psykisk hälsa utvärdering skalor http://sverigepiller.com/ plan b piller fakta

Opinion

 

Por Liliany Obando**

Septiembre 16 de 2015

En Colombia sí existen prisioneros/as políticos.  En el actual contexto de conversaciones de paz del gobierno con la guerrilla de las FARC – EP y ante el eventual inicio de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional – ELN, su reconocimiento es una necesidad imperiosa, pues no se entendería que se llegara a un acuerdo de cierre del conflicto y los miles de prisioneros/as políticos quedaran tras las rejas y menos que quienes fueron injustamente condenados -los condenados inocentes-  no tuvieran la posibilidad de la revisión de sus casos y de esta forma, de una reparación, así sea tardía.

La cruenta y larga data  del conflicto interno armado colombiano ha hecho que la naturaleza de quiénes se encuentran hoy en las cárceles como prisioneros/as políticos sea cada vez más compleja.  No se trata exclusivamente de aquellos hombres y mujeres combatientes miembros de las insurgencias a quienes el derecho internacional define como prisioneros de guerra, sino que hoy la gran mayoría de los prisioneros/as políticos colombianos son población no combatiente, presos/as políticos de conciencia y presos/as políticos en razón del conflicto interno armado. Estos últimos pertenecen a la oposición política no armada, son defensoras y defensores de derechos humanos, pensadores/as críticos, o hacen parte de los movimientos sociales, de los sindicatos, del movimiento estudiantil, de las organizaciones campesinas, indígenas, de las negritudes, etc. 

Esta es una trágica realidad que entre otras se explica claramente por una política de desnaturalizar el delito político y convertir el universal derecho a la rebelión en un delito, el cual es usado como arma para perseguir a quienes se encuentran en la oposición, bien sea armada o legal.  Por esta vía, miles de prisioneros/as políticos ni siquiera están siendo judicializados o condenados por delitos políticos propiamente dichos, como la rebelión, sedición y asonada y sus delitos conexos, tal como establece el sistema penal colombiano, sino que les son imputados cargos que se salen de la órbita del delito político, de manera independiente, hablamos de delitos comunes graves como el terrorismo, el secuestro, el desplazamiento forzado, el reclutamiento forzado de menores, el narcotráfico, etc.  Incluso, por la fraudulenta imputación de éste último delito, el del narcotráfico, algunos prisioneros/as políticos han terminado extraditados hacia Estados Unidos, aunque que la Constitución Política colombiana prohíbe la extradición por delitos políticos.   

De esta forma, asistimos a un panorama en el que gravemente estudiantes y académicos son mostrados como terroristas; líderes sindicales como financiadores del terrorismo y un sinnúmero de campesinos/as  y luchadores sociales como narcotraficantes. Pero  también están los cientos de prisioneros políticos de guerra, muchos de ellos con graves mutilaciones sufridas en el momento de su captura en combate, o enfermos terminales, que bien merecerían un trato acorde al Derecho Internacional Humanitario. Unos /as y otros/as afrontando larguísimos procesos y condenas en condiciones inhumanas.  De las mujeres presas políticas varias son madres, hayan sido combatientes o no combatientes, varias además son madres cabeza de familia, lo que tiene una especial implicación casi siempre ignorada, y muchas comparten el presidio con sus menores de 3 años. Para ellas, el sistema penitenciario y carcelario y el aparato judicial funcionan en masculino, pues una justicia diferencial y de género, pese a las varias leyes conquistadas por mujeres para las mujeres, es en la práctica inexistente.

No todos los prisioneros/as políticos se encuentran en privación de la libertad intramural, algunos/as pocos se encuentran en detención domiciliaria u otros en o prisión domiciliaria, y aunque sustancialmente se mejoran sus condiciones comparadas a las que se viven de las degradantes prisiones colombianas, las deficiencias y perversiones del sistema judicial permanecen.

Pero también están los ex prisioneros/as  políticos que  se encuentran en libertades parciales: libertades por vencimiento de términos, libertades provisionales, y libertades condicionales, quienes en esta condición sufren el acoso, la estigmatización, la persecución, la obstaculización de beneficios judiciales adquiridos y falta de oportunidades para reconstruir sus vidas. 

Pero también es necesario entender que, especialmente en el caso de los prisioneros/as políticos, las condenas no se limitan a la privación física de la libertad, sino que se les imponen penas accesorias, como la destitución de cargos públicos o inhabilidades para ejercer este tipo de cargos, por vía administrativa y la exigencia de pagos de onerosas multas fiscales, que usualmente son cobradas por una “unidad de víctimas”, que los/as convierte así, en victimarios.

Todo esto soportado por un aparato judicial que aplica el derecho penal del enemigo para sus opositores y una sociedad carcelera como resultado, entre otras, de la manipulación de los grandes los medios oficiales. Resultan de esta manera siendo funcionales a unos legisladores que sancionan leyes más punitivas y nuevos tipos penales, por una parte, y que justifican la negación de facto de principios básicos en el ejercicio de la justicia como el debido proceso, la presunción de inocencia, la defensa técnica, etc., por la otra.  Todo esto en su conjunto hace más gravosa la situación de los miles de prisioneros/as políticos colombianos.

Como si este panorama no fuera lo suficientemente difícil, y como consecuencia de todo lo anterior, no existe hasta el momento, un censo, lo suficientemente veraz, de cuántos son los prisioneros/as políticos -de conciencia y de guerra-. Las instituciones basan sus censos casi que únicamente en quienes están siendo procesados por el delito de rebelión. Entre las organizaciones defensoras de prisioneros/as políticos y los mismos prisioneros/as políticos  tampoco hay un consenso en torno a cuántos son realmente.  Existen algunos censos parciales, por tipo de organización política o social, pero no existe un censo unificado nacional de todos/as los prisioneros/as políticos.   Algunas organizaciones hablan de unos 4.500 prisioneros/as políticos,  entre combatientes y población civil, y otros de alrededor de unos 9.500.  Las FARC – EP, en la vocería de Iván Márquez, han sostenido que del total de prisioneros/as políticos, aproximadamente un 90% son población no combatiente o presos/as de conciencia, es decir, que los/as  prisioneros/as políticos de guerra sumarían un 10% del gran total. 

Es por esto tan importante, que en el marco de un acuerdo de justicia en lo relativo a la situación de los prisioneros/as políticos, exista un censo e informe de la situación de los prisioneros/as políticos lo suficientemente riguroso, lo suficientemente incluyente, como para ningún prisionero/a político y/o ex prisioneros/a político que se considere injustamente condenado, quede por fuera de las alternativas planteadas en un acuerdo de justicia entre las partes, llámense indultos, amnistías, revisión o las que llegaren a aprobarse. Esa es una tarea urgente y requiere de un gran esfuerzo de construcción colectiva.

Un buen cierre del conflicto exige no sólo que los prisioneros/as políticos que han sido combatientes  y los colaboradores de las insurgencias puedan recuperar su libertad, sino que, y especialmente, los miles de prisioneros/as políticos de conciencia y por razón del conflicto también puedan hacerlo. La sociedad en su conjunto debe además disponerse para recibirlos/as de manera constructiva y positiva en un escenario que se plantea la construcción de una Colombia en paz, incluyente y abierta al debate y la diferencia.

_____

*Para efectos de este artículo hablamos de prisioneros/as políticos para definir toda la amplia gama de personas privadas de la libertad por motivaciones políticas por su pensamiento o acción legal o alzada en armas, bien sean procesados o condenados.

**Socióloga, defensora de derechos humanos, ex prisionera política.

 

Por Alberto Pinzón Sánchez

Apolinar Murillo Pinzón a quien sus conocidos llamaban Polo, era un muchacho de unos quince años, callado o reconcentrado y un poco arisco, delgado, pelo rubio, frente amplia y con ojos vivaces de color flor de borraja. Vivía todavía con sus padres en una casa colonial grande de teja y adobe con un gran solar ubicada a la salida de Puentenacional, donde su padre Zenón Murillo había habilitado un cuarto a la entrada como bodega para comprar café al menudeo y luego venderlo al por mayor ya encostalado.

Polo, como lo llamaban familiarmente, ayudaba a su padre en la bodega y asistía a la escuela municipal el último año de secundaria. Durante las vacaciones, su tío Isidoro quien conocía sus habilidades, innatas talvez, como rastreador y su certera puntería, le mandaba un caballo desde la finca la Asunción en Guavatá, para que lo asistiera o lo acompañara en las cacerías, especialmente de zorros, que solía realizar en esa propiedad y en la región aledaña. Isidoro tenía una pequeña jauría de 4 perros, tres hembras y un cachorro, marrones a manchas blancas, pelo corto y orejas no muy largas caídas, cazadores de raza alemana pero de varias generaciones en Colombia, adaptados y entrenados al sonido de un cuerno para perseguir zorros, zorros-perrunos y otros cánidos similares, que cuidaba con gran esmero en un gran corral caseta construido para tal fin no muy lejos de la casona principal.

Fueron bastantes las cacerías que compartieron, talvez pocas exitosas, pero más que la misma cacería del zorro, era la marcha a pie casi siempre de todo un día, de la tropilla de cazadores y peones ayudantes, por potreros y bosques frondosos, cañadas y quebradas, colinas y llanadas y hasta cerros montañosos y descensos, siguiendo a los perros aullando detrás de las huellas y rastros dejados por el astuto animal perseguido, que se daba la maña de entrecruzarlas o sobreponerlas o saltarlas y desorientar a sus ruidosos perseguidores. Una verdadera relación familiar respetuosa de compañerismo surgida en estas correrías, los aproximaba.

El domingo de primera semana de Octubre de 1899, después de la acostumbrada misa dominical, el activo y emprendedor párroco de Vélez padre José Nepomuceno Riaño, como era costumbre después de saludar personalmente en el atrio de la iglesia a los feligreses más notables e intercambiar algunas opiniones, le dijo a don Isidoro que deseaba hablar con él. En el camino a la casa cural tomándolo del brazo le expuso que había recibido la noticia desde Bogotá de que los liberales harían el pronunciamiento de guerra contra el gobierno a más tardar el 20 de ese mes en Bucaramanga o en Socorro. No era todo, el párroco de Puentenacional había sabido que su sobrino Apolinar junto con unos pocos jóvenes rebeldes de esa parroquia, se incorporarían en las tropas liberales. Convenía ir urgentemente a convencer a ese joven de su error y recupéralo para la patria cristiana. – “No se preocupe padre, hablaré con Polo tan pronto pueda y lo recuperaremos”, respondió Isidoro añadiendo que le avisaría.

En efecto dos días después, unas mañana aún fresca antes de la canícula solar, Isidoro llegó a la casa de su hermana Eulalia, madre de Apolinar y después de saludar también a su esposo Zenón Murillo, hermano de la esposa de Isidoro y tener una pequeña conversación, les pidió el favor que le prestaran a su hijo Apolinar porque tenía pensado realizar una cacería de zorro y lo necesitaba. Le dieron su consentimiento y Apolinar que llegó a la casa un poco más tarde al enterarse de la solicitud de su tío, estuvo de acuerdo en acompañarlo.

Iniciaron el viaje hacia la Asunción por el camino a Guavatá, al principio ambos bastante silenciosos, pero pronto Isidoro le comentó a su sobrino en tono bastante familiar que había sabido se marcharía a la guerra. Apolinar detuvo el caballo y mirando fijamente a su tío le preguntó como lo había sabido. Isidoro le respondió con sinceridad que el párroco de Vélez había sido informado por el de aquí, de las intenciones de él y de sus amigos de irse a hacerle la guerra al gobierno y, por esa razón estaba tratando de explicarle el error en el que se encontraba.

Una intensa tensión surgió entre ambos en ese momento. Apolinar tomando aire, frunciendo el ceño y atirantando las riendas de su cabalgadura respondió: - “Tío Isidoro, con todo respeto le digo que precisamente por esa tiranía que tiene montada los curas, es que me voy a combatirlos. He tomado esa resolución y no pienso cambiarla. Además le digo otra cosa tío; toda mi familia lo sabe y me apoya. Estamos en ruina. Desde hace más de un año nadie compra ni vende un grano de café y todo el mundo dice que para acabar con el mal gobierno de ese viejo loco de Anapoima, no hay otra salida que la guerra”. Luego dando la vuelta a su caballo y sin mediar más palabras se regresó por el mismo camino por donde habían venido. Isidoro perplejo ante esta sorpresa guardó silencio y con un gesto evidente de disgusto, reconcentró su pensamiento. Era una situación muy difícil para la familia, pero realmente había avanzado demasiado y se presentaba de manera sorpresiva. – Bueno, se dijo a sí mismo, si el muchacho en su rebeldía quiere probar esa suerte será difícil detenerlo ya, pero que toda la familia, como le había dicho, lo apoyaba en esa aventura, era una situación más complicada de lo esperado. Resolvió poner tierra y tiempo de por medio y espoleando al caballo marchó a paso ligero hasta la finca de Guavatá.

Una semana después, el 18 de octubre de 1899, Apolinar, junto con otros nueve muchachos amigos entre quienes se hallaban los hermanos Olarte, se enrolaron voluntariamente en la plaza de Puentenacional a la montonera organizada de 1.500 hombres armados llegados por el camino de Chiquinquirá, comandados por los generales Ramón Neira y Soler Martínez. Apolinar por su raza y apellidos fue designado comandante de un escuadrón nombrado como el de los Puentanos, dentro del batallón comandado por el coronel Temístocles Luengas: le dieron como dotación militar especial un machete de acero y un rifle Remington con 50 cartuchos que cargó a la espalda junto con la capotera con sus pocas pertenencias; para los demás, pesados fusiles comunes con un puñado de tiros. Sin demoras ni aspavientos a paso forzado, tomaron el camino hacia el Socorro a unirse a las tropas de Juan Francisco Gómez Pinzón levantadas contra el gobierno en su finca la Peña, quien junto con su amigo Francisco Albornoz, se habían proclamados ambos como generales.

Bordeando el rio Saravita por un camino no muy transitado, esa noche acamparon en las afueras del pueblo de Guepsa, en la finca denominada la Teja. Al otro día casi al amanecer continuaron pasando por la aldea de San Benito, hasta alcanzar el pueblo de Suaita donde acamparon, y al otro día, unidos con los voluntarios levantados en esta plaza recomenzaron la marcha. Hacía calor y el camino ya no cruzaba por un paisaje temperado, verde, frondoso y ondulado, sino por peñascos áridos de matojos, tierra rojiza dura y pedregosa que seguía la ruta del rio Saravita hacia Socorro. Aunque era un poco más amplio estaba reseco por la canícula y las pisadas de hombres y animales de carga levantaban un polvero blanco que hacía difícil la marcha; pero debían alcanzar a la mayor brevedad las tropas del general Gómez Pinzón que según se comentaba entre la tropa iba rumbo a Bucaramanga a deponer el gobierno de esa ciudad y a constituir uno nuevo, se decía, sin la tiranía de los curas y del viejo loco de Anapoima que firmaba los decretos presidenciales con un sello de caucho.

En marchas continuas acamparon en los caseríos de Guadalupe, Guapotá y Palmas del Socorro. Subieron varias cuestas y en medio de un repentino y torrencial aguacero llegaron a la ciudad comunera del Socorro. De allí se dirigieron luego a la Ciudad de San Gil y como la mayoría de jóvenes liberales habían marchado con el general Gómez Pinzón no hubo nuevas incorporaciones. Siguieron el camino de Pinchote, hasta que finalmente después de ocho agotadoras jornadas de marcha, alimentándose con las gallinas, pavos, yucas, plátanos, víveres despojados violentamente a los pobladores, más uno que otro novillo cebado, llegaron a la Mesa de los Santos, al sitio de la Granja, donde se encontraba el general Gómez Pinzón recuperándose de las grandes pérdidas humanas sufridas el 29 de Octubre pasado en un apresurado, desorganizado e infructuoso intento de tomarse el pueblo de Piedecuesta.

El 8 de noviembre se realizó la fusión de tropas: unos tres mil combatientes, y Uribe-Uribe recientemente llegado al campamento fue proclamado como jefe, designándose como segundo al general Neira. Acordado un rudimentario plan de ataque sobre Piedecuesta y Bucaramanga, se les ordenó a los soldados como medida de identificación, remangarse el pantalón de la pierna Izquierda hasta la rodilla y ponerse una ramita de hojas en la cinta del sombrero. Iniciaron la marcha por el boquerón de la Mesa de los Santos y el sitio de Corralejas hacia Piedecuesta, que se interponía en la toma de Bucaramanga, por lo que debía ser tomada a como diera lugar. Listos ya para el ataque más masivo que el anterior pero igual de desorganizado, los soldados liberales recibieron la alegre noticia de que el ejército gobiernista, unos 2.500 soldados, se habían retirado para hacerse fuertes en la capital departamental. La marcha continuó entonces hasta la población de Florida, donde acamparon esa noche, para entrar en el combate por Bucaramanga al otro día.

Bucaramanga era una ciudad mediana de cerca de 20. 000, habitantes entre rurales y urbanos, con un núcleo citadino aproximado de 11.500 pobladores, 2.000 casas, tres iglesias, 102 talleres artesanales e innumerables casas comerciales y tiendas: punto estratégico para los intercambios con el río Magdalena, la costa caribe y la vecina Venezuela y, donde los comandantes liberales esperaban un levantamiento popular sobre la base de la vieja rivalidad, pico de oro, entre artesanos con los grandes comerciantes que evitara la batalla, y que no ocurrió.

El gobernador de Santander general Alejandro Peña Solano y los generales Vicente Villamizar junto con el defensor de Piedecuesta Juan B Tovar, habían dispuesto, parapetado y atrincherado sus 2.500 soldados gobiernistas en bardas, muros, tapias de adobe, casonas y torres de las iglesias, con vigilantes y francotiradores armados de buenos rifles y abundante munición.

Para cumplir su función de centro comercial cafetero, Bucaramanga había adquirido la forma de una cometa o papelote, acostada en una meseta soleada, cálida y arbolada, bordeada de altos barrancos terrosos de tierra rojiza, cuya cola llegaba por el sur hasta la Puerta del Sol en el camino a Florida y por sus lados; hacia el occidente por el camino hacia Girón, por el oriente la calle del comercio prolongada en el camino hacia Pamplona, por el Nororiente el barrio Payacuá con el camino de Lebrija y por el norte, después de la quebrada seca con el camino de Rionegro el que se bifurcaba en los llamados llanos de Don Andrés (Serrano) y la quebrada de Chapinero, en el camino hacia Matanza.

El 12 de noviembre, después de que el general Uribe-Uribe solicitara infructuosamente en dos ocasiones a las autoridades civiles y militares de Santander, la rendición de la ciudad; el coronel Liberal Emilio Matiz en una embestida impetuosa, imprevista, desorganizada, es decir en montonera; imprudentemente implicó un asalto por el sur en la quebrada de la Iglesia y el caserío de la Pedregosa. Comprometiendo en combate a todo el ejército durante todo ese día. Los liberales pretendieron al día siguiente 13 llegar a toda costa al norte, a los llanos de Don Andrés para contactarse con los refuerzos liberales que venían por el camino de Matanza; pero fueron detenidos en los barrios aledaños a la Puerta del Sol por las tropas gobiernistas, que al grito unánime de viva la inmaculada concepción, viva la republica cristiana de Colombia, vociferada como incitación al combate, desde las torres de la iglesia de san Laureano por el sacristán Florencio Torres, con una inmensa bocina de latón previamente elaborada en la fundición de Bautista Penagos; rechazaron con muy buena puntería las cargas de machete desesperadas de los bisoños jóvenes liberales, en un encarnizado combate que resultó desastroso para los atacantes quienes al final tuvieron innumerables prisioneros, cerca de 500 heridos y más de mil muertos; entre ellos, despanzurrados, los impetuosos comandantes generales Gómez Pinzón y Agustín Neira.

Apolinar recibió el golpe seco seguido del quemonazo de un tiro de máuser, frontal en la cara externa del muslo Izquierdo que sin comprometer grandes vasos, si fracturó el hueso fémur en su tercio medio; era una herida fea, anfractuosa, descarnada, sangrante y abierta, muy dolorosa y aterrorizante, que le impedía moverse. Sus compañeros del escuadrón de los Puentanos, había quedado desintegrado totalmente. Un vecino de combate a quien no conocía se acercó donde Apolinar yacía quejumbroso, le rasgó a lo largo con un puñal la manga del pantalón y le sopló en la herida un buche de aguardiente que dejó inconsciente al herido durante algunos minutos, cuando volvió en si la herida tenía un trapo blanco que a manera de una banda le sujetaba el muslo ensangrentado. Apoyado en los hombros del compañero y saltando en un pie fue cojeando a los gritos hasta un sitio atrás de la línea de fuegos donde malamente en medio de lamentos, alaridos y entre una apretada masa sanguinolenta inidentificable, yacían sobre el suelo de tierra sus compañeros sangrantes, mutilados y destripados, algunos ya agonizantes. Cuando sonó la corneta tocando retirada Apolinar vio que su herida estaba cubierta por un coagulo que empezaba a endurecerse y la hemorragia empezaba a disminuir. Vino un médico medio calvo de bigote grande, silencioso, con cara ojerosa y desencajada que vestía un levitón largo embarrado y le vació directamente en la herida un chorro de ácido fénico; luego les dijo a sus auxiliares acompañantes que le entablillaran lo mejor posible toda la pierna y lo sacaran hacia la retaguardia.

Allí estaban los heridos no tan graves lo que dio a Apolinar un poco más de confianza. Uno de los auxiliares del médico le dio una pequeña botella llena de ácido fenico y le dijo que todos los días de ahora en adelante y preferiblemente en horas de la mañana tenía que destapar la herida y echarle un pequeño chorrito de ese líquido: debía administrarlo muy bien porque esa era su salvación. Las tablas con que le habían inmovilizado la pierna dejando la herida al descubierto debían siempre estar muy bien amarradas sujetando la pierna. Luego desapareció para regresar un poco más tarde con una horqueta de un palo grueso. Calculó el tamaño desde la axila hasta el borde del pie, cortó el tronco con el machete y se la entregó a Apolinar. Ese era su medio para caminar

En medio de los más imposibles dolores, con una sed abrasadora y una fiebre que empezaba a atormentarlo, se unió a la marcha de cerca de 100 espectros heridos, sangrosos y quejumbrosos que tomaron el camino hacia Piedecuesta. Lentamente a salticos, apoyándose en la horqueta debajo de la axila izquierda pudo avanzar en una marcha de ansiedad aterrorizante, un dolor profundo persistente, el sofoco de la sed y la fiebre, además del polvo, hacían un camino sin final. Extrañamente sin ser perseguidos por las tropas del gobierno, llegaron a Piedecuesta donde con los demás heridos afiebrados, baldados y mutilados, improvisaron un descanso en el atrio de la Iglesia. Personas misericordiosas o caritativas les llevaban panes y calabazos con agua fresca. Una, se la terció Apolinar a manera de cantimplora para él y sus compañeros de viaje.

A la mañana siguiente el responsable del grupo ordenó seguir: no era posible quedarse si querían seguir con vida. Todos haciendo un supremo esfuerzo continuaron la marcha hacia los caseríos de Bore y Umpalá. Pesadamente, haciendo breves paradas para mitigar la sed, pasaron por el cañón ardiente y reseco del río Chicamocha, el camino ahora de piedras blanquecinas, subía un cerro macizo serpenteando y haciendo enormes curvas por entre barrancos y cañadas erosionadas de árboles raquíticos, rastrojos y matorrales espinosos; luego bordeando difícilmente un pequeño rio, llegaron finalmente al caserío silencioso de Umpalá. También allí, en el espacio amplio de una especie de plaza central a la entrada de una pequeña iglesia o capilla, personas conmovidas ante la visión de tanto dolor y sufrimiento juntos, les ofrecieron algunas comidas y bebidas endulzadas con panela.

Un señor de mediana edad con cierta apariencia, mirando fijamente a Apolinar se le acercó y directamente le pregunto si era de Puentenacional. Apolinar movió la cabeza afirmativamente y el hombre agregó:- “Ya lo decía yo que lo conocía a Usted. Yo he hecho negocios de café con su papá y ahí lo miré a usted”. Luego agregó:- “Quédese donde está que ya regreso por usted”. Un rato después llegó nuevamente esta vez con cuatro peones quienes muy rápido armaron un guando con dos varas de madera y una hamaca para trasportar a Apolinar.

Después de despedirse tristemente de sus compañeros de dolor, fue trasportado en turnos por los peones durante una media hora, subiendo por un camino un poco más cómodo y fresco llegaron a una casa colonial de un piso, techo de teja roja y un gran alero salido sostenido por varias vigas de madera como columnas, que cubría un zaguán de baldosines rojos de ladrillo y puertas de madera vieja altas y estrechas.

Cuando llegaron, el hombre que le había dado tal ayuda se identificó: -“Me llamo Manuel Lamus y vivo aquí en esta finquita solo, porque mi esposa murió el año pasado, y mis dos hijos los mandé a estudiar a Bogotá. Aquí puede quedarse sin problemas mientras se mejora, porque nadie va a venir a buscarlo en estas soledades. Hay una familia de arrendatarios muy serviciales que vive en la casa y me hacen el oficio doméstico. Ellos le darán lo que necesite por si yo no estoy”.

Luego, llamado al arrendatario lo presentó: “Él se llama Domingo Cubillos y la esposa es Marujita”. –“Mucho gusto. Mucho gusto”, dijeron quitándose el sombrero y enseguida ayudándole con la horqueta, lo llevaron a una habitación fresca y amplia con una cama tendida. Ya sobre la cama, Apolinar con dificultad se hizo la curación con el ácido fénico y le pidió a Marujita un trapo limpio para remplazar la banda sangrosa que traía y si fuera posible, una muda de ropa limpia cualquiera. Ella vino con su esposo y ambos le limpiaron la sangre, lo cambiaron y lo acomodaron. Domingo mirando la herida ya un poco más limpia le dijo que lo mejor era meterle diariamente un taco de panela raspada dentro y permanecer con las tablillas. Así había curado él un caballo con una herida muy profunda y fea en un anca que le había hecho un toro al embestirlo. Como ya quedaba poco acido fénico en la botella, Apolinar aceptó sin mucha resistencia el tratamiento. Fue así como pronto empezó la fiebre a disminuir y el apetito regresó lentamente. Diariamente venía el señor Lamus y en medio de una charla muy corta se enteraba de la evolución de la herida. Pasadas unas semanas, Apolinar empezó a movilizarse primero en la habitación dando unos pocos pasos apoyado en la horqueta y luego hacia el zaguán para recibir unos minutos de sol. La herida comenzó a cicatrizar con una piel sonrosada y extraña cubriendo debajo una masa deforme, dura pero indolora lo que le permitió una mayor movilidad.

Dos meses después el señor Lamus le dijo que podía quitarse las tabillas e intentara mover la pierna, pero un calambre muy doloroso, lo tiró al piso en medio de un alarido. El arrendatario Domingo vino alarmado y al saber la causa de la caída le dijo:-“Mire patroncito, tiene que hacerse un sobijo diario con sebo de res para que se afloje nuevamente la carne que está tiesa. Mañana le traigo un poco”. Apolinar volvió a hacerle caso y empezó a frotarse la pierna varias veces al día sobre todo en la rodilla donde había sentido el calambre y a moverla lentamente. Pronto descubrió el beneficio del sobijo con el sebo de res. Ya podía asentar el pie en el piso pero notó que la pierna Izquierda deformada había quedado un poco más corta que la derecha y al tratar de caminar debía cojear para no perder el equilibrio. Sin embargo siguió entrenado la nueva marcha coja. Se sintió más seguro y confiado y le dijo al señor Lamus que quería hacer algún trabajo para ganarse la comida y tratar de pagarle algo de lo que había hecho por él. El señor Lamus le dijo que lo había hecho por solidaridad y que no le debía nada, pero si quería hacer algún trabajo se pusiera de acuerdo con el arrendatario Domingo a quien él instruiría. Fue así como pronto terminó haciendo intensas faenas de ganadería que desconocía. Enlazar una res con un rejo de cuero desde una mula, tumbarla y maniatarla para curarla, destetar terneros de sus madres, ayudar en la castración de los toretes para convertirlos en novillos de ceba y poderlos vender en Piedecuesta. Ese era el negocio con el que su protector el señor Lamus, había reemplazado los cultivos de café.

Un año largo, sin contar los meses de la recuperación, trabajó Apolinar en esas faenas sin cobrar un centavo. Se levantaba muy de madrugada y regresaba de noche rendido prácticamente a dormir, sin tiempo para mayores conversaciones con el señor Lamus, quien a pesar del poco intercambio le informaba del curso de la guerra que aún se estaba desarrollando allá afuera. Así se enteró Apolinar de la gran matazón humana y la derrota liberal definitiva, ocurrida en mayo del 900, en el cerro de Palonegro cercano a Girón, 6 meses después del desastre suyo en Bucaramanga, y de cómo la guerra de grandes batallas se había transformado en una guerra de guerrillas en casi todo el país, aunque sin lograr derrotar al gobierno conservador; por el contrario, con reveses muy grandes para los liberales. Entonces pensó que era hora de ir a visitar a sus padres que lo debían dar por muerto. Le pidió prestados al señor Lemus 10 pesos, que necesitaba de urgencia sin mayores aclaraciones, que él le dio sin hacer preguntas pero mirándolo fijamente a los ojos. Luego le dijo: -“Se los doy en monedas porque los billetes nadie los recibe. No valen nada”.

Una mañana muy de madrugada sin decir nada a nadie ni despedirse siquiera, Apolinar metió su puñal envainado dentro de la camisa, se terció una pequeña capotera con algunos enseres y tomó de regreso el mismo camino quebrado y pedregoso que por entre cerros pelados lo había traído desde Piedecuesta, a donde llegó al anochecer. Buscó la fonda caminera a la entrada del poblado y allí contrató posada por unos pocos cuartillos. Había varios arrieros y transeúntes. Tomó una sopa de harina de maíz con hojas de col que llaman mazamorra y se dispuso a reposar en el rincón asignado. Uno de los arrieros le pregunto por su cojera, a lo que Apolinar se limitó a decirle que la coz de una mula le había jodido la rodilla. Como el hombre mostró cierta curiosidad Apolinar le preguntó sobre los caminos hacia las ciudades del Socorro y Vélez. Le dijo que había muchos controles y vigilancia y que a los jóvenes solos o vagabundos de la guerra los amarraban para llevarlos a los combates, y en seguida le preguntó:- ¿”A dónde se dirige el amigo”? Apolinar le respondió que a Vélez. El hombre, al parecer buen conocedor de caminos, entonces le aconsejó: -“Si no quiere que se lo lleven obligado a la guerra, es mejor que dé un rodeo grande y se vaya por el rio Magdalena. Es muy largo pero más seguro. Por aquí está muy difícil cruzar. No dejan pasar hacia Bogotá ni siquiera a los arrieros conocidos con sus recuas”. – ¿“Y como sería ese camino”? Pregunto Apolinar. El hombre le explicó que pasando por Girón y sin detenerse buscara el embarcadero o puerto sobre el rio Sogamoso; allí en alguna canoa se hiciera llevar hasta Barrancabermeja, donde debía buscar otra canoa rio arriba hasta la desembocadura del rio Carare. Ahí comenzaba el camino que lo llevaría a Vélez. No hablaron más. Muy temprano, antes del alba, Apolinar silencioso emprendió la marcha con la ruta muy bien trazada en su cerebro. La que realizó en un mes de travesía, llenos de padecimientos y privaciones: plagas de mosquitos, hambre, sed y cansancio insufribles, dolor de la pierna herida y un calor húmedo e irrespirable; finalmente, demacrado, casi esquelético y avejentado por dentro y por fuera, llegó a Vélez a mediados de 1901. Sin embargo aún le faltaban los pocos kilómetros del tramo hasta su casa paterna en Puentenacional, los que caminó con su cojera característica. Al llegar a su casa, su madre al verlo no pudo contener el llanto; se abrazaron y lloraron juntos mientras entraban a la casa a reencontrarse con su padre y sus hermanos menores Manuel y Luis Carlos.

Apolinar se mantuvo muy discreto en la casa ayudando a su madre en pequeñas labores cotidianas, prácticamente sin hacerse notar o dejarse ver de nadie. Al atardecer hablaba con su padre sobre la guerra y su curso que empezaba a prolongarse demasiado, cuyos aspectos más destacados le fue relatando así:

Después de la desgraciada acción liberal en Bucaramanga, los pocos sobrevivientes del ejercito liberal se retiraron muy derrotados hacia la zona de la frontera con Venezuela buscando la ayuda en rifles y dinero prometida por el presidente Cipriano Castro a los jefes liberales. En Cúcuta se juntaron las tropas traídas del Casanare y Boyacá por el anciano gamonal llanero Vargas Santos con las de Ocaña de Justo Durán y las de Benjamín Herrera de Pamplona, en total unos 4. 000 hombres todavía mal armados, pero dispuestos a marchar sobre Bogotá y a derrocar el gobierno conservador. Pero, como siempre, una profunda rivalidad entre ellos por la jefatura única del Liberalismo echó a perder todos esos esfuerzos. El gobierno conservador del viejito achacoso Sanclemente, tal y como se vino a saber unos meses después, era manejado con un sello de caucho con la firma suya, por una camarilla a cargo del ministro de gobierno Rafael María Palacio y del ministro de guerra general José Santos, medio hermano del anciano jefe supremo de los ejércitos liberales generalísimo Vargas Santos; camarilla que estaba interesada en que la guerra se prolongara para sacar de la crisis al gobierno conservador y enriquecer aún más a sus partidarios, con emisiones desaforadas de dinero, contribuciones forzadas para la guerra y expropiaciones, y sobre todo, para negociar los beneficios de moneda extranjera del contrato internacional con la compañía del canal de Panamá.

En la historia de nuestro país y sus guerras, siempre ha sucedido lo mismo: En ambos partidos, tanto en el Liberal como en el conservador siempre han habido dos bandos; unos partidarios de la guerra que llaman guerreristas y otros partidarios de enriquecerse con los negocios que esta empresa genera llamados pacifistas. Esta ha sido la eterna gran desgracia de la historia colombiana.

El ministro de guerra de Sanclemente José Santos de acuerdo con su hermanastro el generalísimo liberal Vargas Santos, dio la orden a los generales conservadores que dejaran pasar a las tropas liberales que marchaban hacia Bogotá y así, en el rio Peralonso cerca de Cúcuta, a fines del 99, se dio un encuentro que terminó en una victoria militar muy bien utilizada por los jefes liberales para rearmarse con los pertrechos y prisioneros capturados y relanzar la guerra.

Sin embargo, pocos días después, los hacendados y jefes militares del gobierno conservador del bando guerrerista Manuel Casabianca, Prospero Pinzón y Arístides Fernández, percibieron el daño a sus intereses de las maniobras dobles del ministro de guerra José Santos; lograron su destitución para ocupar ellos posiciones claves en las jerarquías militares y gobernativas y tratar de detener la marcha del ejercito liberal hacia la capital de la república:

El gamonal tolimense y general Casabianca asumió en diciembre del 99 la jefatura máxima del ejército oficial, en abril del 900 el gamonal boyacense y general Próspero Pinzón remplazó al gamonal vallecaucano general Jorge Holguín Mallarino, como jefe del estado mayor del ejército oficial y el plebeyo policía, trepador sin escrúpulos Arístides Fernández, afianzó su poder en Bogotá y Cundinamarca como director general de la policía nacional. Entonces el gobierno cambió de estrategia y decidió cercar a las tropas liberales para no dejarlas pasar del cañón montañoso del rio Chicamocha hacia el interior.

Así se forzó la inhumana y matazón ocurrida entre 11 y el 26 de mayo de 1900 en el cerro yermo de Palonegro cercano a la población de Girón, en donde en improvisadas y asquerosas trincheras con un enajenado e inhumano furor fratricida se enfrentaron “a puchos” durante 15 días, entre misas, rezos e insultos cerca de 20.000 colombianos, es decir mediante pequeñas cargas a tiros de fusil y combate de machetes cuerpo a cuerpo, dejando tendidos en los campos aledaños para festín macabro de los gallinazos o chulos cerca de 1.700 soldados liberales y otros tantos heridos y, cerca de 1.600 soldados conservadores muertos y 2.300 heridos. Pero además, como los liberales dada la espantosa sustracción de materia debieron abandonar sus trincheras en precipitada retirada o fuga, el bando conservador logró hacer más de 1.000 prisioneros políticos, la mayoría de los cuales fueron a morir en las cárceles y panópticos del gobierno a manos del director de la policía nacional general Arístides Fernández.

Con esta trágica situación, el grupo guerrerista conservador endureció su posición y para fortalecer aún más sus poder, dos meses más tarde el 31 de julio de 1900, depuso en la población de Villeta mediante un golpe de cuartel humillantemente, al moribundo anciano Sanclemente, quien murió poco después sin dejar rastro, para colocar en su lugar al viejo gramático Bogotano Manuel María Marroquín, encargado de continuar las negociaciones internacionales sobre el canal de Panamá y, junto con el nuevo ministro de guerra general de la policía Arístides Fernández, prolongar la guerra a muerte trasformada a pesar de la desautorización de los jefes liberales, en una guerra de guerrillas la mayor parte del territorio colombiano, incluida la provincia de Panamá, aunque con pocas posibilidades prácticas de triunfar.

A comienzos de 1902, el coronel Nepomuceno Fajardo comandante de las guerrillas liberales en la provincia de Vélez hizo llegar a Apolinar en su casa, un mensaje personal con un mensajero de total confianza, donde le decía que conociendo su valentía y sus habilidades como franco tirador mostradas en el combate de Bucaramanga lo invitaba a unirse a sus pequeña fuerza. En caso de que decidiera venir debía confiar en el mensajero. Apolinar no lo pensó demasiado, le dijo al mensajero que viniera al otro día muy de madrugada y con un silbido suave se hiciera notar. Así ocurrió y pronto, Apolinar con su marcha característica seguía los pasos apresurados del mensajero que por el camino que de Puentenacional lleva a Guavatá pasa por el cerro de Juyamuca. En un paraje más o menos boscoso y solitario cuando apenas comenzaba a clarear salieron del camino principal hacia el oriente y se internaron en un bosque más tupido y frondoso que bordeaba la montaña. Cruzaron varias colinas por una trocha casi invisible al ojo de un inexperto hasta encontrar un pequeño campamento para albergar unas 40 personas, hecho con toldos de lona y algunos refuerzos de troncos de madera que parecían muy provisionales. Allí estaba el coronel Fajardo quien le dio un abrazo de bienvenida a Apolinar y lo felicitó por su decisión le dio un fusil Gras francés de largo alcance con 150 cartuchos, y a continuación le dijo que con su puntería ahora más afinada, debían ser 150 sacristanes “godos”. Lo celebraron a carcajadas. Luego le dijo que bajando el cerro y en el camino hacia Vélez estaba acampado el famoso “batallón Somondoco”, terror de la provincia y encargado de cumplir las órdenes de Marroquín y su ministro de guerra general Arístides Fernández de fusilar los prisioneros liberales capturados. Pensaba darle un escarmiento. Esperaba al fin de mes, cuando venían las mulas con las monedas para la paga oficial de los oficiales y soldados. Se necesitaba el dinero para comprar víveres y nuevos pertrechos en el rio Magdalena.

Como se planeó el asalto sucedió: Apolinar apostado a cierta distancia desde una loma que dominaba el camino, mato las tres mulas con tres disparos. Los demás compañeros cayeron sobre los cinco despavoridos guardas y a machete limpio, dieron cuenta de ellos. Luego, distribuyeron los bultos de monedas entre sus propias mulas de manera que estuvieran más livianas para aligerar el paso y se internaron nuevamente en el bosque en dirección opuesta al campamento hacia el camino de Guavatá con el fin de que si las tropas del gobierno seguían las huellas o el rastro, fueran a dar a otra parte donde no las podrían identificar por el tráfico que por allí se daba. El éxito fue total, sin persecución oficial mandaron dinero a las poblaciones de Jesús María y el Encenillo que les servían de retaguardia y, otras mulas salieron por el caserío de Bolívar en busca del camino del Carare hacia el rio Magdalena.

El Padre Riaño esperó hasta el siguiente domingo para poner a Isidoro al corriente de la peligrosa situación que se estaba organizando precisamente en un territorio bastante cercano a su hacienda la Asunción de Guavatá. Informado completamente, le ofreció su concurso al Prefecto de Vélez y a los comandantes militares del “batallón Somondoco” para encontrar a los guerrilleros liberales. En la finca Isidoro llamó a Alipio su arrendatario de toda la vida y le dijo que había que enseñarles a los perros a seguir rastros humanos y lo más pronto posible. Una semana después los perros estaban listos dándoles a oler ropas sudadas y sucias de trabajadores, las escondían lejos entre los árboles y cuando las encontraban les daban un pequeño pedazo de carne cocinada.

Empezaron por el sitio donde ocurrió el asalto a las mulas. Los perros a pesar del tiempo trascurrido descubrieron el rastro y fueron a salir al camino de Guavatá, siguieron buscando por los bordes del camino, hacia arriba y hacia abajo hasta que finalmente encontraron una pista.

La siguieron y llegaron al campamento pero este ya había sido abandonado. Ahora era más fácil; con las huellas dejadas iniciaron la búsqueda pero esta vez mandaron llamar al comandante del batallón, quien convencido por la evidencia ordenó a su segundo al mando perseguir con cien hombres bien armados al grupo guerrillero. El rastro los fue llevando por el camino de Guavatá a Puentenacional y por un desvío continuaba por el camino hacia Santa Sofía en Boyacá. Era obvio que la guerrilla liberal daba un rodeo por Chiquinquirá para buscar el camino a Albania en Santander y nuevamente cerrar el círculo en Jesús María y el Encenillo.

Los alcanzaron en el alto del Mazamorral ya casi en los límites con Boyacá el 26 de febrero de 1902. El coronel Fajardo desde la altura del cerro los vio venir subiendo por el camino y ordenó a sus 40 hombres emboscarse en las colinas buscando el fuego ventajoso hacia abajo. A Apolinar le encomendó hacerse cargo de los dos comandantes que venían a caballo dirigiendo la operación. Cuando estuvieron a distancia de tiro hubo una descarga cerrada ordenada por el coronel Fajardo. Con la señal Apolinar también disparó y los guerrilleros vieron caer varios soldados al piso y a uno de los comandantes desplomarse del caballo con la cabeza despedazada. Repuestos de la sorpresa y con más de 20 bajas el comandante militar ordenó con un nutrido fuego una maniobra dividida en cerco al grupo emboscado. El intercambio de fuegos duro cerca de dos horas, pero por la escasez de pertrechos y la superioridad táctica de las tropas del gobierno fueron copados. Algunos se rindieron. Apolinar y el coronel Fajardo aprovechando la distracción de las tropas capturando a los guerrilleros, lograron burlar el cerco y adentrarse en un bosque que les permitió escapar hacia abajo del cerro con rumbo al poblado de Jesús María. Al pasar cerca de donde estaban los cadáveres de los gobiernistas muertos, Apolinar, reconoció en la distancia los perros de su tío Isidoro que entre aullidos quejumbrosos le lamían la cara a un cadáver de su amo con la cabeza despedazada. APS. 13. 09.2015.

Fuente imagen: Internet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Aquí por lo menos no tenemos que hacer fila en el supermercado” o “allá no tienen ni papel higiénico” o “en Venezuela no hay justicia, derechos humanos, ni democracia” son frases repetidas todos los días por importantes periodistas, y luego por la gente común.>Lo curioso es que aquí hemos aprendido a ver a Venezuela como un país en la ruina, donde la gente se muere de hambre, donde un presidente loco y bruto toma las decisiones, algo así como el “vecino loco” de la cuadra mientras nosotros los “vecinos bien” lo miramos con fastidio.

¿Y si les digo que en muchos aspectos Venezuela está mejor que Colombia? antes de que suspendan esta lectura indignados, les pido que vean estas cifras:

Según la UNESCO en Venezuela el 83% de los jóvenes va a la universidad mientras que en Colombia sólo lo hace el 32%.

Venezuela, siendo un país con 29 millones de habitantes, tiene 43 universidades públicas, mientras nosotros con 47 millones de habitantes (18 millones más), tenemos 32. Mientras Colombia tiene 1.106.244 estudiantes cursando educación superior pública (incluso en el SENA), Venezuela tiene 1.673.963 estudiantes estudiando en universidades públicas.

¿Sabían que en Venezuela hay un hospital público por cada 136.000 habitantes y en Colombia hay un hospital por cada 178.000? pero sobre todo, ¿sabían que en Venezuela a los hospitales no los tienen quebrados las EPS?. La salud en Venezuela tampoco es la mejor pero les recuerdo que aquí los hospitales públicos como el Universitario del Valle tampoco tienen gasas, ni jeringas ni guantes. La deuda de las EPS con los hospitales de Colombia asciende a 5,2 billones de pesos.

Pero les aseguro que con este dato van a abrir los ojos y lo tomarán por ficción, pero es real, ¿sabían que según cifras de la FAO (no del Gobierno venezolano) en Venezuela hay menos mal nutridos, es decir gente que pasa hambre, que en Colombia? Así es, según este organismo internacional, en Venezuela el 5% de la población aún pasa hambre, mientras que en Colombia es el 15%. Refresco la memoria: La Guajira, Chocó y Vaupés tienen índices de NBI similares a los de Ruanda o el Congo; todos conocemos el drama de los niños Wayú que mueren de hambre, o los de Chocó que mueren por diarrea. Hasta donde he podido averiguar, eso no pasa en Venezuela.

¿Sorprendidos? ¿Aún no creen? Pues el programa mundial de lucha contra el hambre y la pobreza de la FAO se llama Hugo Cháves Frias.

Pero eso no es todo, el déficit de cobertura de agua potable en Venezuela es de 5,3 %, en Colombia es de 28 % (aquí aún hay municipios sin agua comenzando por Santa Marta, y ni hablemos de la ruralidad).

Y hay más, si hablamos del sistema pensional, en Colombia es un chiste, sólo el 20 % de la gente se pensiona, y la realidad es que la gente que cotiza no sabe si algún día se pensione. En Venezuela la gente que disfruta de una pensión es el 73 %.

Como si fuéramos un país nórdico decimos en tono despectivo, “Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo” o “en Venezuela la delincuencia es brutal”, como si en Colombia no tuviéramos a cinco ciudades entre las 100 de las que mas homicidios reportan en el mundo, como si aquí no hubiera también una desesperante inseguridad.

El Gobierno Santos lleva años sacando pecho con las 100.000 casas gratis (de Cambio Radical), durante estos cinco años, ¿saben cuantas casas gratis ha entregado el Gobierno venezolano? 735.000, de las cuales 170.000 han sido entregadas a familias Colombianas que residen en ese país.

¿Sorprendidos? ¿escépticos? Los comprendo, en un país donde el presidente de al lado tiene una aceptación  del 5 %, es normal que se piense que Venezuela es la antesala del infierno… pero si así fuera, nosotros estamos un pasito adelante.

Sobre el caso Leopoldo López en Colombia se indignan, “en Venezuela no hay justicia” como si aquí no tuviéramos a un Pretelt, (presidente de la Corte Constitucional, por dios) diciendo “si me voy yo, nos vamos todos” o al magistrado Villarraga negociando impunidad para un militar condenado por los falsos positivos. Como recientemente comentó Gonzalo Guillén:“la justicia es inferior a la mafia” y no precisamente refiriéndose a Pablo Escobar.

Podríamos seguir: aquí dicen que en Venezuela no hay democracia, que es una dictadura, como si aquí no se compraran votos, jurados o hasta registradurías completas.

¿Hablamos de corrupción? ¿carrusel de la contratación de Bogotá, carteles privados, carteles públicos, reforma a la justicia, Agro Ingreso Seguro, Yidis política, Santoyo?

¿Hablamos de violaciones a derechos humanos? ¿Falsos positivos, 6 millones de desplazados, 92.0000 desaparecidos, “casas de pique”?

La verdad creo que en Colombia tenemos que ir aterrizando: ni en Venezuela están tan mal, ni aquí estamos tan bien.

Si lo que dice Santos es verdad, que el sistema venezolano se está autodestruyendo, ¿qué diremos del nuestro entonces?

No me malentiendan, no digo que Venezuela sea un país perfecto, es un país con problemas y serios, lo que cuestiono es que el debate sobre este país hermano no se ajusta a la realidad, las opiniones son descaradamente sesgadas y muchos periodistas  son claramente tendenciosos. En los medios se maximizan los problemas de Venezuela y lo que allá se hace bien aquí se desconoce, se omite… o se oculta.

En su tiempo, a Salvador Allende le llamaron loco mientras la gran industria chilena saboteaba la economía generando desabastecimiento, y la CIA construía un poderoso andamiaje que terminaría con su derrocamiento  y asesinato. La historia suele repetirse.

Por Alberto Pinzón Sánchez.

Tal pareciera que el único analista de todo el Oligopolio Mediático Contrainsurgente colombiano, quien ha calado sobre las apariencias emocionales, y penetrado al fondo contradictorio que mueve el asunto de la llamada crisis de la frontera colombo-venezolana, es Alfonso Cuellar. Estratega contrainsurgente, educado primero en la sección internacional del diario el Tiempo de Bogotá, luego en Inglaterra por la British Petroleum BP (siempre el petróleo de por medio) en seguridad internacional y después en los EEUU en guerra internacional contra el narcotráfico y manejo de crisis entre naciones, quien momentáneamente escribe interesantes y destacadas columnas de opinión en la revista del sobrino del Presidente Santos, Semana.com. No es sino mirarle los ojos en la foto para saber quién es.

En su último análisis titulado “durmiendo con el enemigo” al analizar las tres decisiones que en un mediano plazo enfrenta el gobierno en la actual situación con Venezuela (se puede leer íntegramente en el siguiente enlace: http://www.semana.com/opinion/articulo/alfonso-cuellar/441277-3. La tercera decisión la describe así: ………”La tercera decisión, que en el momento parecía lógica, es hoy un lastre que restringe la capacidad de reacción del gobierno colombiano a los desmanes venezolanos: la participación oficial de Venezuela en las conversaciones de paz. Ha sido documentado el papel favorable que desempeñó Hugo Chávez en persuadir a las Farc de sentarse a negociar. Por ese rol y las aparentes relaciones amistosas entre los dos países –o por lo menos entre Santos y Chávez–, se acordó la designación de un delegado de Caracas como acompañante del proceso.

El involucramiento de Venezuela como observador es más sui géneris de lo que muchos se imaginan. Al consentir la presencia de numerosos comandantes de las FARC y campamentos guerrilleros en su territorio, el gobierno venezolano ha sido y es un actor del conflicto. La efectiva implementación de un acuerdo de paz depende en una altísima proporción a qué hace y qué deja de hacer el régimen de Maduro. Si las FARC pueden seguir utilizando al vecino país como su retaguardia estratégica, lo que se firme en La Habana quedará cojo, muy cojo.

Durante cinco años, la garantía de la buena voluntad y conducta de Venezuela estaba sustentada en la normalización de las relaciones entre las dos naciones y la solidaridad regional con Colombia. Esos dos pilares quedaron destrozados con los acontecimientos de estas semanas. Es ingenuo intentar disgregar el rol venezolano en el proceso de paz de la crisis bilateral, como han pregonado algunos. Son inseparables. El primer delegado venezolano a las negociaciones fue su embajador ante la OEA, Roy Chaderton, quien el lunes pasado dejó claro qué opinaba de los colombianos deportados a la fuerza.

Es evidente que la política de apaciguamiento con el gobierno de Caracas perdió su utilidad. Éste no correspondió a la confianza ofrecida por la administración Santos. La permanencia venezolana en la mesa de La Habana es una amenaza a la seguridad nacional de Colombia. Excluirla será costosa en el corto plazo –las Farc podrían incluso amenazar con levantarse de la mesa– pero peor es no hacer nada. El futuro de la República de Colombia no puede pender de los intereses de la República Bolivariana de Venezuela”.

Es decir, el llamado conflicto interno de Colombia, no solo es externo o Trasnacional como lo hemos sostenido desde hace mucho tiempo, sino que se ha encarnado finalmente en el conflicto colombo-venezolano. Claro, como míster Cuellar no maneja la dialéctica material, no entiende aquello de la unidad y lucha de contrarios y por eso ve la contradicción en movimiento como una dicotomía estática en blanco y negro: Si Venezuela se va del proceso de paz, como lo desea el Comando Sur de los US Army y sus cipayos en Colombia, malo (y eso que míster Cuellar no menciona el papel esencial de Venezuela en los eventuales diálogos con el ELN) pero si se queda durmiendo en la cama como dice míster Cuellar, peor. Por eso su conclusión es incierta o equivocada, pues Venezuela, ha entrado a formar parte del futuro pacifico o guerrero de Colombia.

Y es que este es el problema de fondo que ha saltado como liebre en el camino, “patarribiando” o poniendo patas arriba toda la “morronguera” o desgano y apatía gatuna tan colombiana de dejar para última hora todo, (nada está acordado hasta que todo esté acordado) principio inamovible con el que JM Santos y sus plenipotenciarios de paz han pretendido conducir los acuerdos en la mesa de la Habana, con la errada pretensión o ilusión de que a última hora y después de una campaña masiva de desprestigio por los medios del Oligopolio Mediático Contrainsurgente, los insurgentes muy acosados y desprestigiados van a firmar lo que les pongan delante: La rendición y el sometimiento incondicional a la Fiscalía corrupta de Colombia, que en otra columna paralela de la misma revista Semana, desenmascara la periodista Jimena Duzán (ver denuncia en http://www.semana.com/opinion/articulo/maria-jimena-duzan-la-nomina-paralela-del-fiscal/441276-3)

En Breve: los diálogos de la Habana han llegado, para usar una imagen gráfica, a la parte final de un muy largo túnel, donde por fin se vislumbra la luz de su final y desde donde sería más que costoso recular o regresarse , y en donde es esencial entender que Venezuela ya entró a formar parte constitutiva (querámoslo o no) de toda la situación conflictiva regional. Por esto las decisiones del gobierno colombiano analizadas por míster Cuellar, no podrán ser otras que la diplomacia directa o Bilateral entre las dos naciones hermanas siamesas inseparables, para resolver el largo y complejo “problema” del hoyo negro en que se ha convertido la frontera, que para bien o para mal (para la paz o para la guerra) ha entrado a formar parte integral del llamado conflicto interno colombiano, sin cuya solución tampoco podrá haber paz en Colombia.

Es un sofisma politiquero de campaña, aquel desafortunado lema electoral que presionado por las “afugias” o dificultades electorales ha lanzado el jefe del glorioso partido Liberal: …”con Venezuela, sin Venezuela o contra Venezuela, haremos la paz”. La realidad-real está mostrando que solo contando activamente con Venezuela llegaremos a ese ansiado acuerdo de Paz.

Tampoco continuando la campaña mediática de ridiculización (no hay día en que no se caricaturice o insulte al presidente de Venezuela como burro, tonto, idiota, mal hablado, torpe, ect) se va a ganar el terreno perdido; pues lo que el presidente venezolano ha mostrado en los últimos días ha dejado en claro todo lo contrario: que se ha preparado muy inteligentemente.

Mientras la Inteligencia Militar de Colombia estaba con todos los fierros y tecnologías gringas imaginables buscando cabecillas guerrilleros o líderes sociales de la movilización popular para “neutralizarlos” en bolsas negras; la Inteligencia Militar venezolana preparaba un plan militar contundente ejecutado con precisión y eficacia, sin que los héroes colombianos se dieran cuenta para evitarlo o por lo menos tratar de pararlo. Lo demás ha sido plañir, con ira e intenso dolor y el callar otorgando de Mindefensa, responsable de la seguridad de todos los colombianos. Con esto, lo más conveniente es actuar racionalmente, en lugar de seguir llorando sobre la leche derramada.

 

Fuente imagen: Internet

 

¡Ay, estamos solos!

 |  Published in Opinion

Por Alberto Pinzón Sánchez
La intensa ofensiva mediática del Oligopolio Mediático Contrainsurgente colombiano (del cual forma parte la oficina de prensa del presidente Santos en la casa de Nari) mostrando la llamada crisis fronteriza colombo-venezolana “únicamente” como un problema  humanitario, o de violación de derechos humanos, es decir, cubriendo pudorosamente la pútrida y terrible llaga socio económica que en aquella frontera existe desde hace muchos años y es la causa real de la crisis; es una muestra más de la doble moral oligárquica y la perfidia de los tinterillos y rábulas con que nos han gobernado desde cuando el cucuteño FP Santander, acuchillando por la espalda al Libertador Simón Bolívar tomó el Poder en lo que hoy es Colombia.


Lo de siempre: tomar el rábano por las hojas.
El problema no es la miserable, dramática y muy compleja situación socio económica que desde hace varias décadas se vive allí; de desempleo masivo (18%), corrupción política, corrupción gubernamental y carencia de una política oficial de fronteras, diplomacia de pasarela y minifalda, corrupción empresarial, narcotráfico y paramilitarismo oficial asociados (basta un solo ejemplo  el del Iguano con sus hornos crematorios), criminalidad trasnacional organizada, tugurización, prostitución organizada, tráfico de personas, contrabando desde Venezuela de petróleo y artículos de primera necesidad, lavado de dólares, especulación de moneda venezolana y otras divisas…..


Además de una cruel sobre-explotación laboral de miles  de miserables “rebuscadores”, salidos de entre los 5 millones de desplazados de sus tierras por la motosierra narco paramilitar, llamados en el lenguaje eufemístico del gobierno con su plan neoliberal gavirista de desarrollo informales” y que, según la cámara de comercio de Cúcuta ya había alcanzado en el 2011 la enorme cifra del 51, 1%.


Sino que el problema ha quedado reducido a las “trascendentales” demandas por la violación de los derechos humanos cometidos por la operación militar fronteriza ejecutada por la guardia venezolana en defensa de su integridad territorial, y van a  ser presentadas  “enérgicamente” por el procurador Ordoñez ante la Corte Celestial y, ante la Corte Penal Internacional y demás cortes supranacionales para los derechos humanos el fiscal Montealegre -en lenguaje criollo Varón von Fröhberg- con todos los minúsculos contraticos  algorítmicos de los próximos 50 años (lo que durarán los pleitos) y que ya deben estar preparándonos sus asesores científicos y rábulas amigos y favorecidos, en un intento más de atravesar un palo en la rueda del proceso de paz de la Habana y sacar a delante su pretensión (de última hora) de convertir la Solución Política del conflicto interno de Colombia, en una simple solución jurídica de sometimiento carcelario únicamente de la insurgencia.   


En lugar de……
Bueno, diríamos por lo menos tratar de resolver prácticamente algunos de los múltiples problemas enumerados arriba. Aunque fuera uno solo. Por ejemplo no ya la compleja situación socio económico que ha quedado desnuda y demandará bastante tiempo como recursos BILATERALES para su solución; sino la situación diplomática ante la OEA, Unasur, ONU, Bruselas, ect y demás instancias mundiales, para “corregir” los entuertos de la diplomacia colombiana en los años de gobierno “santouribista”:


Por ejemplo, el bombardeo al Ecuador en Sucumbíos en  marzo de 2008 siendo ministro de defensa el actual presidente de Colombia doctor JM Santos.
O el secuestro de Rodrigo Granda en Venezuela por agentes de la inteligencia militar de Colombia para trasportarlo muy “humanamente” maniatado, amordazado y vendado en el baúl de un auto hasta Cúcuta, donde la policía “oficializó” su captura, en aquel febrero del 2005, cuando el actual presidente de los colombianos JM Santos organizaba febrilmente el partido de la U para apoyar al presidente Uribe Vélez en su gobernanza del Estado de opinión.
O en la “cumbre de las Américas” celebrada en Cartagena en abril 2012, cuando el presidente JM Santos,    desconoció el reclamo legítimo de Argentina sobre las islas Malvinas.  


O cuando más recientemente, octubre de 2014, el gobierno colombiano actual declaró a la república de Panamá “paraíso fiscal”. 
O cuando en junio del 2012, el presidente Santos, siguiendo las orientaciones neoliberales de la diplomacia estadounidense de reventar la Alianza Bolivariana para los pueblos ALBA (organizada en diciembre del 2004)  conformó junto con los más reconocidos presidentes del dogma neoliberal Piñera, Calderón y Humala; la Alianza del Pacífico.  


Esto, para no mencionar la terca  actitud “unilateral” de desconocimiento del fallo de la Corte de la Haya del 2012,  sobre el litigio colombo-nicaragüense. 
Así ¿Cómo reclamar solidaridad continental o internacional?


Patético resulta entonces, el retrato de la ministra “chic· de relaciones exteriores señora Holguín, poniéndose la mano en el corazón y sin preguntarse el por qué, gimotea una frese melancólica digna de García Márquez: ¡Estamos solos!


Falta solamente que el presidente Santos para aumentar el referido aislamiento histórico diplomático de Colombia, acepte el apoyo momentáneo e interesado que le ha ofrecido AUV (para que no se discuta internacionalmente su prontuario narco paramilitar y se acabe el proceso de paz en la Habana) rompa relaciones diplomáticas con Venezuela y destruya lo alcanzado hasta ahora y después,  salir muy orondo y ufano a declarar ante el mundo que lo ha hecho para defender el honor y los derechos humanos de los colombianos. Con lo cual sin duda, recogerá, dentro como fuera, algunas compañías que le mitigarán momentáneamente la sensación de soledad, pero también llevará al pueblo colombiano más sangre, más lágrimas y más destrucción inútil de la que su clase social le ha dado al pueblo colombiano en los últimos 200 años de dominación, y de historia infame.
Fuente Imagen: Internet 

 El Estado colombiano ha tenido, históricamente, dos mecanismos principales para despojar al campesinado de sus tierras: el crédito extorsivo y la violencia, tanto oficial como paraoficial. Ahora, el gobierno capitaneado por Juan Manuel Santos ha agregado un nuevo mecanismo a este repertorio. Ese mecanismo es la utilización perversa de la legislación sobre las víctimas. Éste consiste en quitar sus posesiones a pobres que, supuestamente o en la realidad, se hayan beneficiado por acciones de la insurgencia, y entregarlas al Fondo de Reparación de las Víctimas. Mientras tanto se le quita a los pobres, no se ha tocado a uno sólo de los ganaderos ricos y terratenientes que han acumulado más de 7 millones de hectáreas robadas a sangre y fuego al campesinado durante las últimas tres décadas. Para estos latifundistas y agroindustriales, el gobierno ha inventado el eufemismo de "ocupantes de buena fe". La buena fe, se sabe, es patrimonio de los ricos; los pobres siempre actúan de mala fe.

Dos casos demuestran esta peligrosa tendencia. Por una parte, está la situación de cerca de 280.000 hectáreas en partes de los llanos del Yarí, San Vicente del Caguán y parte de Cartagena de Chairá (Meta y Caquetá) que serían, según las autoridades, fincas de las FARC-EP, compradas o adquiridas en territorios baldíos, actualmente en manos de testaferros[1]. Con total desparpajo, la estridente periodista española Salud Hernández, apologista del uribismo (y del paramilitar Carlos Castaño)[2], ha distorsionado la realidad colombiana al punto de hacerla irreconocible, afirmando, sin siquiera sonrojarse, que las FARC-EP, y no su círculo de asociados políticos, serían los terratenientes más grandes de Colombia[3]. Esto, en un país en el cual, según el Censo Agropecuario, el 41% de las 113.000.000 de hectáreas censadas, se encuentran en manos del 0,4% de los propietarios, mientras que el 70% de las Unidades de Producción Agropecuaria tiene menos de 5 hectáreas, ocupando apenas el 5% del área censada[4]. Con asombro, vimos un sensacionalista capítulo de "Los Informantes" en el cual se hacía un "reportaje" sobre las supuestas fincas de los insurgentes, así como la presunta utilización de indígenas en el área para hacerse de territorios. En él, entrevistaron a burócratas de toda laya, pero sin embargo, no se entrevistó a uno sólo de los propietarios afectados o a personas de esas comunidades[5]. Así de prolijo es el mediocre periodismo colombiano. Estas tierras, curiosamente, están en territorios que han sido solicitados para prospección petrolera[6].

El segundo ejemplo lo constituye el caso que hoy viven los vecinos del barrio Simón Bolívar en Planadas, Tolima, quienes fueron informados en Junio, durante un operativo desproporcionado e intimidatorio por parte de la DIJIN y de la Brigada Móvil 8 del Ejército, que sus viviendas serán incautadas por las autoridades para "reparar a las víctimas"[7]. El año 2000, según la Fiscalía, las FARC-EP habrían invadido esos terrenos baldíos y dividido los lotes para repartirlos entre personas sin vivienda, en su mayoría desplazados por el incremento de la violencia paramilitar en esa región de Tolima. Sin embargo, las propiedades fueron regularizadas el 2004, adjudicándose títulos de propiedad, llegando los servicios públicos y construyéndose las viviendas sólidas con el esfuerzo comunitario y con algún apoyo de la Fundación Carcafé. Hasta la fecha, las familias de 24 viviendas han sufrido de "secuestro, embargo y suspensión del poder dispositivo", pero todas las 136 familias del barrio se encuentran viviendo una auténtica pesadilla porque saben que quieren arrojarlos a todos a la calle, incluidos los más de 300 niños que viven ahí. En las inmediaciones, se está ampliando el aeropuerto militar y ya al barrio lo tienen convertido en un ghetto enrejado. Cabe destacar que, debido al hecho que la mayoría de los habitantes del barrio han sido desplazados, este nuevo hecho constituye una re-victimización de esta población que se verá forzada nuevamente a desplazarse.

Estas acciones por parte del gobierno representan, ante todo, un simulacro de reparación cosmética donde, en realidad, no ha habido nada. La política de víctimas del gobierno ha sido un fiasco estrepitoso y mediante estas acciones, como siempre inclinadas exclusivamente hacia la insurgencia, buscan dar la apariencia de acciones justicieras mientras la injusticia sigue siendo la ley en todo el país. Esto representa, además, un castigo en contra de personas que han vivido en zonas de control o influencia guerrillera, en nada diferente a las doctrinas contra-insurgentes del pez y el agua con los cuales se abusó de la población civil durante buena parte del siglo XX y del XXI. No se puede ignorar la realidad del conflicto, ni que los movimientos insurgentes han construido legitimidad en vastas zonas del país, en muchos casos, desarrollando políticas sociales donde el Estado ha sido incapaz o no le ha interesado hacerlo. Que sean las FARC-EP las que hayan garantizado el derecho a la vivienda o a la tierra a sectores vulnerables, no es algo por lo cual se deba criminalizar a la población. Esta situación revela, una vez más, el nulo interés de Santos en solucionar las causas estructurales del conflicto, así como la naturaleza mezquina y revanchista de la oligarquía colombiana.

Lo más escandaloso del caso, es que el propio Santos se apoya desvergonzadamente en lo discutido en el proceso de paz para avanzar en la expropiación de campesinos. Según él, el Banco de Tierras contemplado en los acuerdos parciales de La Habana, creado con el fin de reparar a las víctimas del despojo, saldría de tierras que se incautarían en zonas de influencia insurgente[8]. Si así es como el Estado pretende interpretar mañosamente los acuerdos del proceso de paz, entonces el post-conflicto sería un festín para quienes se han enriquecido a manos llenas durante el conflicto, mientras que los pobres vivirán una violencia y un despojo sin precedentes. De seguir así las cosas, se vendría una paz a la guatemalteca, una paz más violenta que la guerra. Si se va a sacar de los pobres para, supuestamente, reparar a las víctimas, estamos entrando a un camino muy peligroso pero el cual es bien conocido por el gobierno desde la época de la guerra del trapo rojo con el trapo azul... el de poner a pobres contra pobres y reforzar esa guerra caníbal entre los más necesitados. Mientras los pobres se matan entre ellos, los ricos se hacen finalmente con las tierras y sus recursos naturales. A río revuelto, ganancia de pescadores dicen por ahí.

Dejar pasar esto, cruzarse de brazos ante esta infamia, tendría consecuencias terribles para la perspectiva de que el país pueda superar, efectivamente, el actual conflicto social y armado. Hace rato que los derechos humanos (o mejor dicho, una interpretación burda de éstos) vienen siendo utilizados por el gobierno colombiano como un arma más de la guerra contra-insurgente[9]. Pero esto es elevar esta doctrina a un nivel totalmente nuevo. La utilización del discurso de las "víctimas" para seguir adelantando el despojo en zonas de interés para el bloque dominante, es una de las cosas más graves que están ocurriendo en estos momentos en Colombia. La Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras es una perversión del espíritu de todo lo que ha reclamado el movimiento popular colombiano, la cual servirá para seguir despojando, re-victimizando y desplazando a campesinos pobres, mientras que sigue la acumulación de tierras y riquezas por parte de los latifundistas y la élite dorada que rodea a Santos. Para esto, mejor sería no tener Ley de Víctimas.

 

José Antonio Gutiérrez D.

1º de Septiembre, 2015



[2] Como se desprende de la apasionada introducción que escribió al libro del paramilitar titulado "Mi Confesión".

[9] Para un análisis detallado de la evolución de los discursos de los derechos humanos en Colombia y su utilización por parte de las autoridades, ver el libro de Winifred Tate, Counting the Dead (Contando los Muertos), 2007.

 Gritábamos en la carrera 7ª de Bogotá a comienzos de 1962, en una manifestación “obrero-estudiantil” no muy grande, profundamente convencidos del sentido de la Historia. Coreábamos rechazando la decisión estadounidense de expulsar a Cuba de la OEA, ocurrida en la recordada reunión de Punta del Este el 31 de Enero de ese año, en donde el Che Guevara dejó grabado en piedra su insignia “ni un tantito así”.
 
Era el inicio de un año signado por el terror nuclear: el presidente Kennedy de los EEUU imponía el criminal bloqueo contra la Cuba revolucionaria que todavía rige cruelmente a pesar de la normalización actual de relaciones diplomáticas. El Vaticano excomulgaba a Fidel Castro por comunista y ateo. El complejo militar financiero estadounidense explotaba (experimentalmente) una bomba atómica de 1.500 kilotones (la Hiroshima fue de solo 13 KT). Y en Octubre se iniciaba la famosa crisis de los misiles atómicos soviéticos en Cuba, que tuvo al mudo ad portas de una hecatombe nuclear. Ufff.
También otros tres recuerdos más vienen a mi memoria: la extraña y triste muerte de la inolvidable y tintineante Marilyn Monroe con su faldita al vuelo, el premio nobel de literatura otorgado al airado escritor John Steinbeck, y la puesta las vitrinas de libros de Bogotá de una de las mejores obras sobre el conflicto social armado de Colombia: La mala hora de García Márquez, en donde el alcalde militar de Macondo mataba a sus enemigos disparándoles su revolver dentro del culo para no dejarles heridas visibles.
 
La OEA, esa formalidad de cancilleres “latinos” creada por el llamado pacto de Bogotá, en abril de 1948 en medio del “Bogotazo”, por el ministerio de relaciones exteriores o Departamento de Estado de los EEUU, para que sirviera de “ministerio de colonias del Imperialismo Yanqui -Canadiense” en la lucha anticomunista de la Guerra Fría; dominaba férrea y totalmente la diplomacia continental, que estuvo manejada durante largos años por el liberal anticomunista, ministro de colonias hasta 1954, creador del Frente Nacional bipartidista en 1957 y luego presidente de Colombia, el habilidoso locutor Alberto Lleras Camargo, y, sin que fuera ningún azar en 1994, nuevamente le fue entregada su dirección a un colombiano, al impulsador del neo- liberalismo de la Catedral, autoritario y militarista, el también liberal Cesar Gaviria Trujillo, de quien junto con su ministro de guerra Rafael Pardo Rueda (hoy aspirante Liberal a la elección de la alcaldía de Bogotá) los colombianos de a pie tenemos tan gratos e iluminados recuerdos.
 
Pues bien, después de tanta agua corrida bajos los puentes de nuestros ríos profundos y de tanta lucha popular y antimperialista; hoy (01.09.15) Colombia punta de lanza acerada del anticomunismo Contrainsurgente del Imperialismo, que tan “cipayamente”, es decir con tanto amor y dedicación le ha servido a ese “ministerio de colonias Yanqui Canadiense”, solicita de urgencia una reunión de ese organismo para tratar de validar ante los países miembros su política internacional de defensa del Bloque de Poder Contra Insurgente (BPCi) dominante y de su principal sostén el Paramilitarismo made in Colombia, convertido en fuerza expansiva Trasnacional, el que ha desbordado “el enquistado” conflicto interno colombiano; recibe una estruendosa bofetada o cachetada, como decimos los colombianos.
 
La razón es simple y la da la ventrílocua canciller panameña, país que también sufre los efectos del Paramilitarismo trasnacionalizado: “Nos preocupa una OEA dividida”.
 
Frase a todas luces medio cierta, es decir mentirosa, pues la preocupación real de los creadores metropolitanos (en Washington) de robocop Contrainsurgente de la motosierra y los hornos crematorios, lo que temen es un debate más amplio y abierto a nivel internacional que desnude la verdad y la realidad de su participación tal como fue y es actualmente y, ante el mundo se les pregunte porqué ciertos núcleos de Poder en EEUU continúan sosteniendo y brindando apoyo político, económico, y diplomático al miniführer Uribe Vélez en su insania contra el molino de viento del Castro-Chavismo y el proceso de paz de Colombia.
 
Esta llamada crisis fronteriza colombo-venezolana finalmente ha conducido al momento de las decisiones históricas: A JM Santos ya no le quedan más opciones.
  1. Sigue apoyando al robocop Uribeño, a los parapolíticos y a los militaristas sostenedores dentro de un ejército monumental como el colombiano, deslegitimado y derrotado ante el mundo por los Falsos Positivos; saca a Venezuela del proceso de paz de la Habana, se “depatrasea” y regresa a persistir en la guerra Contrainsurgente de larga duración.

  2. O, rompe definitivamente y se pasa al lado de los colombianos partidarios de la paz definitiva y sostenible en Colombia y en la región andino amazónica; donde el Paramilitarismo trasnacionalizado no puede ni podrá tener ninguna posibilidad: ”Ni un tantito así”

En lugar de está plañendo y gimoteando por esa reunión como una derrota política o diplomática, JM Santos debiera aprovechar el favor que el gobierno de Panamá le ha hecho para profundizar la derrota en todos los aspectos de su rival intraclase el miniführer Uribe Vélez, y tomar la decisión adecuada con el flujo irreversible de la Historia.
 
Hay momentos en que dudar no es solo un crimen, sino algo peor un error político de alcance histórico.
 
Fuente Imagen Internet.


Por Alberto Pinzón Sánchez

Bajo el foco temático “Paz en Colombia y Democracia en Cuba y Venezuela”, este 26 de agosto, concluyó en Bogotá el evento geoestratégico trascendental para la América Latina y Caribeña, organizado por la reconocida organización trasnacional Club de Madrid, que tiene como consignas centrales “abordar los desafíos globales desde una perspectiva democrática, apoyando los procesos de transición y consolidación democrática”. (www.clubmadrid.org/es)

Exclusiva organización global conformada por más de 70 expresidentes de países y figuras emblemáticas del credo neoliberal global, que tanto bien le han hecho sus pueblos y a la humanidad, como los españoles Aznar, Felipe González, Javier Solana, el ruso Mijaíl Gorbachov, el griego Papandreu; los “latinos” Henrique Cardozo, Sebastián Piñera, Alejandro Toledo, Vicente Fox, Sanchez de Lozada, Oscar Arias, y los colombianos insignes como Belisario Betancur, Cesar Gaviria y Andrés Pastrana.

No veo la necesidad de aclarar cuál es “la perspectiva democrática” que promueven ni cuáles son las oportunidades de negocios, ni las reformas neoliberales que generan procesos de transición (en Cuba y Venezuela) hacia la democracia de ellos. En cambio sí deseo decir que quien representó al gobierno colombiano en aquella reunión fue el delfín oligárquico Martin Santos, hijo del actual presidente JM Santos y quien no es ex presidente sino, dios mediante, será futuro presidente de los colombianos. Créanme; no es una fuga hacia adelante. (Ver http://caracol.com.co/radio/2015/08/24/nacional/1440420426_705791.html)

Después de ver las reacciones ante el golpe preventivo dado por el gobierno Venezolano al paramilitarismo (exportado desde Colombia) y el nivel de ira con el que han reaccionado los expresidentes colombianos miembros de tan exclusivo club global, como Betancur, Gaviria y Pastrana, pidiendo la salida de Colombia de Unasur, el retiro de Venezuela del proceso de paz en Cuba y demás majaderías electoreras complementarías a las payasadas agresivas de AUV.

Y después de comparar los “focos temáticos” citados al  inicio de este escrito; a muy pocos les puede quedar duda de la íntima y profunda relación existente entre los procesos de Paz en Colombia, las elecciones próximas en Venezuela y el proceso de normalización de la relaciones entre los gobiernos de Cuba y EEUU, que se debieron discutir intensamente en aquel club como “grandes oportunidades de negocios democráticos”. Tampoco debe quedar duda de que la Inteligencia Militar venezolana debió tener noticia de lo que allí se cocinaba y por tal razón apresuró el golpe preventivo que acaba de dar en la frontera colombo venezolana.

¿Cuál fue la respuesta del presidente Santos y de sus “heroicas” Fuerzas Militares encargadas (según la constitución vigente de defender las fronteras y la integridad territorial de Colombia) ante tanta sorpresa?

Primero, desconcierto. Sus héroes de la patria están “empantanadas” resolviendo asuntos fronterizos con el Ecuador en Putumayo y Nariño. Con Panamá en el Urabá y el Darién. Y con Venezuela en el Catatumbo y el Perijá. Luego, entendiendo la responsabilidad que tiene su administración neoliberal como “exportadora de colombianos miserables y desplazados”, no solo a Venezuela sino a todos los demás países limítrofes, a Europa y sobre todo a los EEUU, pidió una “salida diplomática”. Loable. 

Pero a medida que los expresidentes del Club de Madrid seguían el libreto acordado arreciando sus críticas y azuzando a sus clientelas políticas y al Oligopolio Mediático que controlan; JM Santos ha reaccionado  endureciendo su posición y llamado al embajador colombiano a consultas en Bogotá, lo que ha sido  respondido por el gobierno venezolano con igual medida, mostrando que están preparados para responder en cualquier terreno en el que se desenvuelva la crisis fronteriza actual. Y para completar el desnudamiento de la inexistente “política de fronteras colombiana”, el gobierno de Nicaragua también ha pasado a la ofensiva pidiendo el territorio que le asignó el fallo de la Corte de la Haya en 2012.

En paralelo, y para aumentar la incertidumbre, el plenipotenciario del gobierno colombiano en el proceso de paz de la Habana Humberto de la Calle, en lugar de proponer la conformación práctica de una comisión conjunta bilateral para acordar los mecanismos de refrendación e implementación de los acuerdos a los que se va a llegar, ofrece otra nube de promesas: “A las Farc les vamos a cumplir” (27.08.2015)
 

¿Con qué va a cumplir? 
¿Con una gigantesca crisis social política y diplomática en desarrollo con tendencia a agravarse, cuyo centro  político y económico es el Castro Chavismo: destruir el proceso de la Habana, sacar al gobierno venezolano como “garante” de dicho proceso y de ser posible, derrocar al presidente legítimo de Venezuela e implementar una “transición democrática” en Cuba?

¿Con un paramilitarismo desbordado que traspasa fronteras, apoyado impunemente por los para-políticos en el congreso de la república y frente al cual el gobierno Santos ha mirado para otro lado durante todos estos años?

¿Con unas Fuerzas Militares empantanadas implementando la política gubernamental de fronteras en Urabá, el Catatumbo o en Nariño?
¿Con qué van a cumplir señores Santos, De la calle y empresario militar Villegas?

No me corresponde dar consejos a ninguna persona si no me los pide, pero sinceramente creo que en estos momentos en lugar de abrir un debate aún más inoficioso y bizantino de esos que les gustan a los “santanderistas y rábulas criollos” entre Unasur y la OEA; si se debería blindar definitivamente el proceso de la Habana, si es que de verdad se desea llegar al final del conflicto.

Por lo demás, tener siempre presente aquel asunto filosófico de la Causa y los Efectos: que los planes del Club de Madrid para la Región pueden generar más resistencia de la que  se sabe o se supone. En fin, que nada está acordado hasta que todo esté acordado. 


Imagen: Martin Santos ante retrato de AUV. Fuente: Internet

Por: Miguel Suárez (2015-08-26). Como dantescas podrían calificarse las imágenes que se ven en la frontera colombo-venezolana, donde por un lado la guardia nacional esta de un lado de los alambres de púa, y del otro el pueblo colombiano que ansia irse del paraíso, que nos dicen que es Colombia, al infierno que dicen es Venezuela.

Dantesco también es el escuchar al presidente de la oligarquía colombiana dizque exigiendo “respeto por todos los colombianos”, cosa que ellos no hace en Colombia, razón por lo cual mas de cinco millones de colombianos viven hoy en Venezuela.

Dantesco es ver al ejercito de ocupación, el ejercito que anida a los paramilitares, dizque llevando mercado a los colombianos deportados, que mañana si protestan asesinaran. 

Dantesco ver al jefe de los “Uribeños” y las alimañas que lo circundan, aprovechándose del drama del pueblo, que fue desplazado por el, su ejercito y paramilitares, y dantesco ver a tanto “periodistas” adolorido por el drama del pueblo que ellos esconden en Colombia.

Los caleños, medellinenses, cucuteños y todos los colombianos se están preguntando ¿donde estaban los adoloridos, periodistas, “uribeños”, militares y sus paramilitares que hoy lloran con lagrimas de cocodrilo, cuando a ellos los desalojaron y destruyeron sus viviendas, no la guardia nacional de Venezuela, sino la ESMAD de la oligarquía colombiana?.

En junio pasado (2015), la policía, la colombiana no la Venezolana, por orden del Rodrigo Guerrero, alcalde de Cali, desalojo y destruyo las viviendas de unas 800 familias en la zona del Jarillón en el sector de Petecuy, de esa ciudad.

Allí se dio una historia que muestra el dolor y la ira del pueblo, que ninguno de los adoloridos periodista de los grandes medio fue a cubrir.

Un niño de escasos 11 años, impotente, con lagrimas en sus ojos, viendo como los policías arrastraba a su madre y destruían su vivienda le grito al policía, “cuando sea grande te voy a buscar y te voy a matar”.

¿Donde estaba los adoloridos, porque no llegaron Cali, donde el mismo estado agredía a sus ciudadanos?

En Villa Café, en Medellín, en mayo pasado (2015), defendiendo los intereses de la "Ladrillera Santa Rita LTDA", la alcaldía de esa ciudad ordeno el desalojo de unas 300 familias humildes que habían construido sus viviendas meses atrás.

Estas familias fueron expulsadas y muchos de ellos quedaron en la calle sin recibir ayuda alguna del gobierno.

¿Donde estaba el paraco “Uribe”, que vino de defenderlos, en la ciudad donde el debe responder porque sus hoy “adoloridos” militares votaron los cuerpo de unos 300 hijos de pobres?.

¿Y Paracol y RCN y el resto de sicarios del micrófono, donde estaban?

 Por Alberto Pinzón Sánchez.

La razón de ser de la enconada disputa actual entre AUV y Juan Manuel Santos, es el control de la alianza tradicional (de siglos) entre las diversas fracciones de la clase dominante valga decir, latifundistas rentistas tradicionales. Grandes empresarios agrarios antiguos y nuevos surgidos de las grandes inversiones agrarias de la mafia narco-paramilitar (de donde procede AUV). Grandes comerciantes y exportadores (incluso de cocaína). Financistas, financieros y lavadólares. Empresarios industriales y gerentes gremiales. Dueños del Oligopolio Mediático (de donde proceden los dos Santos, Fachito y Juanma). Grandes contratistas del Estado y altos cargos de las instituciones oficiales. Jefes naturales o “caciques clientelistas” de los partidos políticos y para políticos de los niveles municipal, regional, o nacional; todos ellos trasnacionalizados y ligados íntimamente con la economía neocolonial y la política anticomunista de los EEUU mediante un complejo proceso, continuo e ininterrumpido, que viene del siglo XIX y que con el ingreso pleno dentro esta alianza de la Institución Militar, se consolidó como un abigarrado Bloque de Poder, llamado intuitivamente con mucha razón popular, primero “rosca gobernante”, después “oligarquía bipartidista vendepatria” y luego, a partir del pacto frente nacionalista, la doctrina Lleras Camargo para el ejército enunciada en el Teatro Patria (1957) junto con las “recomendaciones secretas” para la creación del Paramilitarismo hechas en 1960 por el general US Army William P. Yarborough, y la intervención directa de los EEUU se trasformó en el monstruoso Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) que hoy conocemos.

No hay diferencias en esta disputa de fracciones, en la concepción económica, ni en la orientación anti socialista o mejor anti comunista y represiva contra la movilización social de su política general, ni en su sometimiento absoluto a la orientación geoestratégica neocolonial dictada por Washington. La gran diferencia y eso debemos tenerlo claro quien quiera llamarse anti neoliberal o al menos de “oposición”, es simplemente de “maneras”: Brutalidad o refinamiento. Y en eso estamos.

La historia es fuente de experiencias que todos debemos considerar seriamente: En el siglo XIX, los gamonales y espadones regionales de esta oligarquía bipartidista (utilizo el concepto de gamonal establecido por el Amauta Mariátegui) llevaron literalmente enlazados y amarados a sus peonadas de campesinos a que se “machetearan” unos contra otros, en las 9 (nueve) carnicerías que cada 10 años promovieron y llamaron hipócritamente “guerras civiles”, las cuales concluían con pactos en las alturas (entre ellos) para repartirse el botín del Estado con sus negocios internacionales o aduanas. Pactos inter oligárquicos que eran refrendados por innumerables Constituciones o Leyes de Leyes, generando un sedimento legalista en la ideología dominante que algunos historiadores han llamado “el fetichismo constitucional colombiano”.

Los espadones y gamonales terratenientes exportadores (en muchos casos ex esclavistas) de ambos partidos, después de la conjura de Santander y sus áulicos contra nuestro padre el Libertador, eran pro-yanquis y pro-ingleses, y ambos eran partidarios del libre-cambio neocolonial o neo-liberalismo de ese entonces.

El historiador estadounidense David Bushnell en la página 121 de su libro “Ensayos de historia política de Colombia, siglos XIX y XX Editorial la carreta. 2006 Medellín, escribe lo siguiente: …..”El proceso de reformas comenzó poco antes de la mitad del siglo, durante la primera administración del todavía conservador Tomás C de Mosquera, cuyo ministro de Hacienda, Florentino González+ desempeñaba al lado de Mosquera el papel de Rudolf Hommes en el ministerio de Cesar Gaviria pero de manera aún más influyente, creía firmemente en las doctrinas del dejad hacer y en las bondades de la globalización, aunque esta última palabra todavía no se había inventado”….

Si no había grandes diferencias conceptuales entre los dirigente de los partidos conservador y liberal, y por ejemplo, el mito pseudo marxista de que la Hacienda era conservadora y la Tienda era liberal, con el que algunos historiadores trataron de justificar a mediados del siglo XX aquellas guerras civiles decimonónicas, todavía no había intoxicado la conciencia social; entonces ¿cuál era la justificación de aquellas crueles matazones entre colombianos?

Es una respuesta que aterra por la simpleza de apariencia: el asunto de los privilegias coloniales que tenía la Curia Neogranadina en latifundios y cofradías, la supresión de los jugosos diezmos y, la supresión del monopolio educativo religioso en los colegios y universidades de la naciente república.

Cuando T.C. Mosquera trató de suprimir estas canonjías y sacó los latifundios eclesiásticos a la venta para empoderar aún más su clase social, la Curia Neogranadina se apoderó del partido conservador mediante sus mejores alumnos largamente preparados en seminarios regionales y colegios como el de San Bartolomé, lo llenó de contenido religioso y lo incitó a la guerra religiosa, con una consigna igual de simple: “Quien ataque a la iglesia ataca al partido conservador y ataca a Dios”. Consigna que en trascurso de la posterior lucha de clases, se injertó con el anti socialismo y anti comunismo que el Vaticano como vocero de la Burguesía internacional Europea impulsaba a través de sus diligentes curas, como por ejemplo monseñor Builes (recientemente canonizado por el Vaticano) y se ha prolongado hasta nuestros días con los resultados que estamos viendo en el conflicto interno actual. El cual como un retorno macabro del pasado está reproducido en la disputa personal entre AUV y JM Santos.

Disputa que como hemos visto no es de fondo, sino de apariencia y que hoy, está siendo llevada muy sutilmente por los “Spin Doctors” del palacio presidencial hacia el templo donde reposa el Fetiche de la Constitución Nacional, la que como todo ídolo, tiene vida propia y no va a dejarse modificar o permitir su expiración sin luchar a muerte.

Es indudable que nos aproximamos a tierra firme. Ya se ven en las estelas marinas restos de plantas, hay revoleteo y chillidos de gaviotas y la brisa marina trae cierto olor a tierra firme. El acuerdo para finalizar el conflicto no solo es deseable sino que se está haciendo posible o realizable. El debate sobre la refrendación e implementación de los acuerdos de la Habana en Colombia, que tiene un tiempo político diferente al de la mesa de la Isla de Cuba, ha tomado curso y dinámica y urge que los plenipotenciarios de ambas partes allí sentados, creen una Comisión Conjunta para que se empiece a discutir estos dos pasos para la finalización del conflicto colombiano, lo cual más temprano que tarde se tendrán que enfrentar y resolver.

No es buen proceder político dejar que las próximas elecciones regionales, donde AUV y Santos esperan medir sus clientelas electorales, definan el asunto de la revocatoria a la actual casta parapolítica y ultra corrompida que mangonea impunemente y exprime a los colombianos desde el llamado templo de la democracia, y que está esperando esta ocasión para instituirse en la guardia suiza del omnipotente Fetiche de la caduca y neoliberal Constitución Nacional. El acierto es iniciar desde ya, la campaña por la revocatoria y la constrúyete popular y democrática.

+ Lapidarium: Sobra decir que Florentino González, participó “directamente” en el atentado asesino contra Simón Bolívar y su pena de muerte fue conmutada, igual que la de F.P. Santander, directamente por el Libertador.

 

Imagen: Laureano Gómez y Lleras Camargo 1957 firman el pacto del Frente Nacional Fuente: Internet