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Opinion

 El Estado colombiano ha tenido, históricamente, dos mecanismos principales para despojar al campesinado de sus tierras: el crédito extorsivo y la violencia, tanto oficial como paraoficial. Ahora, el gobierno capitaneado por Juan Manuel Santos ha agregado un nuevo mecanismo a este repertorio. Ese mecanismo es la utilización perversa de la legislación sobre las víctimas. Éste consiste en quitar sus posesiones a pobres que, supuestamente o en la realidad, se hayan beneficiado por acciones de la insurgencia, y entregarlas al Fondo de Reparación de las Víctimas. Mientras tanto se le quita a los pobres, no se ha tocado a uno sólo de los ganaderos ricos y terratenientes que han acumulado más de 7 millones de hectáreas robadas a sangre y fuego al campesinado durante las últimas tres décadas. Para estos latifundistas y agroindustriales, el gobierno ha inventado el eufemismo de "ocupantes de buena fe". La buena fe, se sabe, es patrimonio de los ricos; los pobres siempre actúan de mala fe.

Dos casos demuestran esta peligrosa tendencia. Por una parte, está la situación de cerca de 280.000 hectáreas en partes de los llanos del Yarí, San Vicente del Caguán y parte de Cartagena de Chairá (Meta y Caquetá) que serían, según las autoridades, fincas de las FARC-EP, compradas o adquiridas en territorios baldíos, actualmente en manos de testaferros[1]. Con total desparpajo, la estridente periodista española Salud Hernández, apologista del uribismo (y del paramilitar Carlos Castaño)[2], ha distorsionado la realidad colombiana al punto de hacerla irreconocible, afirmando, sin siquiera sonrojarse, que las FARC-EP, y no su círculo de asociados políticos, serían los terratenientes más grandes de Colombia[3]. Esto, en un país en el cual, según el Censo Agropecuario, el 41% de las 113.000.000 de hectáreas censadas, se encuentran en manos del 0,4% de los propietarios, mientras que el 70% de las Unidades de Producción Agropecuaria tiene menos de 5 hectáreas, ocupando apenas el 5% del área censada[4]. Con asombro, vimos un sensacionalista capítulo de "Los Informantes" en el cual se hacía un "reportaje" sobre las supuestas fincas de los insurgentes, así como la presunta utilización de indígenas en el área para hacerse de territorios. En él, entrevistaron a burócratas de toda laya, pero sin embargo, no se entrevistó a uno sólo de los propietarios afectados o a personas de esas comunidades[5]. Así de prolijo es el mediocre periodismo colombiano. Estas tierras, curiosamente, están en territorios que han sido solicitados para prospección petrolera[6].

El segundo ejemplo lo constituye el caso que hoy viven los vecinos del barrio Simón Bolívar en Planadas, Tolima, quienes fueron informados en Junio, durante un operativo desproporcionado e intimidatorio por parte de la DIJIN y de la Brigada Móvil 8 del Ejército, que sus viviendas serán incautadas por las autoridades para "reparar a las víctimas"[7]. El año 2000, según la Fiscalía, las FARC-EP habrían invadido esos terrenos baldíos y dividido los lotes para repartirlos entre personas sin vivienda, en su mayoría desplazados por el incremento de la violencia paramilitar en esa región de Tolima. Sin embargo, las propiedades fueron regularizadas el 2004, adjudicándose títulos de propiedad, llegando los servicios públicos y construyéndose las viviendas sólidas con el esfuerzo comunitario y con algún apoyo de la Fundación Carcafé. Hasta la fecha, las familias de 24 viviendas han sufrido de "secuestro, embargo y suspensión del poder dispositivo", pero todas las 136 familias del barrio se encuentran viviendo una auténtica pesadilla porque saben que quieren arrojarlos a todos a la calle, incluidos los más de 300 niños que viven ahí. En las inmediaciones, se está ampliando el aeropuerto militar y ya al barrio lo tienen convertido en un ghetto enrejado. Cabe destacar que, debido al hecho que la mayoría de los habitantes del barrio han sido desplazados, este nuevo hecho constituye una re-victimización de esta población que se verá forzada nuevamente a desplazarse.

Estas acciones por parte del gobierno representan, ante todo, un simulacro de reparación cosmética donde, en realidad, no ha habido nada. La política de víctimas del gobierno ha sido un fiasco estrepitoso y mediante estas acciones, como siempre inclinadas exclusivamente hacia la insurgencia, buscan dar la apariencia de acciones justicieras mientras la injusticia sigue siendo la ley en todo el país. Esto representa, además, un castigo en contra de personas que han vivido en zonas de control o influencia guerrillera, en nada diferente a las doctrinas contra-insurgentes del pez y el agua con los cuales se abusó de la población civil durante buena parte del siglo XX y del XXI. No se puede ignorar la realidad del conflicto, ni que los movimientos insurgentes han construido legitimidad en vastas zonas del país, en muchos casos, desarrollando políticas sociales donde el Estado ha sido incapaz o no le ha interesado hacerlo. Que sean las FARC-EP las que hayan garantizado el derecho a la vivienda o a la tierra a sectores vulnerables, no es algo por lo cual se deba criminalizar a la población. Esta situación revela, una vez más, el nulo interés de Santos en solucionar las causas estructurales del conflicto, así como la naturaleza mezquina y revanchista de la oligarquía colombiana.

Lo más escandaloso del caso, es que el propio Santos se apoya desvergonzadamente en lo discutido en el proceso de paz para avanzar en la expropiación de campesinos. Según él, el Banco de Tierras contemplado en los acuerdos parciales de La Habana, creado con el fin de reparar a las víctimas del despojo, saldría de tierras que se incautarían en zonas de influencia insurgente[8]. Si así es como el Estado pretende interpretar mañosamente los acuerdos del proceso de paz, entonces el post-conflicto sería un festín para quienes se han enriquecido a manos llenas durante el conflicto, mientras que los pobres vivirán una violencia y un despojo sin precedentes. De seguir así las cosas, se vendría una paz a la guatemalteca, una paz más violenta que la guerra. Si se va a sacar de los pobres para, supuestamente, reparar a las víctimas, estamos entrando a un camino muy peligroso pero el cual es bien conocido por el gobierno desde la época de la guerra del trapo rojo con el trapo azul... el de poner a pobres contra pobres y reforzar esa guerra caníbal entre los más necesitados. Mientras los pobres se matan entre ellos, los ricos se hacen finalmente con las tierras y sus recursos naturales. A río revuelto, ganancia de pescadores dicen por ahí.

Dejar pasar esto, cruzarse de brazos ante esta infamia, tendría consecuencias terribles para la perspectiva de que el país pueda superar, efectivamente, el actual conflicto social y armado. Hace rato que los derechos humanos (o mejor dicho, una interpretación burda de éstos) vienen siendo utilizados por el gobierno colombiano como un arma más de la guerra contra-insurgente[9]. Pero esto es elevar esta doctrina a un nivel totalmente nuevo. La utilización del discurso de las "víctimas" para seguir adelantando el despojo en zonas de interés para el bloque dominante, es una de las cosas más graves que están ocurriendo en estos momentos en Colombia. La Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras es una perversión del espíritu de todo lo que ha reclamado el movimiento popular colombiano, la cual servirá para seguir despojando, re-victimizando y desplazando a campesinos pobres, mientras que sigue la acumulación de tierras y riquezas por parte de los latifundistas y la élite dorada que rodea a Santos. Para esto, mejor sería no tener Ley de Víctimas.

 

José Antonio Gutiérrez D.

1º de Septiembre, 2015



[2] Como se desprende de la apasionada introducción que escribió al libro del paramilitar titulado "Mi Confesión".

[9] Para un análisis detallado de la evolución de los discursos de los derechos humanos en Colombia y su utilización por parte de las autoridades, ver el libro de Winifred Tate, Counting the Dead (Contando los Muertos), 2007.

 Gritábamos en la carrera 7ª de Bogotá a comienzos de 1962, en una manifestación “obrero-estudiantil” no muy grande, profundamente convencidos del sentido de la Historia. Coreábamos rechazando la decisión estadounidense de expulsar a Cuba de la OEA, ocurrida en la recordada reunión de Punta del Este el 31 de Enero de ese año, en donde el Che Guevara dejó grabado en piedra su insignia “ni un tantito así”.
 
Era el inicio de un año signado por el terror nuclear: el presidente Kennedy de los EEUU imponía el criminal bloqueo contra la Cuba revolucionaria que todavía rige cruelmente a pesar de la normalización actual de relaciones diplomáticas. El Vaticano excomulgaba a Fidel Castro por comunista y ateo. El complejo militar financiero estadounidense explotaba (experimentalmente) una bomba atómica de 1.500 kilotones (la Hiroshima fue de solo 13 KT). Y en Octubre se iniciaba la famosa crisis de los misiles atómicos soviéticos en Cuba, que tuvo al mudo ad portas de una hecatombe nuclear. Ufff.
También otros tres recuerdos más vienen a mi memoria: la extraña y triste muerte de la inolvidable y tintineante Marilyn Monroe con su faldita al vuelo, el premio nobel de literatura otorgado al airado escritor John Steinbeck, y la puesta las vitrinas de libros de Bogotá de una de las mejores obras sobre el conflicto social armado de Colombia: La mala hora de García Márquez, en donde el alcalde militar de Macondo mataba a sus enemigos disparándoles su revolver dentro del culo para no dejarles heridas visibles.
 
La OEA, esa formalidad de cancilleres “latinos” creada por el llamado pacto de Bogotá, en abril de 1948 en medio del “Bogotazo”, por el ministerio de relaciones exteriores o Departamento de Estado de los EEUU, para que sirviera de “ministerio de colonias del Imperialismo Yanqui -Canadiense” en la lucha anticomunista de la Guerra Fría; dominaba férrea y totalmente la diplomacia continental, que estuvo manejada durante largos años por el liberal anticomunista, ministro de colonias hasta 1954, creador del Frente Nacional bipartidista en 1957 y luego presidente de Colombia, el habilidoso locutor Alberto Lleras Camargo, y, sin que fuera ningún azar en 1994, nuevamente le fue entregada su dirección a un colombiano, al impulsador del neo- liberalismo de la Catedral, autoritario y militarista, el también liberal Cesar Gaviria Trujillo, de quien junto con su ministro de guerra Rafael Pardo Rueda (hoy aspirante Liberal a la elección de la alcaldía de Bogotá) los colombianos de a pie tenemos tan gratos e iluminados recuerdos.
 
Pues bien, después de tanta agua corrida bajos los puentes de nuestros ríos profundos y de tanta lucha popular y antimperialista; hoy (01.09.15) Colombia punta de lanza acerada del anticomunismo Contrainsurgente del Imperialismo, que tan “cipayamente”, es decir con tanto amor y dedicación le ha servido a ese “ministerio de colonias Yanqui Canadiense”, solicita de urgencia una reunión de ese organismo para tratar de validar ante los países miembros su política internacional de defensa del Bloque de Poder Contra Insurgente (BPCi) dominante y de su principal sostén el Paramilitarismo made in Colombia, convertido en fuerza expansiva Trasnacional, el que ha desbordado “el enquistado” conflicto interno colombiano; recibe una estruendosa bofetada o cachetada, como decimos los colombianos.
 
La razón es simple y la da la ventrílocua canciller panameña, país que también sufre los efectos del Paramilitarismo trasnacionalizado: “Nos preocupa una OEA dividida”.
 
Frase a todas luces medio cierta, es decir mentirosa, pues la preocupación real de los creadores metropolitanos (en Washington) de robocop Contrainsurgente de la motosierra y los hornos crematorios, lo que temen es un debate más amplio y abierto a nivel internacional que desnude la verdad y la realidad de su participación tal como fue y es actualmente y, ante el mundo se les pregunte porqué ciertos núcleos de Poder en EEUU continúan sosteniendo y brindando apoyo político, económico, y diplomático al miniführer Uribe Vélez en su insania contra el molino de viento del Castro-Chavismo y el proceso de paz de Colombia.
 
Esta llamada crisis fronteriza colombo-venezolana finalmente ha conducido al momento de las decisiones históricas: A JM Santos ya no le quedan más opciones.
  1. Sigue apoyando al robocop Uribeño, a los parapolíticos y a los militaristas sostenedores dentro de un ejército monumental como el colombiano, deslegitimado y derrotado ante el mundo por los Falsos Positivos; saca a Venezuela del proceso de paz de la Habana, se “depatrasea” y regresa a persistir en la guerra Contrainsurgente de larga duración.

  2. O, rompe definitivamente y se pasa al lado de los colombianos partidarios de la paz definitiva y sostenible en Colombia y en la región andino amazónica; donde el Paramilitarismo trasnacionalizado no puede ni podrá tener ninguna posibilidad: ”Ni un tantito así”

En lugar de está plañendo y gimoteando por esa reunión como una derrota política o diplomática, JM Santos debiera aprovechar el favor que el gobierno de Panamá le ha hecho para profundizar la derrota en todos los aspectos de su rival intraclase el miniführer Uribe Vélez, y tomar la decisión adecuada con el flujo irreversible de la Historia.
 
Hay momentos en que dudar no es solo un crimen, sino algo peor un error político de alcance histórico.
 
Fuente Imagen Internet.


Por Alberto Pinzón Sánchez

Bajo el foco temático “Paz en Colombia y Democracia en Cuba y Venezuela”, este 26 de agosto, concluyó en Bogotá el evento geoestratégico trascendental para la América Latina y Caribeña, organizado por la reconocida organización trasnacional Club de Madrid, que tiene como consignas centrales “abordar los desafíos globales desde una perspectiva democrática, apoyando los procesos de transición y consolidación democrática”. (www.clubmadrid.org/es)

Exclusiva organización global conformada por más de 70 expresidentes de países y figuras emblemáticas del credo neoliberal global, que tanto bien le han hecho sus pueblos y a la humanidad, como los españoles Aznar, Felipe González, Javier Solana, el ruso Mijaíl Gorbachov, el griego Papandreu; los “latinos” Henrique Cardozo, Sebastián Piñera, Alejandro Toledo, Vicente Fox, Sanchez de Lozada, Oscar Arias, y los colombianos insignes como Belisario Betancur, Cesar Gaviria y Andrés Pastrana.

No veo la necesidad de aclarar cuál es “la perspectiva democrática” que promueven ni cuáles son las oportunidades de negocios, ni las reformas neoliberales que generan procesos de transición (en Cuba y Venezuela) hacia la democracia de ellos. En cambio sí deseo decir que quien representó al gobierno colombiano en aquella reunión fue el delfín oligárquico Martin Santos, hijo del actual presidente JM Santos y quien no es ex presidente sino, dios mediante, será futuro presidente de los colombianos. Créanme; no es una fuga hacia adelante. (Ver http://caracol.com.co/radio/2015/08/24/nacional/1440420426_705791.html)

Después de ver las reacciones ante el golpe preventivo dado por el gobierno Venezolano al paramilitarismo (exportado desde Colombia) y el nivel de ira con el que han reaccionado los expresidentes colombianos miembros de tan exclusivo club global, como Betancur, Gaviria y Pastrana, pidiendo la salida de Colombia de Unasur, el retiro de Venezuela del proceso de paz en Cuba y demás majaderías electoreras complementarías a las payasadas agresivas de AUV.

Y después de comparar los “focos temáticos” citados al  inicio de este escrito; a muy pocos les puede quedar duda de la íntima y profunda relación existente entre los procesos de Paz en Colombia, las elecciones próximas en Venezuela y el proceso de normalización de la relaciones entre los gobiernos de Cuba y EEUU, que se debieron discutir intensamente en aquel club como “grandes oportunidades de negocios democráticos”. Tampoco debe quedar duda de que la Inteligencia Militar venezolana debió tener noticia de lo que allí se cocinaba y por tal razón apresuró el golpe preventivo que acaba de dar en la frontera colombo venezolana.

¿Cuál fue la respuesta del presidente Santos y de sus “heroicas” Fuerzas Militares encargadas (según la constitución vigente de defender las fronteras y la integridad territorial de Colombia) ante tanta sorpresa?

Primero, desconcierto. Sus héroes de la patria están “empantanadas” resolviendo asuntos fronterizos con el Ecuador en Putumayo y Nariño. Con Panamá en el Urabá y el Darién. Y con Venezuela en el Catatumbo y el Perijá. Luego, entendiendo la responsabilidad que tiene su administración neoliberal como “exportadora de colombianos miserables y desplazados”, no solo a Venezuela sino a todos los demás países limítrofes, a Europa y sobre todo a los EEUU, pidió una “salida diplomática”. Loable. 

Pero a medida que los expresidentes del Club de Madrid seguían el libreto acordado arreciando sus críticas y azuzando a sus clientelas políticas y al Oligopolio Mediático que controlan; JM Santos ha reaccionado  endureciendo su posición y llamado al embajador colombiano a consultas en Bogotá, lo que ha sido  respondido por el gobierno venezolano con igual medida, mostrando que están preparados para responder en cualquier terreno en el que se desenvuelva la crisis fronteriza actual. Y para completar el desnudamiento de la inexistente “política de fronteras colombiana”, el gobierno de Nicaragua también ha pasado a la ofensiva pidiendo el territorio que le asignó el fallo de la Corte de la Haya en 2012.

En paralelo, y para aumentar la incertidumbre, el plenipotenciario del gobierno colombiano en el proceso de paz de la Habana Humberto de la Calle, en lugar de proponer la conformación práctica de una comisión conjunta bilateral para acordar los mecanismos de refrendación e implementación de los acuerdos a los que se va a llegar, ofrece otra nube de promesas: “A las Farc les vamos a cumplir” (27.08.2015)
 

¿Con qué va a cumplir? 
¿Con una gigantesca crisis social política y diplomática en desarrollo con tendencia a agravarse, cuyo centro  político y económico es el Castro Chavismo: destruir el proceso de la Habana, sacar al gobierno venezolano como “garante” de dicho proceso y de ser posible, derrocar al presidente legítimo de Venezuela e implementar una “transición democrática” en Cuba?

¿Con un paramilitarismo desbordado que traspasa fronteras, apoyado impunemente por los para-políticos en el congreso de la república y frente al cual el gobierno Santos ha mirado para otro lado durante todos estos años?

¿Con unas Fuerzas Militares empantanadas implementando la política gubernamental de fronteras en Urabá, el Catatumbo o en Nariño?
¿Con qué van a cumplir señores Santos, De la calle y empresario militar Villegas?

No me corresponde dar consejos a ninguna persona si no me los pide, pero sinceramente creo que en estos momentos en lugar de abrir un debate aún más inoficioso y bizantino de esos que les gustan a los “santanderistas y rábulas criollos” entre Unasur y la OEA; si se debería blindar definitivamente el proceso de la Habana, si es que de verdad se desea llegar al final del conflicto.

Por lo demás, tener siempre presente aquel asunto filosófico de la Causa y los Efectos: que los planes del Club de Madrid para la Región pueden generar más resistencia de la que  se sabe o se supone. En fin, que nada está acordado hasta que todo esté acordado. 


Imagen: Martin Santos ante retrato de AUV. Fuente: Internet

Por: Miguel Suárez (2015-08-26). Como dantescas podrían calificarse las imágenes que se ven en la frontera colombo-venezolana, donde por un lado la guardia nacional esta de un lado de los alambres de púa, y del otro el pueblo colombiano que ansia irse del paraíso, que nos dicen que es Colombia, al infierno que dicen es Venezuela.

Dantesco también es el escuchar al presidente de la oligarquía colombiana dizque exigiendo “respeto por todos los colombianos”, cosa que ellos no hace en Colombia, razón por lo cual mas de cinco millones de colombianos viven hoy en Venezuela.

Dantesco es ver al ejercito de ocupación, el ejercito que anida a los paramilitares, dizque llevando mercado a los colombianos deportados, que mañana si protestan asesinaran. 

Dantesco ver al jefe de los “Uribeños” y las alimañas que lo circundan, aprovechándose del drama del pueblo, que fue desplazado por el, su ejercito y paramilitares, y dantesco ver a tanto “periodistas” adolorido por el drama del pueblo que ellos esconden en Colombia.

Los caleños, medellinenses, cucuteños y todos los colombianos se están preguntando ¿donde estaban los adoloridos, periodistas, “uribeños”, militares y sus paramilitares que hoy lloran con lagrimas de cocodrilo, cuando a ellos los desalojaron y destruyeron sus viviendas, no la guardia nacional de Venezuela, sino la ESMAD de la oligarquía colombiana?.

En junio pasado (2015), la policía, la colombiana no la Venezolana, por orden del Rodrigo Guerrero, alcalde de Cali, desalojo y destruyo las viviendas de unas 800 familias en la zona del Jarillón en el sector de Petecuy, de esa ciudad.

Allí se dio una historia que muestra el dolor y la ira del pueblo, que ninguno de los adoloridos periodista de los grandes medio fue a cubrir.

Un niño de escasos 11 años, impotente, con lagrimas en sus ojos, viendo como los policías arrastraba a su madre y destruían su vivienda le grito al policía, “cuando sea grande te voy a buscar y te voy a matar”.

¿Donde estaba los adoloridos, porque no llegaron Cali, donde el mismo estado agredía a sus ciudadanos?

En Villa Café, en Medellín, en mayo pasado (2015), defendiendo los intereses de la "Ladrillera Santa Rita LTDA", la alcaldía de esa ciudad ordeno el desalojo de unas 300 familias humildes que habían construido sus viviendas meses atrás.

Estas familias fueron expulsadas y muchos de ellos quedaron en la calle sin recibir ayuda alguna del gobierno.

¿Donde estaba el paraco “Uribe”, que vino de defenderlos, en la ciudad donde el debe responder porque sus hoy “adoloridos” militares votaron los cuerpo de unos 300 hijos de pobres?.

¿Y Paracol y RCN y el resto de sicarios del micrófono, donde estaban?

 Por Alberto Pinzón Sánchez.

La razón de ser de la enconada disputa actual entre AUV y Juan Manuel Santos, es el control de la alianza tradicional (de siglos) entre las diversas fracciones de la clase dominante valga decir, latifundistas rentistas tradicionales. Grandes empresarios agrarios antiguos y nuevos surgidos de las grandes inversiones agrarias de la mafia narco-paramilitar (de donde procede AUV). Grandes comerciantes y exportadores (incluso de cocaína). Financistas, financieros y lavadólares. Empresarios industriales y gerentes gremiales. Dueños del Oligopolio Mediático (de donde proceden los dos Santos, Fachito y Juanma). Grandes contratistas del Estado y altos cargos de las instituciones oficiales. Jefes naturales o “caciques clientelistas” de los partidos políticos y para políticos de los niveles municipal, regional, o nacional; todos ellos trasnacionalizados y ligados íntimamente con la economía neocolonial y la política anticomunista de los EEUU mediante un complejo proceso, continuo e ininterrumpido, que viene del siglo XIX y que con el ingreso pleno dentro esta alianza de la Institución Militar, se consolidó como un abigarrado Bloque de Poder, llamado intuitivamente con mucha razón popular, primero “rosca gobernante”, después “oligarquía bipartidista vendepatria” y luego, a partir del pacto frente nacionalista, la doctrina Lleras Camargo para el ejército enunciada en el Teatro Patria (1957) junto con las “recomendaciones secretas” para la creación del Paramilitarismo hechas en 1960 por el general US Army William P. Yarborough, y la intervención directa de los EEUU se trasformó en el monstruoso Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) que hoy conocemos.

No hay diferencias en esta disputa de fracciones, en la concepción económica, ni en la orientación anti socialista o mejor anti comunista y represiva contra la movilización social de su política general, ni en su sometimiento absoluto a la orientación geoestratégica neocolonial dictada por Washington. La gran diferencia y eso debemos tenerlo claro quien quiera llamarse anti neoliberal o al menos de “oposición”, es simplemente de “maneras”: Brutalidad o refinamiento. Y en eso estamos.

La historia es fuente de experiencias que todos debemos considerar seriamente: En el siglo XIX, los gamonales y espadones regionales de esta oligarquía bipartidista (utilizo el concepto de gamonal establecido por el Amauta Mariátegui) llevaron literalmente enlazados y amarados a sus peonadas de campesinos a que se “machetearan” unos contra otros, en las 9 (nueve) carnicerías que cada 10 años promovieron y llamaron hipócritamente “guerras civiles”, las cuales concluían con pactos en las alturas (entre ellos) para repartirse el botín del Estado con sus negocios internacionales o aduanas. Pactos inter oligárquicos que eran refrendados por innumerables Constituciones o Leyes de Leyes, generando un sedimento legalista en la ideología dominante que algunos historiadores han llamado “el fetichismo constitucional colombiano”.

Los espadones y gamonales terratenientes exportadores (en muchos casos ex esclavistas) de ambos partidos, después de la conjura de Santander y sus áulicos contra nuestro padre el Libertador, eran pro-yanquis y pro-ingleses, y ambos eran partidarios del libre-cambio neocolonial o neo-liberalismo de ese entonces.

El historiador estadounidense David Bushnell en la página 121 de su libro “Ensayos de historia política de Colombia, siglos XIX y XX Editorial la carreta. 2006 Medellín, escribe lo siguiente: …..”El proceso de reformas comenzó poco antes de la mitad del siglo, durante la primera administración del todavía conservador Tomás C de Mosquera, cuyo ministro de Hacienda, Florentino González+ desempeñaba al lado de Mosquera el papel de Rudolf Hommes en el ministerio de Cesar Gaviria pero de manera aún más influyente, creía firmemente en las doctrinas del dejad hacer y en las bondades de la globalización, aunque esta última palabra todavía no se había inventado”….

Si no había grandes diferencias conceptuales entre los dirigente de los partidos conservador y liberal, y por ejemplo, el mito pseudo marxista de que la Hacienda era conservadora y la Tienda era liberal, con el que algunos historiadores trataron de justificar a mediados del siglo XX aquellas guerras civiles decimonónicas, todavía no había intoxicado la conciencia social; entonces ¿cuál era la justificación de aquellas crueles matazones entre colombianos?

Es una respuesta que aterra por la simpleza de apariencia: el asunto de los privilegias coloniales que tenía la Curia Neogranadina en latifundios y cofradías, la supresión de los jugosos diezmos y, la supresión del monopolio educativo religioso en los colegios y universidades de la naciente república.

Cuando T.C. Mosquera trató de suprimir estas canonjías y sacó los latifundios eclesiásticos a la venta para empoderar aún más su clase social, la Curia Neogranadina se apoderó del partido conservador mediante sus mejores alumnos largamente preparados en seminarios regionales y colegios como el de San Bartolomé, lo llenó de contenido religioso y lo incitó a la guerra religiosa, con una consigna igual de simple: “Quien ataque a la iglesia ataca al partido conservador y ataca a Dios”. Consigna que en trascurso de la posterior lucha de clases, se injertó con el anti socialismo y anti comunismo que el Vaticano como vocero de la Burguesía internacional Europea impulsaba a través de sus diligentes curas, como por ejemplo monseñor Builes (recientemente canonizado por el Vaticano) y se ha prolongado hasta nuestros días con los resultados que estamos viendo en el conflicto interno actual. El cual como un retorno macabro del pasado está reproducido en la disputa personal entre AUV y JM Santos.

Disputa que como hemos visto no es de fondo, sino de apariencia y que hoy, está siendo llevada muy sutilmente por los “Spin Doctors” del palacio presidencial hacia el templo donde reposa el Fetiche de la Constitución Nacional, la que como todo ídolo, tiene vida propia y no va a dejarse modificar o permitir su expiración sin luchar a muerte.

Es indudable que nos aproximamos a tierra firme. Ya se ven en las estelas marinas restos de plantas, hay revoleteo y chillidos de gaviotas y la brisa marina trae cierto olor a tierra firme. El acuerdo para finalizar el conflicto no solo es deseable sino que se está haciendo posible o realizable. El debate sobre la refrendación e implementación de los acuerdos de la Habana en Colombia, que tiene un tiempo político diferente al de la mesa de la Isla de Cuba, ha tomado curso y dinámica y urge que los plenipotenciarios de ambas partes allí sentados, creen una Comisión Conjunta para que se empiece a discutir estos dos pasos para la finalización del conflicto colombiano, lo cual más temprano que tarde se tendrán que enfrentar y resolver.

No es buen proceder político dejar que las próximas elecciones regionales, donde AUV y Santos esperan medir sus clientelas electorales, definan el asunto de la revocatoria a la actual casta parapolítica y ultra corrompida que mangonea impunemente y exprime a los colombianos desde el llamado templo de la democracia, y que está esperando esta ocasión para instituirse en la guardia suiza del omnipotente Fetiche de la caduca y neoliberal Constitución Nacional. El acierto es iniciar desde ya, la campaña por la revocatoria y la constrúyete popular y democrática.

+ Lapidarium: Sobra decir que Florentino González, participó “directamente” en el atentado asesino contra Simón Bolívar y su pena de muerte fue conmutada, igual que la de F.P. Santander, directamente por el Libertador.

 

Imagen: Laureano Gómez y Lleras Camargo 1957 firman el pacto del Frente Nacional Fuente: Internet

 

Por: Miguel Suárez (2015-08-22). La noticia económica en Colombia es que el peso colombiano, como dicen allá, rompió la barrera de los tres mil pesos por dolar, configurando así una devaluación acumulada desde el año pasado de alrededor de un 65%.

La noticia es presentada por algunos medios y algunos “altos dignatarios” del gobierno, como positiva ya que, según aducen, ayudara a el “sector exportador”, sector que ha sido fuertemente golpeado por los tratados de libre comercio firmados por la oligarquía colombiana, especialmente por Juan Manuel Santos, que han llevado a la practica destrucción de la industria colombiana. 

 Este desastre que comenzó hace años, cuando a raíz de la bonanza que comenzó hace unos 10 años, cuando el petroleo subía y subía de precio, así como el carbón, oro y algunos productos agrícolas, que hizo que los “buenos administradores” en la presidencia, que sabrán mucho de administrar establos o campos de gol, tomaran la decisión de incentivar exportaciones primarias, sin ningún tipo de valor agregado, como carbón, petroleo, banano, etc, configurando lo que ahora conocemos como la “Locomotora minera”, donde se desperdicio muchísimo dinero bajando impuestos a multinacionales, a dudosos empresarios y botando fabulosas fortunas en la guerra, esa errada decisión muestra ahora sus nefastos resultados en la devaluación del peso colombiano, convirtiéndose este en la moneda más devaluada de América.

Hay que tener presente que en los ultimo diez años, gracias a la “locomotora minero energética” y otros, la dependencia fiscal de Colombia de los ingresos petroleros a aumentando sustancialmente, llegándose a configurar Colombia como una economía petrolera, sin tener mucho petroleo, o por lo menos eso es lo que dicen las multinacionales, que sin control se lo llevan del país.

Es por estos que aunque el dólar se ha fortalecido en todo el mundo, Colombia es el país más afectado, por su dependencia de esas exportaciones primarias, tal como lo eramos hace unos 100 años atrás cuando solo se exportaba café, exportaciones primarias cuyos precios han caído drásticamente y que representan alrededor del 75% de las exportaciones colombianas.

Los efecto de esto no se han hecho esperar y se sabe que el gobierno colombiano, que en el año 2013 recibió en sus arcas alrededor de 24 billones de pesos por ingresos petroleros, tales como impuesto de renta y ganancia que le reportó Ecopetrol, este año 2015 recibirá unos 9 billones de pesos y el próximo año (2016) tan solo unos 6 billones, según se desprenden de las declaraciones del ministro de hacienda en una conferencia sobre el estado de la economía colombiana.

La situación se ve aun mas grave ya que Colombia importa al menos un 30% de los alimentos que se consumen en el país y por lo menos un 25% de materia prima industrial, que con un dolar caro hace mas difícil su adquisición de estos productos o insumos.

Se provee que esa caída de los precios de estos producto se mantendrá por largo tiempo y que incluso, en el caso del petróleo, remarco, una de las principales fuentes de ingreso del gobierno colombiano, caerá aun mas, ya que cuando comience a funcionar el acuerdo Estados Unidos-Iran, este ultimo país, comenzaría a exportar millones de barriles provocando mayor caída del precio.

Otra consecuencia de la devaluación del peso colombiano se comenta, es que los intereses de la deuda de la oligarquía colombiana aumentara en unos 3 billones de pesos, deuda que Uribe dejo rondado los 65 mil millones de dolares y que al día de hoy asciende a unos 106 mil millones de dólares.

Cuentan las noticias, que algunas multinacionales petroleras, que llegaron atraídas por “la seguridad inversionista”, se están yendo del el país, dejando un gran numero de trabajadores sin empleo.

Pero el efecto mas drástico de esta desatinada política económica, se ve en el bolsillo de los colombianos cuyo salario, por obra y magia de la devaluación del peso, que era de alrededor de 300 dolares mensuales al comienzo del año (2015), llegara a unos 200 el día de hoy (agosto 2015), causando una dramática disminución del poder adquisitivo de los colombianos, en un país donde, con la industria nacional semi-destruida, se importa, quien lo creyera, hasta café y azúcar, esto por la sola conversión, ya que si a esto sumamos el efecto de las subidas de precios que se dieron en enero luego de los aumentos de salarios, podríamos decir que el pueblo colombiano, contrario a lo que dicen los discursos oficiales, ha aumentado su pobreza, llegando su poder adquisitivo talvez a niveles de antes del 2011.

Aunque el pueblo ya esta sintiendo los efectos del desastroso manejo económico, aquí de nuevo juega un papel bien importante, en adormecer o anestesiar al pueblo, los medios de desinformación, que esconden lo que pasan y ponen al pueblo a mirar para otros lares, por ejemplo a Venezuela.

Como una maquiavélica contradicción, ante la actual situación de apuros de la oligarquía, donde se le caen los aviones y helicópteros y no hay dineros para comprar nuevos, son los dineros que envían los colombianos que fueron obligados a salir del país, unos 4.500 millones de dolares, los que de algúna forma dan aire a los terroristas que controlan el país.

Como esta situación no comenzó ayer, ni terminara mañana, yo estoy convencido que esta fue una de las razones por lo que la oligarquía colombiana se vio obligada a dialogar con la guerrilla, entre otras, para que no les rompan el tuvo.

Estoy casado con esa teoría, y de alguna forma me lo confirma el cambio en cuanto a los diálogos en la Habana, donde el gobierno sostenía que una tregua bilateral solo se daría de haberse firmado un acuerdo, pero ante la ofensiva guerrillera, luego del rompimiento de la tregua unilateral, donde estos no solo rompieron el tubo, sino que dejaron varios sectores del país sin energía eléctrica, se vieron obligados a admitir esta posibilidad antes de llegar a un acuerdo definitivo.

Que pasara con un producto como el arroz o azúcar, que ayer se importaba, por decir algo, a un dolar la libra, o sea a 1900 pesos y hoy se importa al mismo dolar, pero que son 3000 pesitos?, quien esta pagando por las medidas que implementaron “buenos administradores”, como Alvaro Uribe y Juan Manuel Santos, como otras cosas de ellos, perjudicando a los pobres y favoreciendo a los ricos?

Donde están para Juan Pueblo, los beneficios de la tal inversión extrajera, que ahora después de haber usufructuando la riquezas y al pueblo, se van dejándonos solo el desastre?

Aquí es bueno recordar, pero antes es también bueno tener en cuenta, que nos quieren meter en la cabeza que hay grandes diferencia entre Santos y Uribe, que esa política de la locomotora minero-energética, se comenzó a implementar en el gobierno del narcotraficante y a sido continuada por el “pacifista” Juan Manuel Santos.

Que “Economía de Colombia es ejemplo mundial” o que “La economía de Colombia es sólida”, acostumbra a decir el ministro Mauricio Cárdenas", pero ante la realidad es muy diferente, ante los medios de desinformación dijo si ponerse colorado: “esta es la nueva realidad ante la cual somos espectadores…”.

Ya Dario Arismendi no mira siquiera para Caracas, para mentir en cuanto a la devaluación del Bolívar Venezolano, el y otros desinformadores al servicio de la oligarquía, ahora guardan silencio cómplice ante los efecto de una devaluación tan drástica en el bolsillo del pueblo colombiano, el cual teniendo en cuenta la gran cantidad de productos importados en Colombia, como, quien lo creyera, el arroz, la papa y el café, etc, se les ha reducido su capacidad de compra en al menos un 60%.

Juan Manuel Santos y su combo, acostumbran, en sus discurso, a remarcar los “grandes beneficios” de un acuerdo de paz, donde el país, como ellos dicen, en el entendido que el país son ellos, crecería a un ritmo de mas de 6% infinitamente, dejando con esto implícito, que están viendo a la paz como un negocio, y es por esto que ante el descarrilamiento de su “locomotora“, ahora le ponen la vista a la paz, que para ellos implica que no les rompan el tubo, pero que para el pueblo es justicia social.

SIN ANATOMIAS.

 |  Published in Opinion

 Por: Rubén Darío Segundo V. 21 agosto 2015.

Han pasado trece años, desde que la mafia colombiana, tras años de copamiento institucional, económico y social, logró “Coronar”, su primer presidente. Uno “autóctono”; un pura sangre: Uribe Vélez. Días de “gloria” aquellos, para los sectores vinculados con las mafias del narcotráfico en Colombia.

Con el compromiso de liquidar la guerrilla en un máximo de dieciocho meses, y la resonancia de un aparataje mediático en concordancia, una narco puro, ocupo la presidencia; al tiempo que desencadenó la más espantosa carnicería contra el pueblo colombiano; e igualmente, lanzo contra la insurgencia de las FARC-EP, la más grande y poderosa fuerza militar en toda su historia, en el contexto de una guerra total.

Convencido en su carácter de mafioso, que a punta de plomo; y apoyado en la más descomunal máquina de guerra, sometería el país a la obediencia y la resignación. Siete años después, rumiando su frustración; hacia esfuerzos por encontrar un “acercamiento”, para hablar de paz, con una guerrilla vencedora y combativa en la resistencia. Lacerado en su amor propio, hoy trece años después, parapetado en el congreso nacional, se revuelve como animal ponzoñoso, rodeado de fuego por todas partes; presa de pánico, ante una paz que no podrá perdonarle la magnitud de sus crímenes.

Esas mismas fuerzas guerrilleras, que antaño Uribe juro eliminar en cuestión de meses; hoy, el presidente Juan Manuel Santos dice que entre diez y veinte años más, serían necesarios para acabar con ellas (1); si resulta frustrado el intento paz, que desde la Habana, juntos protagonizan.

Son exactamente las mismas FARC-EP que en boca de Santos y de todo el aparataje mediático nacional e internacional; desde hace años se encuentra en la última fase de su aniquilamiento; el cacaraqueado: “fin del fin”.

No se trata de ser un escéptico recalcitrante, para argumentar, apoyado en la realidad de los hechos; y por lo visto hasta hoy, que después de más de cuatro años de conversaciones directas con las FARC-EP: los resultados por parte del gobierno, adolecen de elementos que den pista, de una verdadera y auténtica voluntad de paz, para el pueblo colombiano.

Leyendo al jefe máximo de esta organización, Timoshenko, (2) quedan en claro, luego de su planteamiento, las temibles contradicciones, que en el marco de las actuales conversaciones en la Habana; dejan en la picota al gobierno; al poner al desnudo que las acciones institucionales del estado colombiano, van en sentido contrario de su discurso de paz; lesionando de manera preocupante los acuerdos firmados hasta ahora por las partes.

El escalamiento constante y descabellado de la fortaleza y el tamaño del poder militar en Colombia; no tiene asidero alguno que la justifique; más aún, cuando se ha repetido incluso, que un acuerdo con las FARC, está a la vuelta de la esquina; y menos, cuando este escalamiento va de la mano de medidas para fortalecer jurídicamente la impunidad; en un país donde el crimen atroz y la fuerza pública van maridados.

Proporcionalmente a los EEUU, poblacionalmente hablando; la fuerza armada colombiana no debería sobrepasar los 200.000 combatientes; pero 500.000 es la cifra estimativa. Es decir un hipercrecimiento del 40%.

Esta fuerza en un país en paz, es una amenaza para, la paz de la región, dada su alta calificación y su disponibilidad de tecnologías de punta, en el campo armamentista. Dicho de otra manera, si USA usara el patrón colombiano, sus combatientes sobrepasarían los 6.000.000; cuando en realidad tiene un aproximado de 1.200.000. Es el equivalente a seis ejércitos yanquis más. (¡Una catástrofe seis veces mayor!)

Eso no tiene sentido, en un país que no tiene guerras con ningún otro país; y que la guerra que tiene la libra dentro sus propias fronteras. La que paradójicamente, está diciendo querer acabar, mediante acuerdos y negociaciones de paz con sus oponentes.

La camisa de fuerza de que significa: “nada está acordado, hasta que todo este acordado”; permite la finta, para eludir orondo los compromisos contraídos y firmados con la insurgencia, que benefician al país y que forman parte de los mínimos, que el estado debe cumplir, como prerrequisito para crear las condiciones que hagan posible la vida, en una Colombia en Paz.

Es aquí donde llegamos al sin el cual del asunto. Para darle salida exitosa a unas conversaciones de paz entre el gobierno nacional y la insurgencia, se hace necesario que la movilización nacional -en torno a la paz- se haga de manera convergente y en un clima de unidad, que aglutine a los más amplios sectores de la sociedad colombiana, y que con la fuerza de su masa, imponga la firma de un tratado; donde sea el poder primario colombiano, el que estampe la rúbrica final; para garantía de solidez y perdurabilidad de lo pactado.

El intento descarnado del estado por convertir a las FARC en una banda criminal, a los ojos de la opinión pública, mediante la acción coordinada de una operación jurídico-mediática; es el resultado de querer destruir, de la manera más burda posible, la principal fortaleza que el movimiento insurgente colombiano tiene: su naturaleza política. Es esta naturaleza política la que lo legitima, demostrando su justeza, y le da la energía que lo mantiene vivo y que no lo dejara morir mientras la tenga.

Al gobierno le preocupa sobre manera, el creciente reconocimiento y el respeto, que la guerrilla de las FARC despierta en amplios sectores populares a nivel nacional; al igual, que el posicionamiento que a nivel internacional, viene forjado con su coherente propuesta de paz para Colombia.

Un ejemplo de ello es el respaldo logrado en el mundo entero, que ha obligado al gobierno nacional a considerar el cese al fuego bilateral; negado con terquedad por el presidente Santos desde siempre; hasta tanto los guerrilleros firmen un acuerdo definitivo.

Igualmente van en este sentido, las declaraciones de Humberto de la Calle en cuanto a la posibilidad de reformar la Constituci?n colombiana, al admitir ?que esto podría ser viable para poder implementar lo convenido en la mesa de negociaciones?(3)

El Comandante Fidel Castro dijo alguna vez que: “Lo ideal en política es la unidad de criterios, la unidad de doctrina, la unidad de fuerzas, la unidad de mando!” (4); y en ese sentido, podemos concluir con respecto a las FARC-EP, que es esta la aureola que emana y nos llega desde su organización; a lo largo de estas conversaciones con el gobierno -y más allá-; lo que en sí mismo representa; una esperanza cierta de paz para todos los colombianos; en el sentido de lograr por fin, el fin de la guerra, haciendo creíble su empeño para lograrlo; y junto a las grandes mayorías, y a través de una salida negociada; en medio de unas trasformaciones estructurales, que tienen que ver la democracia, el

sistema electoral, la justicia, la participación política; el aspecto económico y donde el derecho a la vida no se vea amenazado por luchar por la justicia y la igualdad .

Un pueblo unido no puede ser vencido. Ejemplo de ello la isla, escenario de los diálogos; en la cual José Martí gano el corazón y el cerebro de Fidel Castro, para que asumiera como aquel, la lucha que les llevaría a convertirse en faro de América, en símbolo de soberanía y justicia social; y en orgullo nacional, de heroísmo y dignidad.

 

(1).http://anncol.eu/index.php/colombia/politica-economia/item/1527-resultados-militares-del-ejercito-colombiano-bajo-la-lupa.

(2). Fidel Castro, Conversaci?n con los estudiantes de la Universidad de

Concepci?n,en Chile, 18 noviembre, 1971,

 3).http://www.telesurtv.net/news/Colombianos-deben-refrendar-acuerdos-de-dialogos-de-paz--20150818-0018.html.

 (4). http://rebelion.org/noticia.php?id=202137.

 www.mbsuroccidentedecolombia.org

 

 

 

Por Alberto Pinzón Sánchez

El viejo embrollo y confusión entre historia e imaginación en Colombia, tuvo un nuevo episodio cuando el inefable profesor de historia Malcolm Deas, como buen británico “sin querer queriendo”, dejó escurrir muy sutilmente en la revista Credencial de noviembre de 1993 y como anticipo a su obra de historia colombiana “el poder de la gramática”, la idea de que el novelista de lengua inglesa Joseph Conrad, basó su novela “Nostromo” en la desgraciada, trágica y triste, pero real historia de Colombia.

Emulando la imaginación del novelista Conrad, pero con más tropicalismo aún, más pronto de lo esperado la república de Costaguana se convirtió en Colombia, la república del sagrado corazón de Jesús, el puerto de Sulaco pasó a ser “el corralito de piedra” de Cartagena, a José Avellanos se le dio la “cedula de ciudadanía colombiana” del aventurero radical Santiago Pérez Triana; la mina de plata de San Tomé se separa de Costaguana como la “malnacida” república de Panamá, el crucero gringo Pawhattan es el crucero “Nashville” y, las batallas de las guerras civiles eternas de Colombia, especialmente la llamada guerra de los mil días, son el telón de fondo del problema del Imperialismo y el Colonialismo de inicios del Siglo XX en Nuestramérica, planteado por el novelista inglés con su dicotomía de “civilización y progreso frente la barbarie y la anarquía”, enarbolada como consigna por todos nuestros demagogos tropicales de todas las épocas, incluso hasta hoy día.

Hasta aquí no hay problema realmente. Quien quiera puede ver lo que quiera y donde quiera. Puede ver la historia real que subyace como inspiración en una novela que ficciona literariamente o imagina un modelo típico de república bananera “latina” de comienzos del siglo XX, con todos sus personajes “tipo” esplendorosamente descritos (a pesar de los traductores) y anticipo de todas las demás obras literarias y de ficción sobre la “tierra caliente”, Tiranos Banderas y dictadores nuestros que, posteriormente eclosionaron como bum literario latinoamericano, poniendo de moda a Nuestramérica en el Centro Metropolitano Imperial. El problema surge cuando esta visión se toma por la historia real y se la reemplaza.

Este es el caso de la colombianísima guerra de los mil días (1899-1902) también llamada “la guerra de los ancianos tercos” y que en la “realidad” (no en la ficción) duró 1.128 días, tuvo más de 200 batallas campales, además de dos años de combates guerrilleros, dejó más de 100.000 muertos e incontables lisiados, destruyó física y moralmente el país, y concluyó con la separación o amputación de Panamá de Colombia:

Tres ancianos de la gerontocracia del partido Conservador gobernante; el decrepito Sanclemente, el senil Marroquín, disputándose el favor del vetusto ultramontano Miguel Antonio Caro verdadero Poder oficial de la regeneración colombiana, enfrentados militarmente al obstinado ochentón e inepto gamonal militar del radicalismo de mitad del siglo XIX, Gabriel Vargas Santos.

Un hecho histórico de tamañas repercusiones en la vida de los colombianos y de sus vecinos, obviamente ha sido analizado desde muy diversos ángulos del conocimiento humano: militar, geoestratégico, político, económico, ideológico, medico, literario etcétera y hasta moral, en innumerables escritos. Sin embargo, la obra clásica de Jorge Villegas y José Yunis “la guerra de los mil días”, editada en Bogotá en 1.978, por su claridad, sencillez y consecuencia, sigue siendo un libro básico para quienes pretendan honestamente introducirse en la realidad de lo acontecido.

En la página 144 del libro citado arriba, en la cronología de los acontecimientos del año 1899, se lee: (…) “01 Octubre. Buscan Petróleo en el Sinú. El teniente Burgos Rubio celebró contrato con el empresario y geólogo W. Farkuhar, representante de una compañía inglesa, para la explotación de petróleo en los terrenos de la Casa Burgos. En Octubre examinaba Farkuhar suelos en el Sinú, cuando otra gran tragedia nacional, la guerra civil, se presentó para obstaculizarlo” (….)

No hay muchas más referencias en esta obra sobre la cuestión petrolera en Colombia en los años inmediatamente anteriores de la guerra. Pero es un dato orientador sobre las intensas actividades del capital internacional en la búsqueda del mineral negro (y si me permiten hacer uso de mi imaginación) esta pudiera ser la combinación trágica entre la mina de plata, el ferrocarril, guerra civil y separación de un nuevo país, que tanto impresionaron al novelista Conrad en su novela Nostromo y que, también han sido tomadas por otros novelistas que han pretendido corregirlo, como causas eficientes de aquella desgracia del odio sectario en Colombia.

Por ejemplo, es un hecho comprobado que en la región santandereana del Catatumbo donde se iniciaron las actividades armadas, se conjugaban dos actividades empresariales de efectos internacionales: 1-Una el ferrocarril del Zulia inaugurado en 1888, de propiedad del jefe liberal radical y general de la guerra en mención don Foción Soto (a quien el presidente de Venezuela apoyaba con rifles) ferrocarril que unía la prospera ciudad de Cúcuta con el Golfo de Maracaibo y por donde se exportaba la mayoría del café del oriente santandereano a los mercados de Curazao; actividad económica rivalizada y atacada por el gamonal y general conservador en esta misma guerra, Leonardo Canal. Y 2-dos, las actividades petroleras del también gamonal y general conservador de la misma guerra, Virgilio Barco Martínez (abuelo del liberal Virgilio Barco Vargas presidente 1986-1990 de Colombia) quien desde 1884 venía tratando de montar en la región una explotación petrolera en compañía del cónsul de Méjico en Venezuela Saúl Matheus Briceño, y que tres años después de concluida la guerra en 1905, el general conservador y dictador Rafael Reyes convertiría en la famosa “concesión Barco”; la que junto a la “concesión Mares”, localizada a pocos kilómetros al oriente de donde se realizó la batalla de Palonegro o madre de todas las batallas de la guerra de los mil días y que fuera descrita en sus espantosos detalles por uno de sus testigos presenciales (1) constituyeron las “concesiones” que irían posteriormente a dar fundamento y origen al asunto de los enclaves imperialistas petroleros en Colombia.

La llamada guerra de los mil días en Colombia por su complejidad, no cabe duda, tuvo múltiples causas objetivas muchas de ellas todavía inexploradas como por ejemplo las que acabo de plantear, las cuales difícilmente cabrían en su totalidad en una novela por muy genial que su autor sea. La historia como ciencia y la literatura como deleite tienen objetivos diferentes y por lo tanto es un tropicalismo muy colombiano (por su irresponsabilidad) pretender mezclarlas o confundirlas. Una cosa son los tres mil muertos “reales” de la masacre de las bananeras y otra, Cien años de Soledad. Una cosa es la sorprendente y maravillosa novela “Nostromo” de Conrad y otra la guerra civil colombiana de los mil y pico de días y sus consecuencias geoestratégicas, no solo en el istmo de Panamá, sino en el vecino Ecuador de Alfaro, la Venezuela de Cipriano Castro, la Nicaragua de Zelaya, y en los EEUU de Theodore Roosevelt.

(1)Brisson, Jorge. Memorias militares Campaña del norte 1900. Universidad Pedagógica Tecnológica de Colombia. Capitulo V. 2011

 

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Alberto Pinzón Sánchez/ Había pensado aprovechar los primeros soles de la  primavera septentrional, para releer la clásica novela “Nostromo” del gran escritor en lengua inglesa Joseph Conrad, a quien recientemente y para ventura de los lectores en lengua castellana, ha descubierto la industria editorial y traductora de España. Pero pronto tuve que reconocer que había sobrestimado mis conocimientos sobre el tema tan sensible para los colombianos y tocado en esta novela (tan conocido e ignorado al mismo tiempo) como es el de “la separación de Panamá de Colombia”.

Había heredado la versión anti imperialista de todo este novelesco e inagotable episodio histórico, asignándole toda responsabilidad de tal amputación geoestratégica; al “entreguismo” de la oligarquía liberal conservadora representada en el espadón y gamonal esclavista caucano Tomas Cipriano de Mosquera, quien en 1846 con el tratado Mallarino-Bidlack, abrió prematuramente la puerta a las ambiciones expansionistas del imperialismo estadounidense en nuestra patria, para que en 1903, cuando Colombia estaba agonizante después de la guerra de los mil y pico de días, el presidente de los EEUU Theodore Roosevelt, pudiera (como buen cazador de osos) saltar sobre la yugular del pueblo colombiano y  gritar su famoso “I took Panamá”.

Con tal incertidumbre y temiendo estar “desactualizado”,  inicié una revisión posible sobre los conocimientos académicos, o como ahora llaman los profesores “el estado del arte”, de aquel triste episodio de la historia colombiana. Finalmente logré abrirme paso por entre la maraña de publicaciones (de todo tipo) publicadas en el siglo XX y lo que va corrido del siglo actual, sobre la relación existente entre la llamada guerra de los mil días y la amputación de Panamá para confirmar que no estaba tan desactualizado como temía.

El erudito escritor cartagenero Eduardo Lemaitre, en su clásico, pormenorizado y voluminoso libro de 724 páginas: “Panamá y su separación de Colombia” (1) con una ingenuidad entendible o tal vez explicable (que de ningún modo demerita su gran obra) escribe en 1971, el prefacio de su libro el siguiente resumen: 

  (….) “Pero es indudable para el historiador de nuestros días que el Istmo de Panamá habría podido seguir integrado con Colombia solo con que Teodoro Roosevelt hubiera sido un poco más generoso y comprensivo, y su ministro en Bogotá menos imprudente; que en panamá la clase dirigente o, como ahora se estila decir “la oligarquía dominante” hubiera sido capaz de superar resentimientos parroquiales, como algunos de ellos aisladamente lograron hacerlo, para dar paso a un política grande, en vez de entregar atropelladamente, para no decir criminalmente, los intereses de su patria chica en manos extranjeras a trueque de una autonomía más supuesta que real; y, que en Colombia el gobierno hubiera sido menos negligente e inepto, su senado menos soberbio y sus partidos políticos menos torpes. 

Así por ejemplo el estudio de la discusión y negativa del tratado del tratado Herrán-Hay convence a quienes a quien además conozca las circunstancias políticas que privaban en los EEUU en 1903, de que si el senado colombiano en vez de rechazar de plano este tratado y lo aprueba con modificaciones como era el original propósito de la mayoría senatorial, el Presidente Roosevelt no habría tenido piso firme donde apoyarse para lanzarse a la aventura de favorecer a los separatistas panameños, ni a los especuladores de la Compañía Francesa, y de Wall Street  habrían encontrado pretexto válido para sus maquiavélicas intrigas”(……) 

 Sin embargo, leyendo el texto del historiador de lengua alemana Thomas Fischer, presentado como capítulo 3 del libro “Memoria de un país en guerra. Los mil días 1899 1902, compilado por Gonzalo Sánchez y Mario Aguilera en 2001” (2) en donde se muestra la relación entre la guerra de los mil días y la separación de Panamá, puede sacar en claro que el pretexto de la negación por parte del senado colombiano del tratado Herrán-Hay el 12 de agosto de 1903 (que ha sido tomado por la historiografía colombiana como el hecho más importante de todo este episodio) y la posterior invalidación del tratado, impulsada por la mezquindad rencorosa y opositora del senador ultramontano y regenerador conservador Miguel Antonio Caro contra el anciano y torpe Marroquín, miembro también del partido conservador quien fungía de presidente de Colombia, lo que fue aprovechado como oportunidad de negocios por el presidente Roosevelt para tomar Panamá:  

No es otra cosa que una de las apariencias “locales” con las cuales se manifestaba un nudo de contradicciones profundas de carácter universal o “global”, que estaban dándose en aquella fecha entre las potencias Imperialistas por el reparto territorial del Mundo y por la posición geoestratégica vital que representaba el Istmo de Panamá para el hegemón ascendente, vale decir los EEUU, contra sus rivales Inglaterra, Francia, Alemania e incluso Italia, y que finalmente decidieron la situación a favor de los EEUU. 

Desmembramiento de Colombia hecho posible, una vez el país hubo quedado en física ruina y perdido más de 100. 000 hombres jóvenes a causa de la guerra de los mil días, con la cual los gamonales y espadones de las dos fracciones de la clase dominante liberales y conservadores (una vez más como en las otras 8 guerras civiles anteriores) habían decidido el asunto de quien se apoderaba del aparato Estatal, sus recursos y sus negocios internacionales (3) sin tener en cuenta para nada la suerte de las pobres peonadas armadas de machetes que amarradas llevaban a “machetearse” y despedazarse, en lo que Alberto Lleras llamó con su peculiar elegancia clasista, el “ejercicio alegre” de las guerras civiles.

 

 (1)Lemaitre Eduardo Panamá y su separación de Colombia. Biblioteca Banco Popular Bogotá 1972.Página3. 

 (2) Sánchez Gonzalo, Aguilera Mario Memoria de un país en guerra. Los mil días 1899-1902. Planeta Bogotá 2001. Capítulo 3.

(3) Guillén Martínez Fernando, El Poder Político en Colombia. Editorial Planeta. Bogotá 1996.    

 Por Alberto Pinzón Sánchez

En unas aclaraciones sobre “las frutas del cercado ajeno” y de personajes que tomó prestados, García Márquez dijo lo siguiente:

(……) “Bien distinto es el paso del escritor inglés Joseph Conrad por el capítulo final de "El amor en los tiempos del cólera", porque el episodio es verídico y con respaldo documental. El hecho -como se cuenta en la novela- es que un tal Joseph K. Korzeniowski, polaco de origen, estuvo demorado varios meses en el puerto de Santa Marta, Colombia, por 1875, a bordo del mercante francés Saint Antoine. Su propósito era venderle un cargamento de armas al gobierno liberal de don Aquileo Parra, en guerra con los conservadores sublevados. Pues bien: el nombre polaco era el verdadero del escritor inglés Joseph Conrad -uno de los más grandes novelistas de aquel siglo y de otros-, que ya era conocido como contrabandista de armas en el Mediterráneo. Así que no era sorprendente que hubiera traficado también en Colombia, para una guerra que bien podría interesarle tanto por motivos comerciales como políticos.

Antes de saber nada de esto había leído la novela "Nostromo", la obra maestra que Conrad escribió unos veinticinco años después de su visita a Colombia, y me sorprendió que su descripción del puerto caribe de Sulaco, donde transcurre la acción, tenía un parecido casi fotográfico con la ciudad colombiana de Santa Marta. Sobre todo por la bahía abrigada y mansa frente a la montaña de nieves perpetuas en el trópico puro. No hacía falta ser un novelista delirante para sacar en conclusión que Conrad, el inmenso, había entrado en la historia de Colombia por la puerta prohibida de un cargamento de armas”….

A raíz de esta aclaración, evidentemente literaria, algunos intelectuales inorgánicos y privilegiados del régimen colombiano, se trenzaron en una típica discusión colombiana (semejante a la de Bizancio sobre cuantos ángeles cabrían en la cabeza de un alfiler) para conjeturar ad eternum, si era cierta o no la afirmación imposible de negar o confirmar hecha por García Márquez, y cuál era la relación del poco conocido escritor polaco-inglés Joseph Conrad y su inmensa novela Nostromo con Colombia. Todo con el objetivo ideológico (enmascarado en una supuesta discusión literaria) de banalizar la universalidad de sus escritos.

Aprovechando tres de los escenarios que Conrad utiliza para construir su país imaginario de Costaguana (costa del guano según el genitivo en polaco): las guerras civiles bipartidistas del siglo XIX, la separación de la provincia occidental del resto del país, así como algunas similitudes descriptivas coincidentes con la geografía y la historia colombiana; se buscó reducir la universalidad del modelo de país latinoamericano de finales del Siglo XIX, completamente imaginado por “aquel novelista delirante” y que bien podían ser todos los países de Nuestramérica o cualquiera de ellos; para limitar la novela a una localidad colombiana y evitar así la discusión mundial anticolonialista, antiimperialista e incluso “garibaldina”, que subyace en toda la trama novelística de ese “ladrón honrado” llamado Nostromo (del italiano nostro uomo, o Nuestro Hombre)

Eludiendo también la discusión sobre el telón de fondo oscuro, ominoso e inquietante, de aquella época de crisis económica, social, civilizatoria y universal, que llevaría a las carnicerías masivas de las dos guerras llamadas mundiales, y velando la intensa lucha que trascurre en toda la novela, entre el expansivo Imperialismo “gringo” como lo llama Conrad, por desplazar al colonialismo europeo, especialmente británico, en los países que posteriormente llamarían “su patio trasero americano. Desplazarlo no en el libre-cambismo de productos selvícolas que en Colombia exportaba el liberal radical Aquileo Parra por el camino del Carare y fuera impulsado por todas la oligarquías regionales; sino en lo que Marx denominó en su capítulo sobre la acumulación originaria de capital, el dominio de la exportación de metales preciosos como la plata y el oro, a los centros financieros del capital europeo. La agro-minería neoliberal del Siglo XIX.

¿Dónde está localizada la Comala de Rulfo, o el Macondo garcíamarquiano, o la Santa María de Onetti, sino en cualquier lugar de Nuestramérica? No se necesita ser un lector muy perspicaz, para ver lo que uno tiene ante sus ojos: el puerto amurallado Sulaco descrito por Conrad, puede ser visto en Cartagena, en Puerto Cabello, en Panamá antiguo, o en Veracruz, y las nieves del Higuerota pueden ser las de la sierra nevada de Santa Marta o las de cualquier volcán nevado de la larga cordillera de los Andes, pues el país de Costaguana está construido cuidadosa y meticulosamente utilizando las más diversas fuentes de información y personajes, como un rompecabezas con partes y episodios históricos de toda Ibero América con sus guerras caudillistas y separaciones o surgimientos de nuevos países ocurridos durante todo el siglo XIX. Es una ficción literaria clásica, que resuelve como ninguna otra, la contradicción (o como se dice hoy la tensión) entre naturaleza y sociedad, entre lo universal y lo local, entre lo moral y lo terrenal. Entre la Historia y la Literatura y crítica tempranamente la eurocéntrica idea de Progreso.

Bajo la apariencia de una bella novela de aventuras marinas y el robo de un tesoro de plata, un carrusel de personajes hermosamente descritos va mostrando en cada ocasión su “condición humana y moral”, girando alrededor de Míster Gould (en Alemán idioma familiar a Conrad la palabra das Gold es el oro y das Geld es el dinero) verdadero centro del Poder Imperial. El rey de Sulaco al estilo brasileño, dueño de la mina de plata de Santo Tomé, también lo es de la noción de Progreso, Civilización y Racismo de la decadente Europa decimonónica, quien utiliza a conveniencia toda la barbarie, crueldad, superstición e ignorancia de que son capaces los criollos europeizantes de cualquiera de las oligarquías regionales dominantes en Iberoamérica, para someter a los nativos indígenas, negros y mestizos de la plebe Costaguanera. Así mismo será quien al final, con ayuda de un barco estadounidense (semejante a lo ocurrido realmente en Panamá en 1902) logra crear un nuevo país que no va a traer ninguna felicidad, ni orden, ni riqueza a sus pobladores, sino los mismos nubarrones negros del desorden inicial. Destacable es la toma de conciencia (tardía) de Nostromo: Los ricos nos utilizan como sus perros para guardar sus propiedades y para cazar a la chusma.

Y más destacable el anti imperialismo y anticolonialismo de Conrad bellamente sustentado no solo en Nostromo, sino esa otra pesadilla literaria suya titulada “el corazón de las tinieblas”. Conrad fue un emigrante de lengua polaca quien supo utilizar a su modo el idioma imperial anglosajón, para describirlo magistralmente. Ese es su aporte que debe ser recuperado prontamente.

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