pasó mucho tiempo cuando don Armadio se apareció con una nueva copa de aguardiente. Juan se sorprendió. "No más", dijo poniéndose en pie. Los bohemios rieron casi en coro. "Es una cortesía, acéptela", dijo don Armadio con buenos modales. "Mi padre decía – pensó Juan – que no hay más peligroso que despreciar a un borrachito", entonces tomó la copa y se la sentó con fuerza como la primera vez. Había dejado de lloviznar y un sol pálido aparecía entre nubarrones.

Juan comenzó a tranquilizarse. Se encogió de hombros y pidió otro tinto. Quiso enviar una tanda a esos desconocidos pero calculó que el dinero no le alcanzaba. Siguió leyendo mientras esperaba la hora precisa para partir. Armadio llegó con una tercera copa repleta de licor y una propuesta que en realidad era una orden: "Los amigos lo invitan a su mesa". Juan reaccionó. "No es posible – dijo – ellos están tomando y yo listo a salir a trabajar". No terminó la frase cuando uno de ellos, joven para más señas, se incorporó fue hasta la mesa de Juan y extendiéndole la mano lo invitó a su mesa. "Vamos con toda la confianza", dijo. Juan no tuvo escapatoria. Apretó los labios en gesto de decisión y caminó despacio sosteniendo el libro en una mano y en la otra la copa de aguardiente.

Aquellas miradas ebrias y trasnochadas lo desnudaron en cuestión de segundos. "Siéntese y nos acompaña", dijo uno de ellos. "La verdad no tomo – dijo Juan nervioso – voy a trabajar en la Fila". Uno a uno se fue presentando: El primero en hacerlo fue el que fue hasta su mesita. Era el más joven de todos: "Soy profesor", dijo. "Soy el inspector municipal de policía", dijo el segundo en presentarse. Era obeso, boso exaltado y mirada vidriosa. "Soy el juez promiscuo municipal", dijo el tercero. Era joven, alto y de buen humor. "Soy el secretario del juzgado", dijo el cuarto. Era bajito, barrigón y coloreto. Armadio disimulaba no estar interesado en la conversación y se movía como pez en el agua atendiendo la clientela.

Juan miraba a sus inoportunos contertulios con angustia, pensaba cómo zafarse de ellos, pero por el momento era imposible. Estaba atrapado en el laberinto sin posibilidad alguna de escaparse de buenas a primeras. Recordó la golpiza que el ternero le propinó cuando era niño en la finca La Esperanza. Eran las cinco de la tarde, su padre le había dicho a él y a su hermanito menor, que entraran porque iba a traer el ternero bravo. No hicieron caso. "Cuando asome arriba, nos entramos", le dijo a su hermanito. El animal los cogió de sorpresa y de dos cornadas descargó a su hermanito en el corredor. A salvo corrió a la cocina. Entonces el animal se volvió contra Juan golpeándolo una y otra vez. "Yo – recordaría después – apenas hacía sino encogerme y cerrar los ojos". Lo manejó como un balón de fútbol hasta cuando llegó su padre, atravesándole dos garrotazos en la ternilla. Juan duró varios días en cama, molido por los golpes.

"Ahora, le toca a usted presentarse", dijo el juez promiscuo municipal. Juan se estremeció y asentándose otro aguardiente, se presentó. Dijo la verdad y nada más que la verdad. Todos se miraron entre sí y rieron a carcajadas. "Invéntesela mejor", dijo uno de ellos. "¿Quién le va a creer a usted que es un simple labriego recolector de café?", dijo seco el juez. Juan buscó protección en el espaldar de la silla plástica color blanco. "Es la verdad", insistió. "Voy a trabajar en la finca de don Humberto", argumentó mirando el papelito donde tenía anotado el nombre y la dirección.

El juez sin perder la calma bajó la voz y acercándose a Juan, le dijo casi que al oído: "Dinos la verdad, todos somos autoridad acá no hay problemas". Juan enmudeció. Un frío tétrico recorrió el espinazo de extremo a extremo. La música mejicana en cabeza de Antonio Aguilar inundaba la panadería. "¿Quién es usted?", volvió a preguntar el profesor. Juan insistió en la respuesta inicial, realmente no tenía otra. El ambiente se fue tornando áspero. Juan buscaba la oportunidad de escabullirse pero no la hallaba por ninguna parte. El secretario del juzgado fue directo y contundente. Sorprendió a Juan con una seguidilla de preguntas. Una tras de otra como una tempestad borrascosa: "¿Es usted agente del Estado?" "¿Es usted paramilitar?" "¿Es usted guerrillero?" "¿Quién diablos es usted?".

Atónico, descompuesto por el pánico Juan se puso en pie y quiso salir corriendo. Esa fue su primera intención. Pero no pudo, estaba prácticamente petrificado. Apretando su libro contra su pecho insistió en su primera versión. "Dinos la verdad, todo quedará entre nosotros, la autoridad trabaja con todos", dijo el juez empujando un aguardiente. Ante la versión inmodificable de Juan el inspector municipal de policía reaccionó violento y amenazante. "Tiene plazo mediodía para que desocupe el municipio, de lo contrario, será aprehendido por sospecha". Todos se solidarizaron con el inspector y en coro repitieron la amenaza. "Solo vengo a trabajar, señores", dijo Juan con enfado. "Échele ese cuento al más pendejo", dijeron en coro. Juan se incorporó y pagando los dos tintos preguntó nuevamente a qué horas salía el jeep para la Fila. "A las ocho en punto", dijo don Armadio al momento de darle los vueltos.

Juan giró sobre sus pasos y se encaminó al hostal. Caminó lento, ensimismado, mirando sin ver el ajetreo de los transeúntes. Se paró en el marco del hotelucho y volviendo la mirada se percató que los borrachitos lo observaban parados en el marco de la panadería. "Me gané la lotería sin comprar el billete", dijo para sus adentros. Entró despacio y sacó la maleta y el maletín, guardando en este último el libro de poesía. Estiró la mano para despedirse de las dos veteranas y encaminándose a la puerta fue sorprendido por una de las venerables ancianas. Su voz melódica interrumpió las meditaciones cenagosas de Juan. Giró y regresando al mostrador, descargó la maleta y el maletín sobre él. "¿A la orden?", dijo. Las ancianitas lo miraron con ternura infinita. En ellas vio el rostro de su mamá, también el rostro inmaculado de la Virgen María, tal como su madre se la imaginaba. "Joven – dijo una de ellas – usted es una persona sana, corre peligro si  va a la vereda La Fila. Es mejor que salga del municipio rápidamente". Juan palideció. "Vengo a trabajar", dijo. "Es cierto – agregó la anciana meditabunda – pero al ser forastero el ejército puede decir que es guerrillero y la guerrilla que es militar. Si se salva de uno no se salva del otro. Es la cruda realidad", subrayó con énfasis.  

Juan no puso en duda la explicación de la anciana. Su sinceridad no admitía duda de ninguna naturaleza. El balcón del oriente era un infierno y Juan lo ignoraba de cabo a rabo. "¿La guerrilla es mala?", preguntó sin tomar conciencia de lo que preguntaba. Las ancianas se miraron entre sí. No pudieron disimular su incapacidad para dar una respuesta correcta o por lo menos aproximada. "Para el adinerado es mala, para el pobre es buena", contestó una de ellas. Apretando los labios repleto de arrugas la anciana que lideraba la conversación, dijo con claridad diáfana: "Solo es un consejo, usted lo toma o lo deja".

Descompuesto por la incertidumbre Juan abandonó el hotelucho. El Jeep destartalado ya estaba estacionado. Poco a poco los pasajeros lo iban abordando. El chofer – un hombre joven y rudo – subía bultos en costales de fique y de fibra. Era sonriente. Tenía en el hombro derecho una bayetilla  roja sucia. Con ella se quitaba el sudor. Los borrachitos estaban pendientes del movimiento de Juan. Al parecer se les había convertido en una obsesión o capricho de borracho. Los consejos de las ancianas le daban vueltas en su cerebro. Recordó a su progenitora. Ella solía decir que el sexto sentido existía y que era exclusividad de la mujer. "Cuando la sociedad machista sea derrotada, este sexto sentido, el sentido de la intuición, hará grande a la humanidad", solía decir tímidamente en reuniones de dos y hasta tres personas.

Atolondrado buscó en el maletín la pequeña agenda. Una vez la encontró, buscó despacio hasta encontrar el número telefónico de su amigo que laboraba en la gobernación. Se encaminó a la telegrafía que quedaba a media cuadra del hotelucho. La telegrafista era alta y esbelta. Tenía gafas y cabellera larga azabache. Cejas espesas bien delineadas y pómulos salientes. Vestía traje suave propio para la ocasión. "A la orden", dijo dejando escapar una risita. "Por favor marcarme este número", dijo Juan mirando discretamente el escote de la hermosa mujer.

No era fácil la comunicación. Sin embargo, la tenaz persistencia de la operadora hizo el milagro. "Pase a la cabina tres", dijo. Juan levantó nervioso el auricular y escuchó la voz grave de su amigo Edgar. El saludo fue corto y el mensaje concreto: "Salga inmediatamente de allá", dijo. "Ese municipio es zona roja, huevón". Juan no sabía que quería decir zona roja, pero por el acento de la voz lo hizo reaccionar con más fuerza aún. Por fin entendió que estaba sobre un polvorín. "Llegue a mi oficina que queda en el séptimo piso", dijo y colgó. Juan quedó algunos segundos con el auricular en la mano. Sentía que flotaba. Miró a través del vidrio y uno de los borrachitos estaba en el centro del parque ojeándolo. Pagó y salió a la calle. Cerca estaba la agencia de transportes. Se encaminó. Cruzó la distancia a zancadas. Fue directo a la taquilla, la cual era atendida por una mujer otoñal con semblante de putona. "¿Para dónde?", preguntó mostrando el escote con lascivia. "Para la capital, señorita", repuso Juan nervioso. "¿Señorita? Ni porque fuera la más fea", dijo la taquillera. Juan no supo contestar. Se acomodó en el pequeño asiento y esperó la hora de partir. Eran las once de la mañana, de un sol pálido. Sin embargo, el bochorno era intenso. Compró una botella de agua y sacando el libro leyó poesía. El bus era un carro largo de variados colores. Lo manejaba un cuarentón, calvo y de gestos lentos. Tenía gafas gruesas. Una vez lo estacionó Juan lo abordó. Quería salir cuanto antes. Un cuarto de hora después comenzó a recorrer la distancia. Descendió sin prisa, pero sin pausa, superando las curvas con precisión. Sonrió para sí mismo y respirando profundo se apretujó en su silla. El viaje fue normal, la capital le depararía otros sinsabores. Por ahora era feliz. Entonces recordó la frase de Pablo Neruda: "Confieso que he vivido".

Fin

Por Gabriel García Márquez


A medida que pasa el tiempo y retorna la tranquilidad a la isla de Granada, va quedando claro que la invasión por tropas norteamericanas no fue tanto una operación militar como una maniobra enorme de manipulación informativa. Para empezar, el balance de víctimas no corresponde al escándalo : 18 norteamericanos muertos y 91 heridos- muchos de ellos en incidentes y accidentes confusos, y no en combates- y un número nunca establecido de granadinos muertos, 20 de ellos en el curso de un bombardeo a un hospital de enfermos mentales.

Este último episodio es el más oscuro de todos. Según se dijo al principio, el lugar había sido bombardeado con cohetes aéreos porque dos cubanos resistían desde el interior. Sin embargo, una versión de la Prensa norteamericana dice ahora que el bombardeo se debió a que el hospital estaba a sólo 150 metros de Fort Frederik, y éste era defendido con ahínco por los últimos soldados del ejercito granadino. El hospital- dice la versión- no tenía ninguna señal que permitiera identificarlo. Más aún : la periodista colombiana Laura Restrepo, enviada por la revista Semana con los primeros periodista que entraron en la isla, se sorprendió de que en aquel sanatorio para enfermos mentales – contra el esplendor de su nombre- no fuera más que un grupo de chozas de paja. La revista Time , por su parte, le reprocha al Pentágono que no hubiese dicho nada de esa matanza- accidental o no- mientras no fue denunciada por una periodista canadiense. El Pentágono se defendió diciendo que cuando los infantes de Marina ocuparon el hospital los muertos habían sido ya sepultados, y no encontraron ninguna razón para sospechar que el bombardeo de los días precedentes hubiera causado alguna víctima. Pero quienquiera que haya estudiado con cierto cuidado las informaciones de Granada, sobretodo en los primeros días, debe tener motivos para creer que el silencio del Pentágono en relación con los muertos del hospital psiquiátrico pudo no haber sido casual

En realidad, toda la información de los primeros días- manejada de un modo exclusivo por el Gobierno de Estados Unidos, y casi siempre por el presidente Reagan en persona- ha empezado a desmoronarse. Ahora se entiende cómo fue posible que más de 6.000 hombres de Estados Unidos, bien entrenados y con todos los recursos de la guerra moderna, no hubieran podido someter en dos semanas a uno de los ejércitos más reducidos y pobres del mundo, en una isla de 111.000 habitantes desmoralizados que no tenían ni modo ni ganas de resistir. La explicación es simple: no hubo tal resistencia.

En primer término porque los granadinos, aún no repuestos del asesinato de su líder más querido- Maurice Bishop-, no debieron ver a los infantes de Marina como sus enemigos, sino al contrario, como los enemigos de sus enemigos.

En segundo término, porque los asesinos de Bishop, repudiados por su pueblo y por la mayoría de su Ejército, se metieron debajo de la cama a los primeros tiros. En efecto, parece ser que Bernard Coard- el vice primer ministro de Bishop que lo derribó a traición-se había escondido con su esposa después de abandonar el poder que había usurpado pocos días antes. Por su parte, el general Hudson Austin- responsable inmediato de la muerte de Bishop- abandonó el Ejército a su suerte, y al parecer andaba ofreciendo hasta 3.500 dólares a quién le hiciera el favor de llevarlo en una lancha a Guayana. Los focos de resistencia que quedaron después de la desbandada podían ser reducidos en pocas horas por unas fuerzas de desembarco preparadas para operaciones much más gloriosas.

La verdad parece ser que el Gobierno de Reagan necesitaba inventar aquella resistencia para justificar la invasión con el supuesto de la militarización masiva de la isla por los cubanos y los soviéticos. Durante más de una semana, las tropas de ocupación se movieron a sus anchas por la isla, sin que ningún periodista de ningún país pudiera entrar para contradecir las versiones oficiales del Gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, fuera de todo control, aun este último no hizo más que contradecirse a sí mismo.

La primera contradicción enorme fue el motivo de la invasión. De acuerdo con un comunicado oficial, el desembarco tenía como único objetivo proteger la vida de unos 600 estudiantes norteamericanos que estudiaban en la muy prestigiosa facultad de Medicina de Granada. Sin embargo, hasta ahora no se ha demostrado que estuvieran en peligro y, en cambio, si es probable que estuvieran contentos en el lugar. Nada les había impedido abandonarlo por su propia voluntad, y los pocos que hicieron la payasada de besar tierra norteamericana cuando volvieron a ella- como suelen hacerlo los papas de ahora donde quiera que llegan- parecían olvidarse de que para lograrlo no era necesario la intervención brutal de 6.000 hombres armados como para una guerra mundial. Sin embargo, el presidente Reagan también olvidó demasiado pronto su pretexto original y no tuvo inconveniente en decir que el desembarco había sido necesario porque Granada se había convertido en una fortaleza militar del comunismo internacional. Lo triste es que las supuestas pruebas de esa afirmación-anunciada a grandes voces por el Gobierno de Estados Unidos- no han logrado convencer sino a los ya convencidos, algunos de ellos, por cierto, muy respetables por motivos distintos.

El cuento de la ocupación cubana fue tal vez el menos consistente. Los primeros periodistas extranjeros que llegaron a Granada no pudieron disimular su desilusión frente al aeropuerto que estaban construyendo los técnicos y obreros de Cuba. El Gobierno de Estados Unidos había hecho creer que era un aeropuerto construido para las naves de guerra soviéticas y no para aviones comerciales que llevaran turistas pacíficos, inclusive norteamericanos, que son los más fructíferos. El argumento se fundaba que la pista iba a tener 3.000 metros de larga, y esta cifra parecía impresionante para quienes no saben que cualquier aeropuerto moderno donde operan los grandes aviones civiles debe tener esas medidas, sobre todo si se prevé un desarrollo futuro de su capacidad. La misma revista Time , con una pretensión de objetividad, hace esta consideración retorcida : "Es verdad que la nueva pista no está construida con las estructuras de protección y los equipos de apoyo que son usuales en los aeropuertos militares, pero podría ser usada por aviones militares pesados como punto de abastecimiento para los cubanos en ruta hacia el Africa, o para los soviéticos que transporten armas hacia America Central". Es decir como cualquier aeropuerto común y corriente.

Lo más confuso de todo fue el manejo que hizo el Gobierno de Estados Unidos de la información sobre los cubanos en Granada. Desde el principio se dijo que eran unos 600 hombres, entre obreros del aeropuerto, maestros, médicos y asistentes militares. Estos últimos- según el supuesto documento revelado por la Secretaría de Estado de estados Unidos- eran sólo 27 con carácter permanente y unos 12 eventuales. Se ha dicho, sin embargo, que debía haber muchos más que se hacían pasar por trabajadores civiles, porque todos demostraban tener un buen entrenamiento militar. Hasta los mismos que lo dijeron sabían, sin duda, que todo cubano mayor de 14 años, hombre, mujer o niño, tiene la suficiente formación militar para defender a su país en caso de una invasión extranjera. Las llamadas tropas territoriales, que son milicias civiles, cuentan en la actualidad con 500.000 hombres y mujeres y está previsto que en breve serán el doble.

En todo caso, al principio de la invasión Estados Unidos dijo que los 600 cubanos habían caído prisioneros sin resistir. Después- cuando Cuba pidió su repatriación- se dijo que la mayoría estaba resistiendo en las colinas. Por último sin ninguna explicación, aparecieron 27 muertos, 57 heridos y el resto en un campamento de prisioneros donde sólo se permitió el ingreso a dos periodistas: un reportero y un camarógrafo dominicanos, que trataron de convencer a algunos prisioneros, con toda clase de promesas, para que se asilaran en Estados Unidos y confirmaran una versión que estos tenían preparada sobre las actividades de Cuba en la isla. Eran, por supuesto, agentes de la CIA, que se llevaron la sorpresa de no encontrar a ningún cubano dispuesto a vender su alma al diablo. De haberlo encontrado, la vasta operación de manipulación informativa habría culminado con un acto espectacular. Por no haber sido asi, la triste invasión a Granada pasará como uno de los capítulos menos honorables de la historia de Estados Unidos