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El forastero.

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Cuento

Por Nelson Lombana Silva

Era la primera vez que visitaba la población. Todo a su alrededor le era novedoso. Las calles húmedas y taciturnas parecían laberintos oscuros, inhumanos y salvajes de donde brotaban transeúntes sonámbulos, ensimismados y melancólicos. No parecían tener un horizonte, parecían autómatas que se movían por simple inercia. Se hizo a la idea de que Fusa era una ciudad triste, melancólica y desértica. Tenía para entonces 23 años, hoy tiene 54 primaveras y sigue pensando lo mismo. Según él, no estaba equivocado a pesar de los edificios vistosos, las avenidas adornadas de palmeras verdosas color esmeralda y las piscinas con calefacción. "Lo que es, es", suele decir al recordar esa primera visita.

Caminó despacio de la agencia a la tienda de la cita y acomodando el pequeño equipaje sobre una silla plástica, se animó a pedir café con leche y buñuelo. La tendera, una mujer alta, desgreñada, de mirada montaraz, sirvió el pedido y mientas comentaba con la vecina de la mesa vecina, lo dejó sobre la mesita plástica de color blanco que Juan había seleccionado. Hacía frío. La llovizna pertinaz no hacía pausa. Mientras saboreaba el pedido, Juan dirigía  la mirada en todas direcciones, escrutando el entorno con su mirada triste. Sintió melancolía, algunos dirían mamitis. Era la primera vez que salía de la casa por riesgo propio. Aquello le parecía una aventura singular. Hurgó en el maletín y sacó de allí el libro de poemas de Pablo Neruda: Una colección de su mejor poesía.

Pasó inadvertido hasta tanto comenzó a leer en voz baja los poemas del poeta chileno. Poco a poco comenzó a sentir el peso de las miradas de las otras mesas. A intervalos levantaba la mirada y se encontraba con la de algún vecino o vecina. Al comienzo le restó importancia, después cierto orgullo y finalmente, angustia, pánico. La tendera fue directa y cruda: "Eres forastero, ¿Verdad?" Juan la miró estupefacto, sintió un corrientazo por el espinazo. Sin embargo, intentó conservar la tranquilidad y abriendo la boca con dificultad contestó por entre los dientes: "No soy de Fusa", dijo. Se reacomodó y siguió leyendo sin dar más explicaciones, al parecer la tendera quedó satisfecha con la respuesta. Creo que eran las tres de la tarde, cuando apareció la persona que esperaba. No se bajó del  automóvil Chevrolet color rojo. Era grueso, trigueño y bien hablado. "¿Tú eres el amigo de mi tío Ricardo?". "Sí señor", dijo Juan poniéndose en pie con dificultad. El visitante lo miró fríamente de arriba abajo y de abajo a arriba. Creo que se desmoralizó de un solo golpe. Juan – por su parte – no podía ocultar la ansiedad. Nervioso e inseguro avanzó hasta él estirándole la mano, pero el automovilista no le correspondió fingiendo tener con firmeza la cabrilla del automóvil. Tenía anteojos transparentes con montura de carey y vestía deportivamente. Una sudadera roja con vivos blancos y una camiseta del mismo color. Juan no sabía cómo mantener una comunicación fluía, mucho menos cómo convencer, desde un principio se sintió derrotado. Sabía de antemano la respuesta. Sin embargo, trató de justificar su presencia diciendo que quería estudiar en esta población gracias a la generosidad de Ricardo. "Ricardo es mi tío y lo quiero mucho", dijo. "¿Qué sabes hacer?", interrogó bajándole un poco el sonido a su estridente equipo portátil que tenía el automóvil. Juan se estremeció. No sabía qué contestar. Titubeó de principio a fin. Su respuesta fue incoherente, evasiva y superflua. No obstante, no paraba de hablar. "No sabe hacer nada", concluyó el automovilista que no tuvo la decencia de presentarse. "Yo necesito una familia para que me administre la finca, pero usted no es el pollo, porque eres joven, no tiene mujer y no sabe nada", lo dijo sin rodeos como regañando a Juan. Los ojos de Juan se nublaron, se sintió impotente y disminuido. "Ante todo – contestó – soy campesino". "Eso no es suficiente, hoy se impone la tecnología y tú no tienes ni idea de eso. Dile a mi tío Ricardo que será en otro día y en otra forma que le pueda ayudar". Aceleró el carro y se perdió en la distancia. Se fue tan rápido como había llegado.

Apesadumbrado, Juan, apretó los labios y mirando la distancia volvió a sentarse. El castillo caía estrepitosamente, la realidad era más cruda que la imaginación. Había concebido la idea de estudiar en esa universidad y trabajar en la casaquinta. Tenía una idea vaga de las dificultades para estudiar el pueblo, pero jamás imaginó que era tan dura y humillante la realidad del sistema económico que él alimentaba con su voto sin tomar conciencia de clase. El cielo plomizo seguía hilvanando lluvia menuda y monótona. Acariciando su barbilla dispersa repensó su situación sin hallarle una salida coherente. Lo único que se le ocurrió fue volver a leer poesía nerudiana, como intentando encontrar en estas páginas trilladas y amarillentas la solución  a su problema. Así permaneció hasta que el subconsciente le preguntó: ¿Y en dónde vas a pasar la noche? Bostezó, cerró el libro de pasta azul y mirando sin ver a la tendera preguntó por la cuenta. Una vez pagó volvió a sentarse. No sabía para dónde coger.

A pesar de la llovizna la gente iba de un lado para otro caminando despacio. Las mujeres empuñaban los paraguas negros, escondiendo sus cuerpos con sus trajes oscuros. La tarde era inexorable. Volvió a leer poesía justo en el momento en que un desconocido se sentó en su misma mesa por cuanto todas las demás estaban ocupadas. "Con permiso", dijo. Era un hombre de baja estatura, grueso y de manos encalladas. Pidió también un café con leche y un pan leche. Juan levantó la mirada y lo saludó. Luego, siguió leyendo. El forastero tenía pinta de campesino. Todo lo delataba. Llevaba consigo un bolso de cuero negro. Juan, interrumpió la lectura y acomodándose mejor, le preguntó: "¿Usted sabe quién da trabajo por acá?" El forastero lo miró asombrado: "¿Qué sabe hacer usted?" Juan se empinó un poco para contestar: "De todo lo que hay que hacer en el campo". El forastero no pudo ocultar su enfado y mirando a Juan le dijo que le dijera la verdad. "Todos merecemos respeto", dijo medio ofuscado. Juan, sonrió levemente. Lo miró sin remordimiento y calculando la respuesta, dijo: "Ante todo soy campesino y busco trabajo". El forastero lo miró de arriba abajo y de abajo arriba asumiendo ahora un simple comportamiento de intriga. Lo invitó a tomar algo. Juan pidió un café con leche y una mogolla. "Gracias", dijo una vez hizo el pedido. El forastero se presentó: "Me llamo Humberto, soy dueño de varias fincas cafeteras en Icononzo, el café se está cayendo y la máquina de pelar café sacó la maleta. Voy a Bogotá a comprar un repuesto".  Juan sonrió levemente. Humberto, agregó: "No conozco bien Bogotá". Reflexionó unos instantes para preguntar: "¿Usted conoce bien a Bogotá?". Juan ni en sueños había estado en esta ciudad. Sin embargo, dijo que sí. "Me gustaría que me acompañara – dijo – pero qué tal que usted sea un ladrón y me robe". Juan no se ofusco. Por el contrario, comprobó que aquel forastero que tenía en frente era campesino. "Solo hay una manera de cerciorarse si la persona es honesta o deshonesta", respondió Juan por entre  los dientes. "¿Cómo?", preguntó Humberto. "Demostrándolo a través de la práctica. El ladrón más grande del mundo, siempre dirá que es una persona honesta, ¿No te parece?", dijo Juan guardando el libro en el maletín. Los ojos saltones y escrutadores de Humberto se agigantaron al decir en voz baja: "¿Quién es usted?". En confianza Juan le relató resumidamente su historia. "¿Quién va a creer que usted es un jornalero? Nunca he visto un obrero leyendo", agregó intrigado Humberto. "Todo va cambiando", dijo Juan disimulando el enfado. "Si usted quiere – dijo – le doy trabajo en una de mis fincas pero en Icononzo". Juan asentó con la cabeza afirmativamente. Le tomó los datos completos y la dirección para llegar a la vereda La Fila. "Vaya y diga que va de parte mía", dijo. Juan se incorporó y tomando la maleta se encaminó a la agencia de transportes. Humberto lo siguió con su mirada incrédula hasta que desapareció en la distancia e incorporándose, canceló y siguió la marcha hacia Bogotá.

Juan cruzó la distancia y encaminándose a la taquilla compró el tiquete. "El jeep sale a las 6:45", dijo el conductor mirando extrañado al pasajero como intentando decir, tú quién eres, para dónde vas y hacer qué. Juan esperó sentado en la pequeña sala de espera. Volvió a sacar el libro y leyó varias poesías mientras llegaba y se estacionaba el jeep. Era un vehículo destartalado. Pintura deteriorada y los asientos una desgracia. Se acomodó en uno de esos asientos y volvió a abrir el libro. Uno a uno los pasajeros fueron abordando el jeep color verdoso. Iba una mujer regordeta mal hablada y entrometida, que a todos hacía conversación, sobre todo a los hombres. "¿Qué tal la novillada?", le preguntó irónico uno de los pasajeros. "Para qué le digo, si usted nunca va a echarse un polvo", contestó la mujer juntando las piernas para que una persona más pudiera abordar la nave. "¿Eso buscaba?", refunfuñó un pasajero obeso, calvo que se había sentado al lado del conductor, mirando por el espejo retrovisor. Los demás pasajeros rieron.

Con parsimonia el chofer terminó de fumar el cigarro y acomodándose frente a la cabrilla pronto puso el jeep en movimiento. La noche caía como gigantesco manto negro. El frío glaciar era intenso y la llovizna seguía incólume. Juan cerró el libro y guardándolo en el maletín se concentró en la travesía. El recorrido fue largo y escabroso, pero sin mayor novedad. La carretera era una parte pavimentada. Era retorcida y solitaria, sobre todo cuando dejó la central. Era una noche oscura, sin estrellas. Juan sentía que el corazón le latía a mil a medida que el aparato mecánico devoraba la distancia. El carro poco a poco fue quedando solo. A Icononzo, llegaron dos o tres pasajeros, entre ellos, la alegre proxeneta.

II

"¿En dónde lo dejo?, dijo el conductor mirando a Juan a través del espejo retrovisor. "En el centro, por favor", respondió. "Este es el centro", contestó el conductor rascándose la cabeza. Juan tomó la maleta y echándosela al hombro, cogió el maletín en la mano derecha descendiendo del jeep, entregándole al chofer el tiquete y dando las gracias. Había poca gente. Al subirse al andén permaneció largos segundos extasiado mirando en todas direcciones. La noche oscura y tibia se extendía a su alrededor. Sintió pánico. Miedo. Recordó la obra literaria: Perdido en el Amazonas de Germán Castro Caicedo. El personaje se movía en la soledad de la selva huyéndole a las fieras, a la ambición de los caucheros y a la presencia imperialista gringa. "Yo en cambio – pensó – me muevo en la soledad de la montaña de cemento, en la soledad que va siempre con el forastero".    

El parque inclinado permanecía solitario a pesar de ser apenas las ocho de la noche. Al otro la de la calle divisó un pequeño letrero ahumado que decía hospedaje. Suspiró y cruzando la calle solitaria entró al cuchitril totalmente ahumando y con telarañas en todas partes. La desvencijada recepción era un mesón largo, sucio. Era una casa de madera que amenazaba con caerse. Saludó. "Buenas noches", dijo. Esperó largos minutos, nadie aparecía por el estrecho y largo pasillo. Entonces volvió a saludar, esta vez con más fuerza y seguridad. "Espere, espere", dijo una voz fémina. Juan colocó la maleta sobre el mostrador y esperó pacientemente. La luz amarillenta del bombillo de cien bujías era débil. En el fondo había un cartel viejo de Cantinflas, el gran humorista mejicano y al otro lado un afiche de Julio Iglesias, el famoso cantante gallego.

La espera fue larga y tediosa. Al fin apareció la recepcionista. Era una octogenaria que se movía apoyándose en el bastón. Levantó su mirada triste que se perdía entre su piel arrugada. Su cabellera blanca la traída desordenada. Juan quedó extasiado, petrificado. "Parece la virgen que mi mamá tanto me hablaba en la infancia", pensó maravillado. Ella solía decir que la Virgen María era la madre de Jesús que fue embarazada por obra y gracia del espíritu Santo, que San José al darse cuenta se indignó y quiso abandonarla pero que en un sueño se le reveló un ángel, quien le dijo que su mujer era santa y que Dios había diseñado el plan salvífico de la humanidad contando con los buenos oficios de María. Por lo tanto, el embarazo no era nada humano, sino obra divina. Resignado San José se dispuso a responder por esa criatura que habría de llamarse Jesús, en medio de la miseria galopante.

Fue tal la pobreza que los dolores del parto le llegaron en una rústica pesebrera, asistía por asnos, vacas, toros, mulas y muchos animales más. Sobre unas pajas habilitadas como lecho nacería el redentor de la humanidad. María no tenía capacidad de decidir, era intercesora ante su hijo y por su intermedio ante Dios. Sus características fundamentales  eran su sencillez, humildad y resignación. Para toda adversidad tenía su disculpa. Por eso la humanidad creyente la invoca y a nombre de ella sufre las afujías del régimen capitalista con resignación y humildad. Decía que la frase favorita de la Virgen María era: "Dios proveerá".

Su madre le solía decir que la Virgen María aparecía en todas partes, donde menos la humanidad se podía imaginar y actuaba generalmente en cuerpo ajeno. "Todo en ella es amor, ternura, pureza y misericordia", solía decir con qué seguridad que Juan a sus diez años creía ciegamente. Anita, la mamá de Juan, no era estudiada. No pudo asistir a la escuela primero por la situación económica y segundo porque era mujer. Defendía la sumisión a capa y espada. "El marido – solía decir – es como el segundo papá, por lo tanto, hay que obedecerle y complacerlo al máximo".

La anciana se apoyó en el mostrador y mirando a Juan con qué ternura, preguntó qué quería. Juan, a pesar de su turbación se inclinó para decirle que buscaba hospedaje. La anciana sonrió y amablemente le indicó el cuarto. Mientras abría el viejo libro de registro, apareció como por encanto otra anciana. Caminaba despacio como sujetándose de las paredes. Saludó. Tenía una voz suave y apacible. "Bienvenido", dijo. Juan no salía de su asombro. "Cualquiera de las dos podría ser la Virgen María", pensó mientras estampaba la firma. En medio de ellas sintió flotar  el espíritu de su madre en un instante de fina inspiración, fue como una ráfaga de vientecillo de agosto que lo hizo levitar por algunos segundos.

Cogió la maleta y el maletín y siguiendo a una de las ancianas fue al cuarto. La cama era un camastro de mala muerte, el techo de madera ahumada al igual que las paredes de madera sin pulir. "¿En dónde puedo buscar comida?", preguntó Juan. "Tenemos solo bandeja con carne sudada y abundante riogo", dijo la anciana mirándolo suavemente a los ojos. "Perfecto", dijo Juan buscando el comedor. Era un mesón largo sin mantel. Se acomodó en taburete de madera y mientras esperaba la cena sacó el libro de Pablo Neruda y leyó algunos poemas. La anciana que trajo la bandeja no pudo ocultar su enfado. "¿Quién es usted?" Juan sonrió. "Soy trabajador del campo – dijo – voy para la finca de don Humberto". La anciana no contra preguntó. Se alejó despacio lamentándose de sus achaques de salud. "Esta artritis me quiere inmovilizar", alcanzó a escuchar Juan mientras comía con avidez. Cuando regresó con la sobremesa, Juan la interrogó: "¿Por qué el parque está tan solitario siendo escasamente las ocho de la noche? La anciana se inclinó y después de mirar en todas direcciones, dijo en voz baja: "Aquí manda la gente del monte y la orden es esa", dijo. "¿Quién es la gente del monte?", contestó asombrado Juan. "Usted es forastero, ¿Verdad?", dijo la anciana. "Sí señora", dijo Juan. "Señorita, perdón", dijo la longeva. "Disculpa" "No hay problemas". Colocó el bastón recostado en el comedor y se sentó con dificultad, apoyándose en el borde de éste. Miró con ternura filial a Juan como si fuera su propio hijo. El bochorno era intenso. Pensó cada palabra, cada frase y cada oración gramatical. "Aquí manda la guerrilla", dijo por entre los dientes postizos. Suspiró profundo e irguiéndose, agregó un tanto apesadumbrada: "Mejor dicho aquí hay de todo". Juan terminó de comer y mientras tomaba la sobremesa miró a su alrededor pensativo y nervioso. "¿Este es entonces un pueblo peligroso?", interrogó mientras se llevaba un palillo a la boca. La longeva agachó su rostro arrugado mirando el piso de madera sin brillar y después de reflexionar algunos segundos eternos, volvió a levantar su frágil mirada para contestar con miedo: "Sí, joven forastero, este pueblo es peligroso". "¿A qué viene usted realmente?", dijo la anciana con más confianza y seguridad. "A coger café", contestó Juan mirando a través del estrecho zaguán la soledad del parque oscuro. "Si es así, mucho cuidado", dijo la anciana incorporándose con dificultad y marchándose. La otra anciana cobró la cena. "¿Son gemelas?", preguntó Juan con cierta ironía. La anciana al entregar los vueltos sonrió levemente. "Todo mundo nos dice lo mismo, lo que pasa es que cuando viejo todos nos parecemos", contestó  disponiéndose a atender a otro cliente medio tomado que entró a grandes zancadas, medio turulato teniéndose de las paredes. No se fijó en Juan. Juan fue al inodoro, luego al lavamanos y una vez cepilló los dientes, se tiró sobre el camastro a soportar el bochorno metálico. Se sentía incómodo. Sentía todo el cuerpo pegajoso. Sin embargo, bocabajo leyó algunos poemas. Recordó a su madre. "Debe estar rezando el rosario", pensó mientras se acomodaba para descansar. Dio vueltas y vueltas en el camastro hasta que Morfeo lo sorprendió. Soñó cruzando el río de la Magdalena en un bote guiado por remos. Eran dos pescadores fornidos que remaban y remaban sin intercambiar palabra y sin dejarse ver el rostro. Juan intentó entablar conversación con ellos para mirarle el rostro, pero no fue posible. Intuía que eran pescadores porque cada uno cargaba sobre su espalda la red con pequeños lingotes de plomo. "Con eso se ganan la vida", pensó para sus adentros. Al llegar a la otra orilla, Juan saltó y al volver la mirada para cancelar, el bote y los remadores habían desaparecido. Juan abrió los ojos desmesuradamente y echándose a correr por la playa solitaria solo encontró interrogantes y nada de respuestas.

III

La llovizna contra el tejado lo despertó. Todavía no eran las seis de la mañana. Tenía la boca amarga. Se mantuvo inmóvil algunos minutos tomando conciencia del lugar y su entorno. Entonces suspiró triste e incorporándose se sentó en el borde del desvencijado camastro. No recordó el sueño. La lluvia era menuda pero seguía cayendo monótona. Abrió la pequeña ventanita rectangular viendo el tejado de la casa contigua. El gallo del vecindario cantaba, anunciando el advenimiento de un nuevo día lluvioso.

Fue al retrete y después al lavamanos. Nadies se movía en la posada. Entonces volvió a su aposento y después de ultimar detalles, cogió entre sus manos el libro de poesía y leyó algunos poemas, recostado apoyándose en la almohada. Pasadas las seis se incorporó y se dispuso a salir. Una de las longevas ya estaba en pie. "¿En dónde queda la panadería de don Armadio?", preguntó Juan apretando el libro entre sus manos. "A la izquierda", dijo la anciana. "Ahora vuelvo a sacar la maleta", dijo Juan encaminándose a la vetusta puerta de la posada. La anciana asintió con la cabeza, mientras miraba con dificultad el libro de registros.

Juan se paró un instante en el marco de la vetusta puerta, mirando en todas direcciones. "Este municipio es una pendiente", pensó. Giró a la izquierda y caminó despacio protegiéndose de la llovizna yendo por las paredes y escondiendo el libro entre su chaqueta raída. Cruzó la calle. Ahí estaba la panadería. Exacto en el vértice del parque. Entró y se sentó en una pequeña mesita plástica color roja. Saludó. El tendero lo miró extrañado. Sin embargo, intentó disimular. "Un tinto", dijo Juan. La panadería era larga con varios saloncitos. Al fondo varios borrachitos libaban al calor de la música mejicana. Mientras el panadero servía el tinto, Juan sacó el libro y leyó poesía. "Aquí está el tinto", dijo. Juan lo abordó de una vez. Le explicó todo detalladamente sin omitir detalle. Pero Armadio no quedó satisfecho. Eso lo percibió Juan desde un principio. Sin embargo, aparentando tranquilidad permaneció allí tomándose el tinto sorbo a sorbo y leyendo poesía nerudiana. "Sé quién es don Humberto", dijo secamente. "El jeep para la Fila sale a las ocho en punto", agregó alejándose apresurado para atender las otras mesas.

A los pocos minutos llegó con  un aguardiente grande don Armadio. Venía meloso. "Se lo mandan los señores que están al fondo", dijo. Juan se inquietó, era abstemio y más en tierra desconocida con los antecedentes recopilados hasta ahora, aquello le pareció supremamente embarazoso. ¿Rechazarlo? ¿Botarlo? ¿Devolverlo? Todo fue confusión. Sin embargo, levantó la mano para agradecer el gesto. "Aquí no hay de otra", dijo y tomando la copa se la sentó de un solo golpe. El licor le quemó la garganta. Lo bajó con un sorbo de café. Siguió leyendo. Recordó que los poetas eran bohemios. "No creo que Neruda sea la excepción", pensó mientras miraba discretamente el movimiento de personas que entraban y salían de la panadería con distintos fines. Un joven entró y le entregó discretamente un pedacito de papel bien doblado a don Armadio. Éste lo cogió y sin leerlo lo echó al bolsillo de la camisa blanca, siguiendo con su labor como si nada ocurriera.

No pasó mucho tiempo cuando don Armadio se apareció con una nueva copa de aguardiente. Juan se sorprendió. "No más", dijo poniéndose en pie. Los bohemios rieron casi en coro. "Es una cortesía, acéptela", dijo don Armadio con buenos modales. "Mi padre decía – pensó Juan – que no hay más peligroso que despreciar a un borrachito", entonces tomó la copa y se la sentó con fuerza como la primera vez. Había dejado de lloviznar y un sol pálido aparecía entre nubarrones.

Juan comenzó a tranquilizarse. Se encogió de hombros y pidió otro tinto. Quiso enviar una tanda a esos desconocidos pero calculó que el dinero no le alcanzaba. Siguió leyendo mientras esperaba la hora precisa para partir. Armadio llegó con una tercera copa repleta de licor y una propuesta que en realidad era una orden: "Los amigos lo invitan a su mesa". Juan reaccionó. "No es posible – dijo – ellos están tomando y yo listo a salir a trabajar". No terminó la frase cuando uno de ellos, joven para más señas, se incorporó fue hasta la mesa de Juan y extendiéndole la mano lo invitó a su mesa. "Vamos con toda la confianza", dijo. Juan no tuvo escapatoria. Apretó los labios en gesto de decisión y caminó despacio sosteniendo el libro en una mano y en la otra la copa de aguardiente.

Aquellas miradas ebrias y trasnochadas lo desnudaron en cuestión de segundos. "Siéntese y nos acompaña", dijo uno de ellos. "La verdad no tomo – dijo Juan nervioso – voy a trabajar en la Fila". Uno a uno se fue presentando: El primero en hacerlo fue el que fue hasta su mesita. Era el más joven de todos: "Soy profesor", dijo. "Soy el inspector municipal de policía", dijo el segundo en presentarse. Era obeso, boso exaltado y mirada vidriosa. "Soy el juez promiscuo municipal", dijo el tercero. Era joven, alto y de buen humor. "Soy el secretario del juzgado", dijo el cuarto. Era bajito, barrigón y coloreto. Armadio disimulaba no estar interesado en la conversación y se movía como pez en el agua atendiendo la clientela.

Juan miraba a sus inoportunos contertulios con angustia, pensaba cómo zafarse de ellos, pero por el momento era imposible. Estaba atrapado en el laberinto sin posibilidad alguna de escaparse de buenas a primeras. Recordó la golpiza que el ternero le propinó cuando era niño en la finca La Esperanza. Eran las cinco de la tarde, su padre le había dicho a él y a su hermanito menor, que entraran porque iba a traer el ternero bravo. No hicieron caso. "Cuando asome arriba, nos entramos", le dijo a su hermanito. El animal los cogió de sorpresa y de dos cornadas descargó a su hermanito en el corredor. A salvo corrió a la cocina. Entonces el animal se volvió contra Juan golpeándolo una y otra vez. "Yo – recordaría después – apenas hacía sino encogerme y cerrar los ojos". Lo manejó como un balón de fútbol hasta cuando llegó su padre, atravesándole dos garrotazos en la ternilla. Juan duró varios días en cama, molido por los golpes.

"Ahora, le toca a usted presentarse", dijo el juez promiscuo municipal. Juan se estremeció y asentándose otro aguardiente, se presentó. Dijo la verdad y nada más que la verdad. Todos se miraron entre sí y rieron a carcajadas. "Invéntesela mejor", dijo uno de ellos. "¿Quién le va a creer a usted que es un simple labriego recolector de café?", dijo seco el juez. Juan buscó protección en el espaldar de la silla plástica color blanco. "Es la verdad", insistió. "Voy a trabajar en la finca de don Humberto", argumentó mirando el papelito donde tenía anotado el nombre y la dirección.

El juez sin perder la calma bajó la voz y acercándose a Juan, le dijo casi que al oído: "Dinos la verdad, todos somos autoridad acá no hay problemas". Juan enmudeció. Un frío tétrico recorrió el espinazo de extremo a extremo. La música mejicana en cabeza de Antonio Aguilar inundaba la panadería. "¿Quién es usted?", volvió a preguntar el profesor. Juan insistió en la respuesta inicial, realmente no tenía otra. El ambiente se fue tornando áspero. Juan buscaba la oportunidad de escabullirse pero no la hallaba por ninguna parte. El secretario del juzgado fue directo y contundente. Sorprendió a Juan con una seguidilla de preguntas. Una tras de otra como una tempestad borrascosa: "¿Es usted agente del Estado?" "¿Es usted paramilitar?" "¿Es usted guerrillero?" "¿Quién diablos es usted?".

Atónico, descompuesto por el pánico Juan se puso en pie y quiso salir corriendo. Esa fue su primera intención. Pero no pudo, estaba prácticamente petrificado. Apretando su libro contra su pecho insistió en su primera versión. "Dinos la verdad, todo quedará entre nosotros, la autoridad trabaja con todos", dijo el juez empujando un aguardiente. Ante la versión inmodificable de Juan el inspector municipal de policía reaccionó violento y amenazante. "Tiene plazo mediodía para que desocupe el municipio, de lo contrario, será aprehendido por sospecha". Todos se solidarizaron con el inspector y en coro repitieron la amenaza. "Solo vengo a trabajar, señores", dijo Juan con enfado. "Échele ese cuento al más pendejo", dijeron en coro. Juan se incorporó y pagando los dos tintos preguntó nuevamente a qué horas salía el jeep para la Fila. "A las ocho en punto", dijo don Armadio al momento de darle los vueltos.

Juan giró sobre sus pasos y se encaminó al hostal. Caminó lento, ensimismado, mirando sin ver el ajetreo de los transeúntes. Se paró en el marco del hotelucho y volviendo la mirada se percató que los borrachitos lo observaban parados en el marco de la panadería. "Me gané la lotería sin comprar el billete", dijo para sus adentros. Entró despacio y sacó la maleta y el maletín, guardando en este último el libro de poesía. Estiró la mano para despedirse de las dos veteranas y encaminándose a la puerta fue sorprendido por una de las venerables ancianas. Su voz melódica interrumpió las meditaciones cenagosas de Juan. Giró y regresando al mostrador, descargó la maleta y el maletín sobre él. "¿A la orden?", dijo. Las ancianitas lo miraron con ternura infinita. En ellas vio el rostro de su mamá, también el rostro inmaculado de la Virgen María, tal como su madre se la imaginaba. "Joven – dijo una de ellas – usted es una persona sana, corre peligro si  va a la vereda La Fila. Es mejor que salga del municipio rápidamente". Juan palideció. "Vengo a trabajar", dijo. "Es cierto – agregó la anciana meditabunda – pero al ser forastero el ejército puede decir que es guerrillero y la guerrilla que es militar. Si se salva de uno no se salva del otro. Es la cruda realidad", subrayó con énfasis.  

Juan no puso en duda la explicación de la anciana. Su sinceridad no admitía duda de ninguna naturaleza. El balcón del oriente era un infierno y Juan lo ignoraba de cabo a rabo. "¿La guerrilla es mala?", preguntó sin tomar conciencia de lo que preguntaba. Las ancianas se miraron entre sí. No pudieron disimular su incapacidad para dar una respuesta correcta o por lo menos aproximada. "Para el adinerado es mala, para el pobre es buena", contestó una de ellas. Apretando los labios repleto de arrugas la anciana que lideraba la conversación, dijo con claridad diáfana: "Solo es un consejo, usted lo toma o lo deja".

Descompuesto por la incertidumbre Juan abandonó el hotelucho. El Jeep destartalado ya estaba estacionado. Poco a poco los pasajeros lo iban abordando. El chofer – un hombre joven y rudo – subía bultos en costales de fique y de fibra. Era sonriente. Tenía en el hombro derecho una bayetilla  roja sucia. Con ella se quitaba el sudor. Los borrachitos estaban pendientes del movimiento de Juan. Al parecer se les había convertido en una obsesión o capricho de borracho. Los consejos de las ancianas le daban vueltas en su cerebro. Recordó a su progenitora. Ella solía decir que el sexto sentido existía y que era exclusividad de la mujer. "Cuando la sociedad machista sea derrotada, este sexto sentido, el sentido de la intuición, hará grande a la humanidad", solía decir tímidamente en reuniones de dos y hasta tres personas.

Atolondrado buscó en el maletín la pequeña agenda. Una vez la encontró, buscó despacio hasta encontrar el número telefónico de su amigo que laboraba en la gobernación. Se encaminó a la telegrafía que quedaba a media cuadra del hotelucho. La telegrafista era alta y esbelta. Tenía gafas y cabellera larga azabache. Cejas espesas bien delineadas y pómulos salientes. Vestía traje suave propio para la ocasión. "A la orden", dijo dejando escapar una risita. "Por favor marcarme este número", dijo Juan mirando discretamente el escote de la hermosa mujer.

No era fácil la comunicación. Sin embargo, la tenaz persistencia de la operadora hizo el milagro. "Pase a la cabina tres", dijo. Juan levantó nervioso el auricular y escuchó la voz grave de su amigo Edgar. El saludo fue corto y el mensaje concreto: "Salga inmediatamente de allá", dijo. "Ese municipio es zona roja, huevón". Juan no sabía que quería decir zona roja, pero por el acento de la voz lo hizo reaccionar con más fuerza aún. Por fin entendió que estaba sobre un polvorín. "Llegue a mi oficina que queda en el séptimo piso", dijo y colgó. Juan quedó algunos segundos con el auricular en la mano. Sentía que flotaba. Miró a través del vidrio y uno de los borrachitos estaba en el centro del parque ojeándolo. Pagó y salió a la calle. Cerca estaba la agencia de transportes. Se encaminó. Cruzó la distancia a zancadas. Fue directo a la taquilla, la cual era atendida por una mujer otoñal con semblante de putona. "¿Para dónde?", preguntó mostrando el escote con lascivia. "Para la capital, señorita", repuso Juan nervioso. "¿Señorita? Ni porque fuera la más fea", dijo la taquillera. Juan no supo contestar. Se acomodó en el pequeño asiento y esperó la hora de partir. Eran las once de la mañana, de un sol pálido. Sin embargo, el bochorno era intenso. Compró una botella de agua y sacando el libro leyó poesía. El bus era un carro largo de variados colores. Lo manejaba un cuarentón, calvo y de gestos lentos. Tenía gafas gruesas. Una vez lo estacionó Juan lo abordó. Quería salir cuanto antes. Un cuarto de hora después comenzó a recorrer la distancia. Descendió sin prisa, pero sin pausa, superando las curvas con precisión. Sonrió para sí mismo y respirando profundo se apretujó en su silla. El viaje fue normal, la capital le depararía otros sinsabores. Por ahora era feliz. Entonces recordó la frase de Pablo Neruda: "Confieso que he vivido".

Fin

Por Gabriel García Márquez


A medida que pasa el tiempo y retorna la tranquilidad a la isla de Granada, va quedando claro que la invasión por tropas norteamericanas no fue tanto una operación militar como una maniobra enorme de manipulación informativa. Para empezar, el balance de víctimas no corresponde al escándalo : 18 norteamericanos muertos y 91 heridos- muchos de ellos en incidentes y accidentes confusos, y no en combates- y un número nunca establecido de granadinos muertos, 20 de ellos en el curso de un bombardeo a un hospital de enfermos mentales.

Este último episodio es el más oscuro de todos. Según se dijo al principio, el lugar había sido bombardeado con cohetes aéreos porque dos cubanos resistían desde el interior. Sin embargo, una versión de la Prensa norteamericana dice ahora que el bombardeo se debió a que el hospital estaba a sólo 150 metros de Fort Frederik, y éste era defendido con ahínco por los últimos soldados del ejercito granadino. El hospital- dice la versión- no tenía ninguna señal que permitiera identificarlo. Más aún : la periodista colombiana Laura Restrepo, enviada por la revista Semana con los primeros periodista que entraron en la isla, se sorprendió de que en aquel sanatorio para enfermos mentales – contra el esplendor de su nombre- no fuera más que un grupo de chozas de paja. La revista Time , por su parte, le reprocha al Pentágono que no hubiese dicho nada de esa matanza- accidental o no- mientras no fue denunciada por una periodista canadiense. El Pentágono se defendió diciendo que cuando los infantes de Marina ocuparon el hospital los muertos habían sido ya sepultados, y no encontraron ninguna razón para sospechar que el bombardeo de los días precedentes hubiera causado alguna víctima. Pero quienquiera que haya estudiado con cierto cuidado las informaciones de Granada, sobretodo en los primeros días, debe tener motivos para creer que el silencio del Pentágono en relación con los muertos del hospital psiquiátrico pudo no haber sido casual

En realidad, toda la información de los primeros días- manejada de un modo exclusivo por el Gobierno de Estados Unidos, y casi siempre por el presidente Reagan en persona- ha empezado a desmoronarse. Ahora se entiende cómo fue posible que más de 6.000 hombres de Estados Unidos, bien entrenados y con todos los recursos de la guerra moderna, no hubieran podido someter en dos semanas a uno de los ejércitos más reducidos y pobres del mundo, en una isla de 111.000 habitantes desmoralizados que no tenían ni modo ni ganas de resistir. La explicación es simple: no hubo tal resistencia.

En primer término porque los granadinos, aún no repuestos del asesinato de su líder más querido- Maurice Bishop-, no debieron ver a los infantes de Marina como sus enemigos, sino al contrario, como los enemigos de sus enemigos.

En segundo término, porque los asesinos de Bishop, repudiados por su pueblo y por la mayoría de su Ejército, se metieron debajo de la cama a los primeros tiros. En efecto, parece ser que Bernard Coard- el vice primer ministro de Bishop que lo derribó a traición-se había escondido con su esposa después de abandonar el poder que había usurpado pocos días antes. Por su parte, el general Hudson Austin- responsable inmediato de la muerte de Bishop- abandonó el Ejército a su suerte, y al parecer andaba ofreciendo hasta 3.500 dólares a quién le hiciera el favor de llevarlo en una lancha a Guayana. Los focos de resistencia que quedaron después de la desbandada podían ser reducidos en pocas horas por unas fuerzas de desembarco preparadas para operaciones much más gloriosas.

La verdad parece ser que el Gobierno de Reagan necesitaba inventar aquella resistencia para justificar la invasión con el supuesto de la militarización masiva de la isla por los cubanos y los soviéticos. Durante más de una semana, las tropas de ocupación se movieron a sus anchas por la isla, sin que ningún periodista de ningún país pudiera entrar para contradecir las versiones oficiales del Gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, fuera de todo control, aun este último no hizo más que contradecirse a sí mismo.

La primera contradicción enorme fue el motivo de la invasión. De acuerdo con un comunicado oficial, el desembarco tenía como único objetivo proteger la vida de unos 600 estudiantes norteamericanos que estudiaban en la muy prestigiosa facultad de Medicina de Granada. Sin embargo, hasta ahora no se ha demostrado que estuvieran en peligro y, en cambio, si es probable que estuvieran contentos en el lugar. Nada les había impedido abandonarlo por su propia voluntad, y los pocos que hicieron la payasada de besar tierra norteamericana cuando volvieron a ella- como suelen hacerlo los papas de ahora donde quiera que llegan- parecían olvidarse de que para lograrlo no era necesario la intervención brutal de 6.000 hombres armados como para una guerra mundial. Sin embargo, el presidente Reagan también olvidó demasiado pronto su pretexto original y no tuvo inconveniente en decir que el desembarco había sido necesario porque Granada se había convertido en una fortaleza militar del comunismo internacional. Lo triste es que las supuestas pruebas de esa afirmación-anunciada a grandes voces por el Gobierno de Estados Unidos- no han logrado convencer sino a los ya convencidos, algunos de ellos, por cierto, muy respetables por motivos distintos.

El cuento de la ocupación cubana fue tal vez el menos consistente. Los primeros periodistas extranjeros que llegaron a Granada no pudieron disimular su desilusión frente al aeropuerto que estaban construyendo los técnicos y obreros de Cuba. El Gobierno de Estados Unidos había hecho creer que era un aeropuerto construido para las naves de guerra soviéticas y no para aviones comerciales que llevaran turistas pacíficos, inclusive norteamericanos, que son los más fructíferos. El argumento se fundaba que la pista iba a tener 3.000 metros de larga, y esta cifra parecía impresionante para quienes no saben que cualquier aeropuerto moderno donde operan los grandes aviones civiles debe tener esas medidas, sobre todo si se prevé un desarrollo futuro de su capacidad. La misma revista Time , con una pretensión de objetividad, hace esta consideración retorcida : "Es verdad que la nueva pista no está construida con las estructuras de protección y los equipos de apoyo que son usuales en los aeropuertos militares, pero podría ser usada por aviones militares pesados como punto de abastecimiento para los cubanos en ruta hacia el Africa, o para los soviéticos que transporten armas hacia America Central". Es decir como cualquier aeropuerto común y corriente.

Lo más confuso de todo fue el manejo que hizo el Gobierno de Estados Unidos de la información sobre los cubanos en Granada. Desde el principio se dijo que eran unos 600 hombres, entre obreros del aeropuerto, maestros, médicos y asistentes militares. Estos últimos- según el supuesto documento revelado por la Secretaría de Estado de estados Unidos- eran sólo 27 con carácter permanente y unos 12 eventuales. Se ha dicho, sin embargo, que debía haber muchos más que se hacían pasar por trabajadores civiles, porque todos demostraban tener un buen entrenamiento militar. Hasta los mismos que lo dijeron sabían, sin duda, que todo cubano mayor de 14 años, hombre, mujer o niño, tiene la suficiente formación militar para defender a su país en caso de una invasión extranjera. Las llamadas tropas territoriales, que son milicias civiles, cuentan en la actualidad con 500.000 hombres y mujeres y está previsto que en breve serán el doble.

En todo caso, al principio de la invasión Estados Unidos dijo que los 600 cubanos habían caído prisioneros sin resistir. Después- cuando Cuba pidió su repatriación- se dijo que la mayoría estaba resistiendo en las colinas. Por último sin ninguna explicación, aparecieron 27 muertos, 57 heridos y el resto en un campamento de prisioneros donde sólo se permitió el ingreso a dos periodistas: un reportero y un camarógrafo dominicanos, que trataron de convencer a algunos prisioneros, con toda clase de promesas, para que se asilaran en Estados Unidos y confirmaran una versión que estos tenían preparada sobre las actividades de Cuba en la isla. Eran, por supuesto, agentes de la CIA, que se llevaron la sorpresa de no encontrar a ningún cubano dispuesto a vender su alma al diablo. De haberlo encontrado, la vasta operación de manipulación informativa habría culminado con un acto espectacular. Por no haber sido asi, la triste invasión a Granada pasará como uno de los capítulos menos honorables de la historia de Estados Unidos

Querido Nicolás:

Me uno a la opinión unánime de los que te han felicitado por tu brillante y valiente discurso la noche del 6 de diciembre, apenas se conoció el veredicto de las urnas.

En la historia del mundo, el más alto nivel de gloria política que podía alcanzar un revolucionario correspondió al ilustre combatiente venezolano y Libertador de América, Simón Bolívar, cuyo nombre no pertenece ya solo a ese hermano país, sino a todos los pueblos de América Latina.

Otro oficial venezolano de pura estirpe, Hugo Chávez, lo comprendió, admiró y luchó por sus ideas hasta el último minuto de su vida. Desde niño, cuando asistía a la escuela primaria, en la patria donde los herederos pobres de Bolívar tenían también que trabajar para ayudar al sustento familiar, desarrolló el espíritu en que se forjó el Libertador de América.

Los millones de niños y jóvenes que hoy asisten a la mayor y más moderna cadena de escuelas públicas en el mundo son los de Venezuela. Otro tanto puede decirse de su red de centros de asistencia médica y atención a la salud de un pueblo valiente, pero empobrecido a causa de siglos de saqueo por parte de la metrópoli española, y más tarde por las grandes transnacionales que extrajeron de sus entrañas, durante más de cien años, lo mejor del inmenso caudal de petróleo con que la naturaleza dotó a ese país.

La historia debe dejar también constancia de que los trabajadores existen y son los que hacen posible el disfrute de los alimentos más nutritivos, las medicinas, la educación, la seguridad, la vivienda y la solidaridad del mundo. Pueden también, si lo desean, preguntarle a la oligarquía: ¿saben todo eso?

Los revolucionarios cubanos —a pocas millas de Estados Unidos, que siempre soñó con apoderarse de Cuba para convertirla en un híbrido de casino con prostíbulo, como modo de vida para los hijos de José Martí— no renunciarán jamás a su plena independencia y al respeto total de su dignidad. Estoy seguro de que solo con la paz para todos los pueblos de la Tierra y el derecho a convertir en propiedad común los recursos naturales del planeta, así como las ciencias y tecnologías creadas por el ser humano para beneficio de todos sus habitantes, se podrá preservar la vida humana en la Tierra. Si la humanidad prosigue su camino por los senderos de la explotación y continúa el saqueo de sus recursos por las transnacionales y los bancos imperialistas, los representantes de los Estados que se reunieron en París, sacarán las conclusiones pertinentes.

La seguridad no existe hoy ya para nadie. Son nueve los Estados que cuentan con armas nucleares, uno de ellos, Estados Unidos, lanzó dos bombas que mataron a cientos de miles de personas en solo tres días, y causaron daños físicos y psíquicos a millones de personas indefensas.

La República Popular China y Rusia conocen mucho mejor que Estados Unidos los problemas del mundo, porque tuvieron que soportar las terribles guerras que les impuso el egoísmo ciego del fascismo. No albergo dudas que por su tradición histórica y su propia experiencia revolucionaria harán el máximo esfuerzo por evitar una guerra y contribuir al desarrollo pacífico de Venezuela, América Latina, Asia y África.

Fraternalmente,
Firma Fidel Castro Ruz
Fidel Castro Ruz
Diciembre 10 de 2015
6 y 42 p.m.

La victoria y la derrota

 |  Published in Mundo
Yvke Mundial/José Vicente Rangel
 

1.- No puedo analizar lo ocurrido el pasado domingo 6 en las elecciones parlamentarias, lo de fondo, en esta nota. Se trata de un hecho que trasciende el cometido específico de la jornada comicial, y de allí su complejidad. En este primer enfoque plasmaré, por supuesto, mi observación inicial dado el requerimiento de cumplir con el compromiso de escribir esta columna que, por razones obvias, diferí para esta fecha.

2.- Ante todo quiero destacar el comportamiento cívico del pueblo venezolano, su participación masiva y civilizada, especialmente si se toma en cuenta la extrema polarización que existe en el país. Cuando los pronósticos apuntaban a la violencia, la afluencia de los electores fue increíblemente pacífica. Muy pocos fueron los episodios en los que los ánimos se desbordaron. El resultado que arrojaron las urnas electores responde a muchos factores. Ni siquiera los vencedores -la MUD como emblema-, imaginaron una ventaja tan holgada sobre el adversario. Este aspecto obliga a la profundización de los análisis ya que si bien es cierto que influyó en el éxito de la oposición el dato económico, escasez, desabastecimiento, hiperinflación, no es menos cierto que también influyeron otros factores que conviene esclarecer con rigor, ejemplo, corrupción, fallas de los equipos de gobierno, políticas desacertadas y contradictorias, rechazo a consensuar y arrogancia de muchos funcionarios.

3.-  Sin duda que la oposición realizó un trabajo inteligente cabalgando sobre problemas concretos que exacerbaban a la colectividad, como las colas y el difícil acceso a productos de primera necesidad. En apariencia estuvo desaparecida del escenario público, lo cual le facilitó el trabajo silencioso que realizaba y fue capaz de construir la unidad exhibiendo tolerancia con los que mantenían posiciones discrepantes internamente.

4.- En el marco de la derrota el chavismo, en circunstancias muy adversas por la insoportable carga de la situación económica, alcanzó un 42% de votos. Un voto duro, blindado, que constituye una reserva importante para asumir la política que se planteará a partir de ahora. El presidente Maduro mostró su calidad de dirigente y de luchador social, al asumir con entereza el resultado adverso. A diferencia de la caricatura que de él hicieron la oposición y los factores que jugaron papel clave en el exterior, en el sentido de que es un dictador y de que no reconocería una derrota, actuó de inmediato, tan pronto el CNE anunció el primer resultado, y llevó la tranquilidad a los venezolanos al aceptar el veredicto de las urnas sin reservas de ningún tipo. Es decir, que actuó con la honradez republicana que nunca mostró la oposición cuando en 19 procesos electorales siempre cantó fraude ante los triunfos del chavismo.

5.- En concreto, y por ahora, hay que decir que se abre una etapa de relanzamiento de nuevas políticas, de rectificaciones, de profundización de logros, de ejercicio humilde del liderazgo y de apertura de canales para el diálogo. A los que triunfaron el 6D que sepan administrar la victoria, que es la parte más difícil de ésta; y para los derrotados, que en política nunca hay derrotas definitivas y lo que cuenta es la perseverancia. Más adelante trataré otros aspectos relacionados con el tema.

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“Venezuela tarde o temprano será un mercado muy interesante para Colombia”

En su perorata en la entrega de los Premios Portafolio a los “exitosos” empresarios colombianos, realizada el pasado 3 de diciembre (2015), Juan Manuel Santos, presidente de la oligarquía colombiana,  se refirió como de costumbre, despreciativamente hacia la república Bolivariana de Venezuela y haciéndose eco de la campaña imperial contra el proceso bolivariano, pareció estar anunciado un golpe en Venezuela.

Santos dijo: “El entorno regional es un entorno complejo, tenemos que manejar eso también con mucha inteligencia, con mucha prudencia y mirando siempre un poco más allá de la coyuntura. Eso es algo que todos debemos que hacer, inclusive en países como Venezuela nadie hoy da cinco centavos por sus exportaciones a Venezuela, pero Venezuela tarde o temprano será un mercado muy interesante para Colombia”.

Y continuo: “Yo les digo a mis amigos exportadores: véanlo como un potencial enorme, no vayan a poner sus huevos en esa canasta en este momento pero sí no descuiden ese mercado porque el día de mañana será un mercado muy importante”.

Las declaraciones de Santos se dan en el marco de una gran campaña de desprestigio contra el proceso bolivariano de Venezuela, auspiciada por el imperio y sus lacayos, que aprovechando que este domingo 6 de diciembre se realizaran elecciones en ese país, buscan dar un golpe de mano para derrocar el procesos bolivariano.

¿Que predijo Juan Manuel Santos?, o comenzó a bailar antes de que llegue la orquesta.

LAIGUANA.TV – A dos días de las elecciones parlamentarias, no hay excusa para los errores, todo aquello que sea considerado como tal, tiene un trasfondo político; esta vez la cadena de noticias CNN identificó en su pantalla como “Presidente de Venezuela” a nada más y nada menos que al jefe del imperio estadounidense Barack Obama.

Lo que CNN en Español calificó como “error” fue captado en el programa “Conclusiones” del jueves, mientras Obama emitía declaraciones sobre el tiroteo en California, debajo de su nombre en el insert decía clarito: “Presidente de Venezuela”.

¿Cómo es posible que un detalle de esta naturaleza suceda más de una vez en una estación televisiva, tan grande como CNN? Y siempre contra el Gobierno de Venezuela, ¿curioso no? Recordemos que los generadores de caracteres no son automáticos, siempre son manipulados por un operador de guardia. Juzgue usted mismo.

La cuestión kurda es de esas cosas que, aunque nadie las mencione, está en el corazón de la crisis siria en particular, y del Medio Oriente en general. No es casual que el vocero de la OTAN, Jens Stoltenberg, haya respondido al derribamiento del bombardero ruso por parte de Turquía afirmando que "estamos en solidaridad con Turquía y apoyamos la integridad territorial de nuestro aliado turco"[1]. ¿Por qué hablar de la integridad territorial cuando esta cuestión no ha sido mencionada por nadie en medio de las actuales tensiones ruso-turcas? ¿Qué tiene que ver la integridad territorial de Turquía con el derribamiento de un avión ruso en territorio sirio? Aparentemente nada; sin embargo, en la realidad, tiene mucho que ver gracias a ese actor a veces invisible, que son los kurdos.

Las acciones del gobierno turco en la región del Levante son extraordinariamente desestabilizadoras. Mientras juegan la carta de la defensa a ultranza de la soberanía nacional para justificar la agresión al bombardero ruso, sus fronteras son extraordinariamente porosas para los combatientes yihadistas rumbo a Siria y su ejército apoya soterradamente al Estado Islámico (ISIS). De hecho, la reciente campaña turca contra el Estado Islámico fue, en realidad, una ofensiva en contra del movimiento guerrillero kurdo PKK. El islamismo en sus variantes totalitarias no molesta a Turquía demasiado; de hecho, el proyecto político del presidente turco Erdoğan –que mezcla de manera oportunista el islamismo político y sus pretensiones de sultán, con la conservación de las bases del Estado autoritario kemalista (incluido su Estado profundo)- se ha ido acercando a la idea de proyectar la hegemonía sunita en la región de la mano de los saudíes y los emiratos, quienes se han convertido en sus aliados objetivos en la región. El principal enemigo de Erdoğan son los kurdos: la única fuerza autóctona que en terreno ha demostrado capacidad de luchar en contra del Estado Islámico, articulados en el PKK y el YPG[2]. Objetivamente, Erdoğan ha convertido a los enemigos de sus enemigos, en sus amigos.

La OTAN se ve, entonces, forzada a plantear su defensa de la integridad territorial turca, porque saben que los kurdos miran toda esta crisis como una oportunidad de luchar por su derecho a la autodeterminación represado por un siglo de autoritarismo secular y religioso. En el Kurdistán nace un nuevo mundo en medio de las ruinas. Es un mundo hermoso, aún embrionario, de participación popular, de organizaciones horizontales, donde se busca la relación armoniosa con el medio ambiente y la igualdad de las personas, la liberación de la mujer y la fraternidad entre los pueblos que habitan la región, independientemente de etnia y credo. Este proyecto lo han llamado "Confederalismo Democrático". El proyecto totalitario y sectario de Erdoğan odia a ese mundo y lo quiere ver ahogado en sangre. Por esos las bombas en Amed (Diyarbakır), Pirsûs (Suruç) y en Ankara; por eso las incursiones militares que han dejado más de medio millar de muertos en la región kurda del Estado turco (Silvan, Gimgim, Silopiya, Cizîr).

Es imposible seguir haciendo la vista gorda ante la evidencia: Turquía apoyará al Estado Islámico porque les sirve en la lucha contra los kurdos –que amenazan la integridad del Estado kemalista- y en su lucha en contra de Assad –piedra en el zapato para el proyecto sunita sectario de las dictaduras fundamentalistas pro-EEUU. Sencillamente, le son funcionales. Y los protegerá todo lo que pueda, aunque eso le cueste tensiones con Rusia. La OTAN, indirectamente, se ha visto involucrada en este juego. La OTAN, con EEUU a la cabeza, no logra sino dar palos de ciego, tras la humillación mundial a la que ha sido sometida por la intervención rusa en Siria: tras años de intervencionismo, solamente han logrado fortalecer al Estado Islámico y reproducir el fiasco que dejaron en Libia. Su intención jamás ha sido otra que derrocar a Assad –para lo cual se han apoyado en los islamistas. En semanas, Rusia demostró que se puede golpear y hacer retroceder al Estado Islámico.

Los kurdos miran, toman nota, y combaten en el terreno. Mientras occidente se da en el pecho y habla fuerte contra el islamismo, no hará nada en el terreno porque está atado de manos por Turquía y por los califatos árabes. Por eso Erdoğan reacciona con histeria ante la presencia militar rusa –porque cambia el equilibrio militar en contra del Estado Islámico. Peor aún para Erdoğan, este equilibrio puede cambiar a favor de los kurdos. Sabido es que Assad está dispuesto a respetar su autonomía y que los kurdos no están interesados en derrocar al gobierno de Damasco: su objetivo ha sido combatir al Estado Islámico y tratar de crear un mundo nuevo, en sus territorios en medio del caos y la tragedia de la guerra. Ahora, Erdoğan es quien podría haber dado el empujón necesario para que Rusia se decida a dar el respaldo y reconocimiento al movimiento de liberación kurdo, que necesita urgentemente armas y apoyos logísticos. Esa es la preocupación de la OTAN por la integridad territorial turca. Los dados, empero, ya están echados y el acto de torpe desesperación de Erdoğan puede costarle más caro de lo que cree. Hay un bebé hermoso que espera nacer, y, en medio de la complejidad geopolítica y las rivalidades entre las potencias, los pueblos del mundo también pueden actuar como matronas solidarias en su parto. Ese bebé es la experiencia libertaria del pueblo kurdo.

José Antonio Gutiérrez D.

25 de Noviembre, 2015



[2] Los peshmergas de Irak, apoyados por EEUU, son increíblemente incompetentes para combatir.


Los atentados a paris


Es inévitable hablar de los últimos sucesos Que precisamente Tienen lugar en Francia y que tienen mucho que ver con los análisis Qué tan solo avanzábamos hace unas semanas sobre la guerra en Siria y los aux Responsables de estas masacres.


Este viernes poco antes de la medianoche soi sucedieron 7 ataques Coordinados en la francesa de capitaux Que acabaron con la vida de 129 personas y con casi 400 heridos. Este acto abyecto de terrorismo, esta nueva aniquilación cobarde y repugnante de personas aleatorias es el último de los atentados Que reivindica el Estado Islamico en su lucha por el territorio ampliar Dominado y lograr imponer su Visión política y religiosa más Alla de Siria e l'Irak, territorios Qué Controla desde hace 3 años.


Pero no es La Unica violencia y mucho menos ni acaba en Europa. Esta barbarie soi repite una y otra vez, a través de los bombardeos perpetrados por la aviación francesa en la misma Siria, en base de l'ONU las decisiones del gobierno francés

 

RT.com / "En el marco de la cumbre del G-20 Rusia puso ejemplos de la financiación de terroristas por individuos de 40 países, incluidos del G-20", afirmó el presidente ruso, Vladímir Putin, en el marco de la cumbre que concluye este lunes en Turquía.

"La financiación de terroristas proviene de unos 40 países, incluidos algunos del Grupo de los veinte", ha declarado el presidente de Rusia, Vladímir Putin, en el marco de la cumbre del G-20 en Antalya, Turquía.

Tras compartir esta información sobre los canales de financiación del terrorismo, Putin dijo confiar en la continuidad de la colaboración en materia antiterrorista con los colegas del G-20. Asimismo, el presidente hizo hincapié en la necesidad de prevenir la venta ilegal y que los terroristas reciban ingresos del petróleo y sus derivados.

Suministros sistemáticos de armas y vehículos desde el extranjero al EI

El autoproclamado califato del Estado Islámico no solo cuenta con financiación que obtiene de países extranjeros y con ingresos por la venta ilegal del petróleo, sino que también recibe armas.

EE.UU., Arabia Saudita, Catar y otros Estados del Golfo Pérsico, junto con Turquía, sostienen abiertamente que seguirán apoyando a las fuerzas que luchan contra el presidente sirio Bashar al Assad. Sin embargo, expertos reiteran que la 'oposición moderada' apoyada por Estados Unidos, o bien forma parte de los grupos extremistas o bien está cada vez más cerca de ellos.

De hecho, un informe secreto de la Inteligencia de EE.UU. elaborado en agosto de 2012 para el Pentágono establece que "Occidente, los países del Golfo Pérsico y Turquía están apoyando a la oposición, principalmente compuesta de musulmanes salafistas, Hermanos Musulmanes y Al Qaeda en Irak (AQI, según siglas en inglés)". La 'filial' iraquí de Al Qaeda se unió a los grupos afiliados del Estado Islámico y se involucró en la guerra contra el Gobierno sirio, considerado por los yihadistas como una fortaleza del régimen hostil chií.

Según 'Deutsche Wirtschafts Nachrichten', EE.UU. suministró a la así llamada 'oposición moderada' del Frente Al Nusra, filial siria de Al Qaeda, decenas de vehículos de la marca japonesa Toyota que, posteriormente, fueron a parar a manos del Estado Islámico. En sus operaciones y ataques los combatientes del EI utilizan principalmente camionetas todoterreno Toyota Hillux.

Controversia en Francia: "El Frente Al Nusra hace un buen trabajo"

La relación entre Francia y el Frente Al Nusra vuelve a suscitar controversia tras los atentados del pasado 13 de noviembre en París, subraya en declaraciones a RT el periodista e investigador belga Michel Collon.

El periodista sostiene que la frase pronunciada por el ministro Fabius en 2012, cuando dijo que "el Frente Al Nusra hace un buen trabajo en Siria" suscita dudas. "¿Qué reacción podemos esperar de Francia ahora que han señalado como culpable al grupo terrorista, teniendo en cuenta el apoyo que han brindado a yihadistas como el Frente Al Nusra?", se pregunta Collon, que subraya la necesidad de hacer un análisis urgente y profundo de la política de Hollande.

Según Collon, Francia comparte responsabilidad en la propagación, financiación y suministro de armas a los terroristas, así como EE.UU. y Arabia Saudita.

"Hay que aunar esfuerzos en la lucha contra el mal"

Los atentados de París no son un ataque contra un país, sino un ataque contra la civilización

Este mismo lunes el mandatario ruso hizo un llamamiento a la unidad frente al terrorismo. "Los trágicos acontecimientos ocurridos recientemente en Francia nos dicen que hay que aunar esfuerzos, algo que debimos hacer hace tiempo, en la lucha contra este mal", declaró Putin.

Su deseo de actuar juntos fue apoyado por el primer ministro británico, David Cameron, que se reunió este lunes con Putin en el marco del G-20. "Nos reunimos después de los trágicos hechos ocurridos en París, y, como usted ha dicho, tenemos que trabajar juntos para luchar contra el terrorismo", resaltó Cameron.

Asimismo, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, declaró que "los atentados de París no son un ataque contra un país, sino un ataque contra la civilización", que requieren "una acción conjunta".

El objeto principal de la cumbre del G-20 que tiene lugar en Turquía es la lucha de la comunidad internacional contra el terrorismo. El problema tiene una relevancia particular ya que la reunión se produce tras los crueles atentados de París del pasado 13 de noviembre, que acabaron con la vida de más de 120 personas.

Es una constante que los que mueren o quedan mutilados en estos ataques terroristas, son gente común y corriente,  trabajadores empleados aficionados al fútbol aficionados a los conciertos. Y el ataque sincronizado de antes de ayer en París se ajusta a esta estrategia.

Sin dudas no es un hecho diseñado y financiado por "loquitos" lo más probable ejecutado por fanáticos que creen en su salvación eterna. A donde diablos, no lo sé. No estoy insinuando que los que fallezcan o sufran deban ser los ricos o magnates o gobiernos adictos al Terror.

No, ¿Pero por qué la gente sencilla y desprevenida, muere destrozada?

Desafortunadamente aún los poderosos de Europa, Australia, Cánada y EE.UU hacen de las suyas con sus posturas de gendarmes de la humanidad. Nos corresponde a los medios alternativos hacer un enorme esfuerzo para detener esta mentirosa campaña de los ricos del planeta contra sus criaturas, AlQaeda y su brazo el IS. Miren la jugada para quedar "más bien que un putas y no les cuesta un rabo", los bombardean digamos que si y para cimentar bien su 'defensa por la libertad', a algunos los llevan a Guantánamo para que pudran como perros de presa. Eso son, perros de la guerra para utilidad de Occidente.

Pronto veremos toda la maquinaria bélica de la OTAN enfilando baterías y misiles contra Siria y todo porque Vladimir Putin se amarró los pantalones atacando el Terrorismo del IS, hijos estos de la política agresiva de Estados Unidos contra los pueblos ricos en hidrocarburos y además vecinos de Rusia.

Putin tiene la palabra....